He seguido de cerca el mercado super-prime de Nueva York y pocas veces he visto una corrección de precio tan brusca en una dirección de primerísimo nivel. El antiguo ático de Sting en el 15 de Central Park West ha vuelto al mercado por 45 millones de dólares, cinco millones por debajo de lo que su actual propietario pagó en 2017. La gestión de la venta corre a cargo de Michael Lorber y Alexander Boriskin de Douglas Elliman.
La historia de esta vivienda es tan singular como el edificio que la alberga. Sting y Trudie Styler compraron dos apartamentos en 2008, los unieron en un dúplex de más de 500 metros cuadrados y encargaron el interiorismo a SheltonMindel. Cuando decidieron vender, pidieron 56 millones. El cierre se produjo en 50. Desde entonces, la propiedad ha permanecido vacía y conserva intacta la decoración original: la chimenea de espiral de Fibonacci, la escalera helicoidal de doble altura y las puertas francesas que se abren a una terraza de 37 metros cuadrados con vistas a Central Park y al Hudson.
El 15 CPW, diseñado por Robert A.M. Stern e inaugurado en 2007, es uno de los inmuebles más codiciados de Manhattan. Entre sus residentes figuran Robert De Niro, Denzel Washington o Mark Wahlberg. El dúplex de Sting no es la única unidad que ha cambiado de manos con descuento: el mercado de lujo neoyorquino ha amortiguado la fiebre de los años de pandemia, pero las rebajas en esta categoría de trophy asset siguen siendo una anomalía.
En el 15 Central Park West no se compra un metro cuadrado; se adquiere el derecho a pertenecer a un club donde la oferta es casi inexistente.
El edificio ofrece un gimnasio de 1.300 metros cuadrados, piscina cubierta, spa, sala de proyección, bodega y restaurante privado. Los gastos comunes ascienden a 14.282 dólares mensuales, el precio de una membresía residencial que filtra el acceso a un selecto grupo de patrimonios.
Un elemento diferencial en esta venta es que la propiedad llega con los planos aprobados para una remodelación firmada por Lord Norman Foster. Nunca se ejecutó. Quien compre tendrá la posibilidad de reformar el espacio con la firma de uno de los grandes de la arquitectura contemporánea sin empezar de cero, lo que añade un potencial de personalización que suele disparar el valor en el mercado secundario.
Quien compre ahora hereda no solo un interiorismo de SheltonMindel, sino la posibilidad de transformar el espacio con la firma de Norman Foster sin empezar de cero.
Para el inversor, este ático representa una entrada en el real estate más exclusivo de Nueva York con un margen de revalorización poco habitual. Comprar un activo con un descuento del 10% sobre el precio de adquisición anterior en una dirección donde las unidades rara vez salen al mercado y los precios se han mantenido firmes —el cercano 220 Central Park West ha batido récords recientemente— puede ser una apuesta de preservación de capital con un considerable potencial alcista. Eso sí, la liquidez en este segmento es limitada y los costes de mantenimiento exigen un horizonte de inversión que supere los cinco años.
💎 Veredicto Wealth
Para inversores con horizonte superior a siete años y capacidad de asumir los 14.282 dólares mensuales de gastos, este ático es una de las pocas vías de acceso al super-prime neoyorquino con margen de revalorización. El riesgo principal es la liquidez: las unidades de más de 40 millones en Manhattan se mueven en ciclos de varios años.




