El huevo ha sido, durante medio siglo, el villano de cualquier desayuno saludable. Millones de personas en España cambiaron la tortilla francesa por claras solas, evitaron la yema como si fuera veneno y sintieron culpa cada vez que se permitían un huevo frito. Ese miedo tenía un origen concreto: la advertencia de que el colesterol de la yema disparaba el colesterol en sangre y taponaba las arterias.
Hoy esa historia se ha derrumbado. Las guías dietéticas más recientes han eliminado el límite diario de colesterol que llevaba décadas marcando la pauta, y los médicos están pidiendo abiertamente que volvamos a incluir este alimento en la mesa sin miedo ni restricciones artificiales.
Por qué el huevo dejó de ser el enemigo
Durante años, la recomendación oficial fue clara: no más de tres yemas por semana. El argumento parecía sólido sobre el papel, pero la evidencia acumulada en la última década lo ha contradicho de forma sistemática. Un metaanálisis publicado en The BMJ ya mostró que comer hasta un huevo al día no se asociaba con mayor riesgo cardiovascular en población general.
Lo que realmente eleva el colesterol «malo» (LDL) son las grasas saturadas de la mantequilla, los embutidos o los fritos, no tanto el colesterol que aporta el huevo en sí. Por eso las guías dietéticas 2020-2025 eliminaron el límite de 300 miligramos diarios de colesterol dietético que había regido durante décadas, y las versiones más recientes ni siquiera lo mencionan como variable a restringir.
Lo que dice la ciencia más reciente
El huevo fue injustamente señalado por su contenido en colesterol durante décadas, pero los últimos metaanálisis han llevado a las guías de nutrición actuales a eliminar esa restricción casi por completo. Un estudio aleatorizado cruzado publicado en 2025 en The American Journal of Clinical Nutrition fue todavía más lejos: consumir dos huevos al día como parte de una dieta baja en grasas saturadas redujo el colesterol LDL tras cinco semanas de seguimiento.
Un estudio de la Universidad de Connecticut apunta en la misma dirección: el consumo regular de huevo entero puede mejorar el perfil de lipoproteínas, aumentando las partículas de HDL protector y reduciendo las partículas de LDL pequeñas y densas, que son las más peligrosas para las arterias. Ese cambio de subtipo puede importar más para la salud cardiovascular que el número total de colesterol en el análisis de sangre.
Qué opinan los cardiólogos españoles
Según explican distintos cardiólogos y divulgadores médicos, el huevo no aumenta el colesterol ni los triglicéridos en la mayoría de personas sanas. De hecho, dentro de una dieta baja en azúcares, puede ayudar a reducirlos. La clave está en el contexto: casi nunca el problema es un alimento aislado, sino todo el patrón alimentario que lo rodea.
«En la mayoría de personas sanas, comer huevos de forma moderada no se asocia a un aumento significativo del riesgo cardiovascular», coinciden varios especialistas consultados por medios sanitarios. El mensaje se repite: no hay que demonizar el huevo, sino fijarse en lo que lo acompaña —bacon, mantequilla, fritos— porque eso pesa mucho más en el resultado final.
Cuánto huevo puedes comer a la semana
Las cifras que manejan hoy médicos y nutricionistas son mucho más permisivas que las de hace una década. No existe un número mágico universal, pero sí una referencia clara para la mayoría de la población:
- Personas sanas: hasta un huevo al día, es decir, entre siete y ocho a la semana, sin que suponga ningún problema.
- Deportistas y personas activas: una o dos raciones diarias pueden formar parte de una alimentación equilibrada sin alterar el balance energético.
- Colesterol alto o diabetes: conviene moderarlo, a menudo a tres o cuatro yemas semanales, siempre según indicación médica.
- Hipercolesterolemia familiar o «hiperrespondedores»: este grupo concreto sí puede necesitar limitar las yemas y revisar sus niveles con análisis periódicos.
El resto de la dieta y los hábitos de vida —ejercicio regular, no fumar, evitar ultraprocesados— pesan mucho más en la salud cardiovascular que el consumo moderado de huevo. Por eso los expertos insisten en valorar el patrón alimentario completo antes de señalar un solo ingrediente.
Hacia dónde va la recomendación médica
La tendencia global apunta a un regreso claro del huevo como fuente de proteína accesible y de calidad. La FAO proyecta un consumo mundial de 170 huevos por persona al año para 2030, un incremento del 15% respecto a 2020, impulsado precisamente por la revisión de las recomendaciones médicas y la búsqueda de proteínas más sostenibles.
El reto que queda por delante, según reconocen los propios especialistas, es trasladar este mensaje matizado al discurso público sin caer en extremos: ni alarmar innecesariamente por comer un huevo al día, ni idealizarlo como si no importara el resto de la dieta. La recomendación práctica para 2026 es sencilla: cocínalo de forma saludable, acompáñalo de verdura o fruta y déjate de contar yemas como si fueran una amenaza.






