Los asistentes de inteligencia artificial ya recomiendan productos, comparan precios y resuelven dudas mejor que muchos dependientes. Pero cuando llega el momento de pagar, el consumidor aún se resiste: nadie suelta su tarjeta, o mejor dicho, sus datos, a un agente de IA. Ese gap entre descubrir y comprar es justo lo que Visa ha decidido atacar, y la jugada destapa una oportunidad que va mucho más allá de los grandes gigantes financieros: construir el trust layer, la capa de confianza, en la economía de agentes.
El gap entre descubrir y comprar: por qué la IA aún no gestiona pagos
Jack Forestell, director de producto y estrategia de Visa, lo contó con una anécdota demoledora en el Visa Payments Forum 2026 celebrado esta misma semana. En una sala llena de expertos en pagos, preguntó cuántos habían usado IA para ayudarse a comprar. Todas las manos se alzaron. Cuando preguntó cuántos habían dejado que la IA realizara el pago, ni una sola. Cero.
El dato es más que una curiosidad. La compañía detectó hace más de un año que las herramientas de búsqueda conversacional estaban acelerando la toma de decisiones del consumidor, pero la transacción se frenaba en seco. “Nuestra hipótesis era que los agentes acabarían participando no solo en el descubrimiento, sino también en el checkout”, explicó Forestell. La realidad es que el consumidor no se fía.
El verdadero obstáculo no es tecnológico, sino la sensación de perder el control sobre el propio dinero.
Aquí aparece la paradoja que cualquier fundador debería estudiar con lupa. Frente a la narrativa dominante que vaticina la muerte de las tarjetas de crédito —por culpa de las wallets digitales, las criptomonedas o los agentes de IA—, Visa ha visto una vía para reforzar su papel. No se trata de sustituir el plástico por otra cosa, sino de convertirlo en el ancla de seguridad que el nuevo canal necesita.
Visa apuesta por el ‘trust layer’: cómo está reinventando la tarjeta
La maniobra se apoya en una tecnología que el consumidor medio ni siquiera percibe: los tokens de pago. Hoy, muchas transacciones online ya no viajan con el número de tarjeta real, sino con credenciales digitales que protegen la información. Visa está añadiendo más capas a esos tokens: quién inició la operación, desde dónde, y si un agente de IA estuvo involucrado.
“No te dice necesariamente ‘esto lo ha comprado un agente de IA’, sino cuál es la identidad de ese agente, su score de confianza o de aseguramiento”, detalló Forestell. ¿El objetivo? Que los bancos puedan entender mejor lo que ocurre detrás de cada pago, mejoren la detección de fraude y reduzcan los falsos rechazos que tanto irritan al consumidor. A efectos prácticos, la tarjeta se vuelve más inteligente sin que el usuario tenga que hacer nada distinto.
Paralelamente, Visa anunció dos movimientos que interesan directamente a cualquiera que esté montando una startup en el espacio del comercio digital. El primero, un partnership con OpenAI para que los agentes de IA puedan iniciar pagos con Visa dentro de permisos y controles definidos por el usuario. El segundo, un directorio de agentes (agentic directory), que funcionará como un registro de comercios y agentes de IA verificados.
“Creo que los consumidores van a querer entender que están al mando y que están protegidos”, resume Forestell. La frase es exactamente el brief de producto que cualquier emprendedor que aspire a competir en la economía de agentes debería tener pegado en la pared.
La lección para los emprendedores: construir la capa de confianza en la economía de agentes
El movimiento de Visa no es aislado ni originalísimo en su esencia. Responde a una dinámica que ya hemos visto en otras revoluciones tecnológicas: cada vez que aparece un canal masivo, alguien tiene que ponerle barandillas. Ocurrió con el e-commerce y las pasarelas de pago, con las apps y los marketplaces de confianza, y ahora está ocurriendo con los agentes autónomos.
La diferencia es que esta vez el camino de vuelta al dinero físico o al control manual es cada vez más estrecho. Si los agentes de IA empiezan a gestionar compras rutinarias —viajes, reposición de consumibles, servicios—, la capa de confianza que los conecte con el sistema financiero se convierte en un negocio de infraestructura crítica. Y aquí la enseñanza para founders españoles es directa: no hace falta inventar la red de pagos; se puede construir sobre la que ya existe añadiendo autorización, verificación y transparencia.
Forestell apunta a un commodity aparentemente aburrido pero con un valor enorme cuando se escala: las protecciones y el recurso que ya ofrece una tarjeta tradicional. “Quiero asegurarme de que, si la máquina se equivoca o el comercio la pifia, alguien me cubre las espaldas”, dijo. Traducido a una startup: el producto que aporte ese “alguien” tendrá tracción aunque el usuario final ni sepa pronunciar tokenización.
🚀 Hoja de Ruta para Emprender
- Identifica el gap de confianza: Allá donde el consumidor usa una nueva tecnología para informarse pero no para pagar, existe un modelo de negocio esperando.
- Construye sobre raíles existentes: No necesitas reinventar la red de pagos. Añadir autorización, puntuación de confianza o verificación sobre la infraestructura actual reduce la fricción y acelera la adopción.
- Piensa en utilidad rutinaria: Los primeros agentes que compren por nosotros serán para viajes y reposiciones aburridas. Cuanto menos emocional sea la compra, más rápido se delegará.




