La confirmación de que Donald Trump recibirá a Benjamin Netanyahu en la Casa Blanca el próximo martes ha encendido todas las alarmas. En Negocios TV, tres voces autorizadas —Mikael Darbinyan, diplomático estadounidense; Javier Villalamor, analista y consultor; y Juan Antonio Aguirre, director del Instituto Español de Geopolítica— han ofrecido un diagnóstico demoledor: Estados Unidos se ha metido en un conflicto asimétrico, sin un plan de salida claro, frente a un Irán cuyo poder militar, aseguran, resulta hoy imparable.
Una guerra sin plan ni horizonte electoral
Juan Antonio Aguirre fue tajante. «Yo le recomendaría a Trump un ataque lanza dos o tres. ¿Cuál es el plan? No hay plan», afirmó. A su juicio, solo se busca deteriorar la logística iraní, pero la réplica de Teherán desgasta la infraestructura estadounidense en el Golfo. Los ataques ya ejecutan con bombarderos B‑1 que despegan desde Inglaterra y con aviones de reabastecimiento israelíes; las bases en el Golfo están cada vez más expuestas. El inventario de misiles avanzados ha quedado mermado: de los 500 iniciales se han gastado más de 200, y sistemas como los Patriot están al 50%, un arsenal que además debe abastecer los comandos de Europa, el Pacífico y el Comando Sur en Rota. Pero el factor tiempo juega en contra. La ventana de Trump llega solo hasta las elecciones de medio término, o como mucho hasta la campaña previa en octubre, coincidieron los tres especialistas. Presentarse a unas urnas con el petróleo a 100 dólares, inflación al alza y desempleo creciente sería, en palabras de Aguirre, «un suicidio electoral». Aun así, la administración sigue escalando: Trump ha amenazado con un ataque masivo que, según filtraciones recogidas por Axios, no tendría nada que ver con el del 28 de febrero.
El control de los estrechos y la amenaza de un petróleo a 130 dólares
Para el director del Instituto Español de Geopolítica, el dominio en la zona no depende de los buques, sino de la capacidad de cortar el tráfico: «La simple amenaza de que ningún barco pase si yo no quiero basta para colapsar el comercio marítimo». Armadores y aseguradoras lo saben; los compradores exigen entregas seguras que ya nadie puede garantizar. La escalada, ya regionalizada, empujará el crudo hacia los 120 o 130 dólares. Y el refino sufrirá aún más: seis refinerías del Golfo destruidas y numerosas rusas dañadas apuntan a una posible crisis de escasez de gasoil y gasolina.
Netanyahu, el funeral de Graham y una reunión que huele a pólvora
La oficina del primer ministro israelí confirmó la cita del martes. Según los contertulios, Netanyahu llega a Washington con un doble objetivo: verse con Trump en la Casa Blanca y asistir al funeral del senador Lindsey Graham. Javier Villalamor sembró dudas sobre la versión oficial del fallecimiento y subrayó que el líder israelí «se juega sus propias elecciones y tiene un enorme interés en que la guerra continúe». Al mismo tiempo, las fuerzas israelíes ya han pedido a Estados Unidos que no utilice el aeropuerto de Ben Gurión para repostar, ante el temor de que se convierta en un objetivo militar iraní de primer orden.
El pacto nuclear con Riad: la bofetada que enciende a Irán
Mientras los bombardeos tratan de impedir que Irán obtenga la bomba, Washington ha dado luz verde a Arabia Saudí para enriquecer uranio, saltándose todas las salvaguardas. Villalamor recordó que la Sección 140 obliga a Irán a someterse a inspecciones, mientras que ahora su enemigo acérrimo recibe el beneplácito sin condiciones. Para Teherán, esta decisión es «una injuria que dinamita cualquier atisbo de credibilidad estadounidense». Mikael Darbinyan coincidió: «Estados Unidos pierde credibilidad y, a largo plazo, eso hará que muchos países eviten a Washington». El movimiento, apuntaron, no solo encona el conflicto, sino que alimenta la narrativa multipolar de los países emergentes.
Bases que se vacían: el poder militar iraní que Estados Unidos no puede parar
Darbinyan detalló cómo las grandes instalaciones aéreas del Golfo están quedando inoperativas para las misiones ofensivas. La base de Al Udeid, en Catar, «casi no se está usando»; tampoco las de Baréin, Emiratos Árabes o Yibuti. Los aviones de reconocimiento P‑8 Poseidón han sido trasladados a Gibraltar. «Eso quiere decir que Irán realmente tiene un poderío militar que no pueden parar», insistió. Para el diplomático, las bravatas sobre ataques masivos solo buscan «persuadir a la opinión pública estadounidense» con un relato de victoria que no se refleja en el terreno, como un padre que le dice a su hijo cansado «ya casi llegamos» mientras las opciones se reducen.
‘Irán realmente tiene un poderío militar que Estados Unidos no puede parar; por eso Washington está vaciando sus bases del Golfo’.
— Mikael Darbinyan
Con la credibilidad estadounidense en sus horas más bajas —el acuerdo de entendimiento que el propio Trump firmó y luego incumplió es la metáfora perfecta—, la cita del martes se presenta como un punto de inflexión. La región ya está incendiada y, como advirtió Aguirre, solo caben dos salidas: una escalada que desemboque en una crisis sistémica global o la aceptación de algún tipo de nuevo pacto. Mientras tanto, Trump necesita imperiosamente un relato de victoria y por eso intenta persuadír a los ciudadanos de que los bombardeos masivos están doblando el brazo a Teherán. Pero los movimientos sobre el terreno cuentan otra historia: bases que se vacían, misiles que llegan cada vez más lejos y un adversario que controla los estrechos sin necesidad de disparar un solo tiro. La pregunta que planeó durante todo el programa sigue sin respuesta: ¿cuál es el plan de salida? Por ahora, nadie en la administración ha sabido contestarla.
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