La Fed mantiene los tipos de interés pese al petróleo al alza: Goldman Sachs avisa

El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, profundiza en el hermetismo y reduce la visibilidad sobre los próximos movimientos. La volatilidad en los mercados de renta fija se dispara ante la falta de guía explícita.

El barril de Brent supera los 90 dólares por primera vez en dos años. La inflación energética repunta. Y sin embargo, la Reserva Federal de Kevin Warsh no mueve ficha. En su última reunión, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) decidió mantener los tipos de interés en el rango del 5,25%-5,50%, desoyendo las presiones de quienes anticipaban un nuevo ajuste al alza para contener el encarecimiento del crudo.

La decisión no sorprendió a los analistas, pero sí el tono inusualmente opaco del comunicado. La Fed de Warsh ha enterrado la práctica de las ‘forward guidance’ explícitas heredada de sus predecesores. Ahora, los mercados deben adivinar la senda de la política monetaria con menos pistas que nunca.

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Tipos congelados en un entorno de crudo por encima de los 90 dólares

El repunte del petróleo es el elefante en la sala. Desde que Arabia Saudí y Rusia extendieron sus recortes voluntarios de producción en junio, el Brent ha escalado un 14%, empujando la gasolina y los costes de transporte al alza. Una subida de tipos habría sido la receta clásica para frenar las presiones inflacionistas derivadas, pero la Fed ha optado por la pausa.

La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, sigue su lenta senda descendente hacia el objetivo del 2%. El presidente Warsh ha repetido en privado a los gobernadores que prefiere ver varios meses de datos consolidados antes de mover las tasas. El mensaje oficial habla de ‘progreso moderado’, pero en la práctica se traduce en un compás de espera que inquieta a unos mercados acostumbrados a mapas de ruta detallados.

Goldman Sachs avisa: los grupos de trabajo de Warsh y la volatilidad en los mercados

El banco de inversión Goldman Sachs ha sido el primero en poner cifras al nerviosismo. En una nota distribuida a sus clientes el lunes, sus economistas anticipan que los grupos de trabajo sobre política monetaria impulsados por Warsh —pequeños equipos internos que deliberan lejos del foco público— añadirán una capa extra de incertidumbre. Jan Hatzius, economista jefe de la firma, cifra en 15 puntos básicos adicionales la volatilidad implícita en los futuros de tipos si la Fed mantiene este hermetismo hasta septiembre.

La consecuencia inmediata es una curva de rendimientos que se aplana a fuerza de dudas: los bonos a corto plazo bailan al son de cada dato macro, mientras el tramo largo descuenta un estancamiento que nadie termina de creerse. Los operadores de renta fija han doblado sus coberturas en opciones straddle, una señal técnica que suele preceder a movimientos bruscos.

La Fed de Warsh no se esconde: sencillamente, ha dejado de hablar. Y el silencio, en los mercados, suele ser la antesala de una corrección.

La opacidad tiene aliados. Algunos halcones del FOMC llevaban años reclamando menos dependencia de la retórica y más acción. Ahora, el ala dura se siente cómoda: sin promesas escritas, pueden endurecer las condiciones financieras cuando quieran sin temor a ser acusados de romper su palabra. Pero el riesgo es simétrico: si los datos de inflación o empleo dan un vuelco, la Fed tendrá que reaccionar con brusquedad, y el mercado lo interpretará como improvisación.

política monetaria Fed

El ‘factor Warsh’: la revolución silenciosa que sacude el tablero monetario

Kevin Warsh nunca ha sido un banquero central al uso. Como gobernador durante la crisis financiera y posterior asesor en la sombra de varios presidentes republicanos, siempre defendió que la transparencia mal aplicada genera más ruido que certidumbre. Ahora, desde el sillón de la Reserva Federal, está aplicando ese manual sin matices.

El cambio es más profundo de lo que parece. Basta recordar la era de Ben Bernanke o Janet Yellen, cuando cada palabra del comunicado se negociaba sílaba a sílaba y se publicaban proyecciones trimestrales de tipos. Aquello era una guía imperfecta, pero al menos se podía trazar un escenario base. En el mundo de Warsh, los mercados van a oscuras. Los analistas de Bank of America ya comparan esta etapa con el ‘experimento monetarista’ de Paul Volcker a principios de los ochenta, cuando la Fed se limitaba a fijar la oferta monetaria y dejaba que los tipos fluctuaran libremente.

Creo que la Reserva Federal está jugando con fuego. Ocultar la función de reacción puede funcionar cuando la economía avanza en calma chicha, pero con el petróleo al alza, una guerra comercial abierta en varios frentes y un déficit fiscal que no cede, la probabilidad de error de política económica es alta. La experiencia de 2022, cuando el banco central tardó demasiado en reconocer la inflación, debería servir de advertencia.

La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo aguantará Wall Street sin una señal clara. Los fondos de inversión han empezado a reducir duración en sus carteras de bonos, y varias gestoras patrimoniales ya han enviado cartas a sus clientes recomendando cautela. La próxima reunión del FOMC, el 17 de septiembre, no solo traerá una decisión de tipos: será un examen al modelo Warsh. Y el mercado no suele tener paciencia con los exámenes que suspende.


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