Corea del Sur vive un ‘crecimiento sin empleo’ pese al récord de beneficios en semiconductores y pone en alerta la cadena de suministro global

Mientras Samsung y SK Hynix acumulan beneficios récord, la economía surcoreana apenas crea empleo en sectores vinculados a los chips. La dinámica amenaza con replicarse en Europa si la dependencia de los semiconductores asiáticos no se gestiona con inversión local.

He estado siguiendo con atención el viaje del presidente surcoreano Lee Jae Myung a San Francisco el pasado 24 de julio. No fue una visita diplomática al uso: acudió acompañado por los máximos responsables de Samsung Electronics y SK Hynix, los dos gigantes que controlan más del 70% del mercado global de memoria DRAM y NAND. El objetivo declarado era vender el ‘goteo’ del boom de la inteligencia artificial, pero los datos que deja a su paso pintan un panorama mucho más complejo: Corea del Sur registra beneficios récord en semiconductores mientras el empleo en los sectores vinculados a los chips apenas se mueve.

Récord de beneficios, sequía de empleo

El gap entre la exuberancia financiera de los fabricantes de chips y la realidad del mercado laboral surcoreano es el síntoma más visible de un fenómeno que los economistas locales llaman crecimiento sin empleo. En el primer semestre de 2026, las exportaciones de semiconductores superaron los 110.000 millones de dólares, un 25% más que en el mismo periodo del año anterior, impulsadas por la demanda voraz de GPUs para centros de datos y modelos de IA. Sin embargo, el empleo en el sector manufacturero avanzado apenas repuntó un 0,2% interanual, según los datos preliminares del Ministerio de Empleo y Trabajo.

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Los beneficios operativos de las divisiones de semiconductores de Samsung y SK Hynix se han multiplicado, pero la automatización extrema de las líneas de producción —donde un solo operario supervisa decenas de robots— limita la creación de puestos de trabajo. Lo que antes requería cientos de técnicos por fábrica hoy se gestiona con un equipo reducido y sistemas de mantenimiento predictivo. El resultado es un sector que genera enormes excedentes financieros pero apenas irriga rentas salariales a la economía doméstica.

“Los beneficios en chips están en máximos históricos, pero esos beneficios no se traducen en empleo para los ciudadanos.” — Lee Jae Myung, presidente de Corea del Sur, según declaraciones recogidas por Nikkei Asia antes de su viaje a San Francisco.

La trampa de la especialización extrema

Lo que veo en este patrón es un riesgo estructural que va mucho más allá de Seúl. Corea del Sur concentra el 44% de la producción mundial de memoria, y cualquier distorsión que sufra su mercado laboral o su tejido industrial se amplifica de inmediato en la cadena de suministro global. Si la industria de los chips deja de ser un motor de empleo, el país pierde resiliencia social y política para sostener las inversiones masivas que requiere la próxima generación de nodos (2 nm y más allá).

Además, el crecimiento sin empleo tecnológico erosiona el argumento político para seguir subsidiando a los conglomerados con exenciones fiscales y terrenos industriales. La administración Lee ha reaccionado con la propuesta de un fondo permanente que redistribuya parte de las ganancias del sector hacia educación y redes de seguridad, pero su viabilidad legislativa es incierta en un parlamento dividido. El viaje a San Francisco buscó, en el fondo, convencer a los inversores globales de que Corea del Sur puede compatibilizar el liderazgo tecnológico con una distribución más equitativa de sus frutos.

Esa contradicción es el eslabón más débil del milagro de los semiconductores coreanos. Si no se crea empleo de calidad en el sector, el talento joven emigrará hacia sectores de servicios digitales o hacia Estados Unidos, agravando una crisis demográfica que ya reduce la población activa un 1% anual.

🌐 El efecto dominó en Occidente

Para Europa y, en concreto, para España, el ‘crecimiento sin empleo’ de Corea del Sur no es una mera curiosidad estadística. La industria europea del automóvil, la automoción y los centros de datos dependen de las memorias fabricadas en Hwaseong y Pyeongtaek. Cualquier inestabilidad social o falta de inversión futura en Corea podría encarecer los plazos de entrega o reducir la oferta de chips de última generación, impactando directamente en los precios de los vehículos eléctricos y los servidores que consumen las empresas españolas.

Además, la dinámica coreana es un aviso para los planes de reindustrialización europeos. La Ley de Chips de la UE aspira a duplicar la producción local para 2030, pero si las fábricas que se construyan en Dresde o en Villanueva de la Serena no generan puestos de trabajo significativos —por seguir el mismo patrón de automatización intensiva—, el apoyo político a esas inversiones se desvanecerá. El espejo coreano muestra que el éxito exportador no garantiza una prosperidad compartida, y ese es el verdadero reto que Europa debe abordar ahora.


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