The Economist sobre Pedro Sánchez: el editorial que exige su dimisión según Rallo

Juan Ramón Rallo analiza el demoledor editorial de The Economist que pide la dimisión de Pedro Sánchez. El semanario británico repasa los escándalos del PSOE y cuestiona cuánto podrá durar en el poder sin erosinar la democracia española.

Pocas cosas escuecen más que ver cómo tu medio de referencia, ese que sacabas a pasear cuando te convenía, te señala ahora con el dedo y te pide educadamente que hagas las maletas. En su último análisis, Juan Ramón Rallo desmenuza el editorial que The Economist ha dedicado a Pedro Sánchez y lo califica sin rodeos: el semanario británico le está diciendo al presidente que se marche cuanto antes. Y lo hace, añade Rallo, con un repaso demoledor a los escándalos que enfangan al Partido Socialista.

El espejo roto: cuando tu revista fetiche te da la espalda

Rallo comienza recordando una ironía que define el momento político. Pedro Sánchez ha citado a The Economist en repetidas ocasiones como fuente de autoridad para defender su gestión. Hace dos años presumía en redes sociales de que la publicación nombraba a España como la economía más próspera de 2024, y apenas hace un par de meses volvía a enarbolar su índice de calidad democrática para blindarse frente al «ruido» de la oposición. Según Rallo, el presidente convertía al semanario en una suerte de certificador internacional de su relato. El problema, apunta el analista, es que ese mismo termómetro ha cambiado de diagnóstico, y el último número de la revista británica se pregunta abiertamente cuánto puede durar Sánchez en el poder.

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Un inventario de corrupción que ya es difícil de ignorar

El artículo de The Economist, tal como lo relata Rallo, no se anda con eufemismos. Comienza recordando la moción de censura que aupó a Sánchez hace justo ocho años contra Mariano Rajoy, con la corrupción del PP como bandera, y acto seguido enumera las tramas que hoy cercan al PSOE. Rallo detalla los nombres: José Luis Ábalos y Santos Cerdán, imputados por amañar contratos públicos; la investigación que señala al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero como presunto cabecilla de una trama de influencias vinculada a la dictadura venezolana y al rescate de Plus Ultra; y, por si fuera poco, el registro policial de la sede socialista en Madrid por orden de otro juez de la Audiencia Nacional.

‘Cuanto antes convoque elecciones, tanto mejor para todos. El coste del bloqueo político es un creciente cinismo hacia la democracia española.’

— The Economist, según cita Juan Ramón Rallo

El analista subraya que, aunque muchos de estos datos son conocidos para quien sigue la actualidad española, la importancia de que The Economist los internacionalice tiene un doble filo. Hacia fuera, porque coloca la magnitud de la ponzoña socialista en el radar de audiencias que hasta ahora no le prestaban atención. Hacia dentro, porque desmonta el argumentario oficial según el cual cualquier investigación judicial contra el PSOE no es más que una persecución de la extrema derecha mediática.

El argumento de la persecución judicial empieza a oxidarse

Rallo incide en este punto con especial contundencia. Recuerda que, para una parte del electorado, todo lo que afecta al presidente o a su entorno se despacha como lawfare o bulo interesado. Pero cuando una publicación del prestigio de The Economist —«tan reputada como que a Sánchez le encanta citarla», ironiza— acredita la gravedad de los indicios, el relato victimista se tambalea. El artículo británico lo expresa con claridad: los socialistas se quejan de un doble rasero judicial, pero los jueces que dirigen las investigaciones gozan de reputación intachable y el caso de Zapatero arrancó con fiscales suizos y franceses.

Rallo recoge además un dato demoledor que menciona The Economist: una encuesta inédita sugiere que solo alrededor de la mitad de los votantes socialistas se cree las acusaciones de persecución. Las excusas, concluye el analista, tienen rendimientos decrecientes.

Sánchez, cada vez más solo y atornillado al poder

El editorial británico advierte de que el presidente español ni siquiera cuenta ya con el respaldo claro de sus socios parlamentarios ni de los cargos electos de su partido. Según la lectura de Rallo, le están diciendo que su obsesión por enquistarse a cualquier precio solo está degradando las instituciones. El semanario insinúa que agotar la legislatura hasta julio de 2027 socavará las opciones socialistas en las elecciones locales del próximo mayo, pero añade que pocos se atreven a decirlo en público todavía.

Rallo concluye que The Economist no ha terminado de entender la psicología del personaje. Porque a Sánchez, sentencia el analista, no le importan los españoles ni la democracia; solo le importa él mismo. Y cuanto más incierto sea su horizonte judicial, más se atornillará al poder para maximizar su capacidad de impunidad. Salvo que su partido o sus aliados lo eyecten antes.

La pregunta que flota en el análisis de Rallo es si este editorial conseguirá lo que la oposición y la prensa crítica no han logrado: romper la muralla discursiva del presidente. Porque cuando hasta tu medio de cabecera te pide que des un paso al costado, quizá el problema ya no sea el mensaje, sino el mensajero que llevas dentro.

Puedes ver el análisis completo a continuación:


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