Iberdrola ha sumado 5.336 millones de euros en nueva financiación sostenible durante el primer semestre de 2026, elevando su volumen total acumulado a 71.152 millones de euros, según el informe semestral remitido a la CNMV. La utility presidida por Ignacio Sánchez Galán refuerza así su condición de primer emisor privado mundial de bonos verdes para inversión propia.
Del total captado en el semestre, 4.842 millones corresponden a instrumentos de financiación verde y los 494 millones restantes a operaciones vinculadas a criterios de sostenibilidad. La etiqueta verde sigue siendo el motor indiscutible de la estrategia de financiación de Iberdrola.
La financiación verde domina el semestre
Dentro de los 4.842 millones verdes, destacan las emisiones de bonos senior por 2.699 millones de euros y de bonos híbridos por 600 millones. A ello se suman 695 millones en préstamos con bancos de desarrollo, 525 millones en préstamos multilaterales, 291 millones mediante estructuras de inversión fiscal energética (TEI) y 32 millones en préstamos bancarios verdes.
La partida de bonos verdes acumula ya 26.679 millones de euros, consolidándose como la columna vertebral del programa. Iberdrola mantiene además 14.202 millones en líneas de crédito sostenibles, 8.731 millones en financiación estructurada verde y 6.000 millones en papel comercial sostenible, según la misma fuente.
La cartera global de financiación sostenible supera así los 71.000 millones, un dato que ningún otro emisor privado del sector eléctrico iguala en estos momentos.
La demanda multiplicó por tres la oferta en el último bono verde de redes colocado en mayo, señal de que los inversores institucionales consideran a Iberdrola un emisor de máxima calidad crediticia.
El bono verde de 1.500 millones y la respuesta del mercado
El hito más llamativo del semestre fue la emisión de un bono verde por 1.500 millones de euros para financiar inversiones en redes eléctricas. La operación atrajo una demanda superior a 4.500 millones, lo que supuso una sobresuscripción de tres veces. La compañía canalizó esos recursos hacia su plan de redes, uno de los pilares de su estrategia a 2028.
Este apetito no es casual. El mercado de bonos verdes europeo ha madurado, pero pocas compañías pueden ofrecer un pipeline de inversión tan alineado con la taxonomía verde de la UE como Iberdrola. La credibilidad de la utility en este ámbito se refleja también en su permanencia durante 26 ediciones consecutivas en el índice Dow Jones Best-in-Class World & Europe de S&P, un récord como utility europea.

Análisis: el coste de capital que la etiqueta verde está abaratando
A mi juicio, el verdadero valor del programa de financiación sostenible de Iberdrola no está solo en el volumen, sino en el diferencial de coste que consigue frente a emisiones convencionales. Los bonos verdes suelen colocar a tipos más ajustados porque canalizan una demanda específica de fondos ESG, y cuando el emisor es recurrente, la prima verde se consolida. Iberdrola lo ha conseguido: su condición de primer emisor privado mundial de bonos verdes para inversión propia le ha otorgado una posición de fuerza negociadora.
Observo que este acceso a financiación barata es un arma competitiva en un sector intensivo en capital. Mientras otras utilities europeas lidian con subidas del coste de la deuda, Iberdrola se financia con una cartera que combina líneas bilaterales, papel comercial y emisiones públicas, todo bajo la etiqueta sostenible. Eso reduce el WACC y mejora la viabilidad de proyectos con largos periodos de retorno, como las redes de distribución.
La disciplina financiera de Iberdrola, con un ratio de fondos propios sobre deuda neta que supera el 40%, según sus cuentas, da margen para mantener este ritmo de emisiones verdes sin presión sobre la calificación. Moody’s mantiene el rating en Baa1 con perspectiva estable, y S&P lo sitúa en BBB+. Aun así, el reto está en que la etiqueta verde no pierda credibilidad. La Comisión Europea afina la taxonomía, y los escrutinios sobre greenwashing aumentan. Iberdrola, con 71.152 millones acumulados, tiene que demostrar que cada euro financiado como verde se destina realmente a activos que descarbonizan la economía.
Mi lectura más amplia: este volumen de financiación sostenible es un termómetro del apetito inversor por la electrificación. La guerra comercial y la incertidumbre regulatoria generan volatilidad, pero los flujos de renta fija hacia bonos verdes siguen fluyendo. Iberdrola actúa como un refugio para ese capital. El riesgo, sin embargo, está en una posible saturación del mercado de bonos verdes si la oferta crece más rápido que la demanda. Por ahora, la evidencia dice lo contrario.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: Las acciones de Iberdrola suben un 0,7% en la sesión del 26 de julio, situándose en 13,42 euros. El valor acumula una revalorización cercana al 8% en lo que va de 2026.
Clave técnica: El título rebota desde el soporte de los 12,80 euros y se acerca a la resistencia de los 13,80 euros. Un cierre semanal por encima de esa cota abriría el camino hacia los 14,50 euros, máximo de 2025. La ruptura vendría acompañada de un incremento del volumen, señal de que el dinero institucional está respaldando la cotización.
Apunte macro: La prima de riesgo española se sitúa en 81 puntos básicos, por debajo de los 85 de principios de mes, reflejando la mejora de la deuda soberana. Este contexto de tipos estables y apetito por bonos corporativos sostenibles refuerza el atractivo de la deuda de Iberdrola.




