Hoy, mientras las sirenas antiaéreas retumban en San Petersburgo durante el foro económico de la élite rusa, la guerra en Ucrania deja de ser un eco lejano para muchos ciudadanos de la Federación. He seguido con atención el último análisis de VisualPolitik porque dibuja un escenario que pocos anticipaban hace apenas un año: Ucrania está asfixiando a Rusia con una campaña de drones sin precedentes y, por primera vez desde 2023, toma la delantera en el frente. El vídeo que acaba de publicar el canal no se anda con rodeos: la larga guerra ha entrado en una fase que podría conducir a una inesperada victoria ucraniana.
Drones y refinerías: la guerra que llega a toda Rusia
VisualPolitik detalla que los ataques con drones ya no se limitan a las regiones fronterizas. Hace unas semanas sonaron en Moscú y, de forma especialmente simbólica, en San Petersburgo durante la inauguración del Foro Económico Internacional, el escaparate donde las élites del país proyectaban normalidad absoluta. El golpe a la moral urbana es evidente, pero el daño material va mucho más allá: una corbeta de la flota del Báltico ardió tras ser alcanzada y, sobre todo, la capacidad de refino rusa se está desplomando.
Según los datos que maneja el analisis de VisualPolitik, durante mayo los drones ucranianos atacaron ocho de las diez mayores refinerías del país. La consultora OilX calcula que la capacidad de refino rusa ha caído hasta 4,58 millones de barriles diarios, un 13 % menos, el nivel más bajo desde octubre de 2009. Rusia se ve obligada a exportar crudo sin procesar a máximos históricos, renunciando al margen del refinado. Como argumenta el canal, Ucrania está limitando la capitalización de la guerra justo cuando Washington aprieta con nuevas sanciones.
Cómo Ucrania ha roto el estancamiento del frente
Para entender el giro actual, VisualPolitik se remonta a 2023, cuando la integración masiva de drones creó la llamada «zona de la muerte», una franja de 15 a 25 kilómetros a cada lado del frente donde cualquier movimiento detectable equivalía a sentencia. Rusia sorteó ese atasco infiltrando unidades ínfimas de uno a tres soldados que avanzaban metro a metro por túneles y vegetación, apoyadas desde el aire por el centro de élite Rubicon, un cuerpo de 5.000 operadores de drones creado en 2024.
Esa estrategia funcionó durante meses, pero se fue agotando. La tasa de avance rusa pasó de 13 kilómetros cuadrados diarios en 2025 a entre 3 y 5 en lo que llevamos de 2026. El pasado abril, la tendencia se invirtió: Rusia perdió 116 kilómetros cuadrados de territorio neto por primera vez desde el estancamiento inicial.Ucrania ha recuperado la iniciativa en el campo de batalla y empieza a meter equipos mecanizados donde antes era un suicidio, con incursiones de hasta 19 kilómetros detrás de las líneas enemigas en Olex.
La larga guerra ha entrado en una fase decisiva que podría conducir a una inesperada victoria ucraniana.
— VisualPolitik
Las cuatro palancas que están doblando a Rusia
El vídeo estructura la ventaja ucraniana en cuatro grandes palancas que se retroalimentan. La primera es la destrucción sistemática de defensas aéreas rusas, que ha abierto un corredor para los drones de largo alcance. La segunda, la caza selectiva de operadores de Rubicon, desmantelando la unidad que daba cobertura aérea a las infiltraciones terrestres. La tercera, el jaque a la economía de guerra mediante los ataques a refinerías y la cuarta, la interdicción logística en profundidad, cortando rutas de suministro críticas.
Los efectos de esta última palanca son visibles incluso en la retaguardia ocupada. VisualPolitik subraya que en Crimea las restricciones de combustible han impuesto cupos de 20 litros por persona y que, en el mercado informal, la gasolina se paga entre 3,5 y 4,7 euros el litro. Carreteras como la T509 o las M14 y M18, arterias que alimentan todo el frente ruso, se están convirtiendo en auténticas ratoneras sin apenas margen de maniobra para los convoyes de suministro.
Desgaste ruso: bajas, élites y la presión por la paz
El análisis de VisualPolitik expone una realidad numérica demoledora. Desde diciembre de 2025, las bajas rusas superan el ritmo de reclutamiento: en enero de este año murieron o quedaron fuera de combate 9.000 soldados más de los que Moscú pudo reponer. El objetivo de 1.150 reclutas diarios se quedó en apenas 940 durante el primer trimestre. La supervivencia media en el frente ronda los dos meses. Y mientras tanto, las sanciones estrangulan una economía que dispara el gasto militar hasta límites insostenibles.
Ese deterioro ha empezado a filtrarse hacia arriba. Según las encuestas del centro Levada que cita el canal, el 67 % de los rusos apoya iniciar conversaciones de paz. Pero lo más llamativo es que las élites también se desmarcan: en el mismo foro donde sonaron las sirenas, Igor Subalof, ex hombre fuerte del Kremlin y hoy presidente del principal banco estatal de desarrollo, llegó a decir que «una agenda negativa nos está matando, literalmente». No es una anécdota aislada; varios miembros de la élite criticaron abiertamente la operación militar especial, algo inédito hasta ahora.
¿Negociación o apuesta arriesgada de Putin?
Con este escenario, Zelensky ha movido ficha: ha enviado una carta directa al presidente ruso proponiendo una reunión con fecha clara, un alto el fuego total durante las negociaciones y un intercambio completo de prisioneros «todos por todos». Ucrania quiere negociar desde una posición de fuerza que nunca antes había tenido. El problema, como advierte VisualPolitik, es que Putin no tiene prisa y ha respondido que no ve sentido a reunirse. El líder ruso apuesta a que el ciclo se repita: cada vez que Ucrania encuentra una ventaja táctica, Rusia termina por adaptarse y recuperar el pulso.
Sin embargo, esta vez la apuesta es mucho más arriesgada. Rusia llega a este ciclo con un desgaste acumulado —bajas, sanciones, descontento interno— que no existía en vueltas anteriores. La ventana de oportunidad ucraniana podría cerrarse, claro, pero también podría ampliarse si las cuatro palancas siguen funcionando a pleno rendimiento. La incógnita es si Moscú aguantará el pulso el tiempo suficiente para encontrar contramedidas o si, por el contrario, el colchón de resistencia ruso se ha vuelto demasiado fino.
Personalmente, creo que estamos ante un momento bisagra. El relato triunfalista no tiene lugar en un conflicto donde cada metro se paga con sangre, pero los datos que expone VisualPolitik muestran que la inercia ha cambiado de bando. La pregunta ya no es tanto si Ucrania puede ganar, sino si Occidente y la propia Kiev serán capaces de explotar esta ventana antes de que se cierre. Porque, en la guerra, las oportunidades no suelen llamar dos veces.





