El coste de volar está a punto de subir. Las principales aerolíneas europeas, encabezadas por IAG, Lufthansa, Air France-KLM y Ryanair, han enviado una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para advertir de que una ampliación del Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) encarecerá los billetes y pondrá en riesgo la competitividad del sector aéreo continental.
La misiva, fechada este 8 de junio de 2026 y firmada por 15 consejeros delegados de las principales compañías del ramo, expone un temor fundado: si Bruselas extiende el régimen de comercio de derechos de emisión a los vuelos internacionales, los costes para pasajeros y aerolíneas se dispararán. La carta señala que, en la práctica, la diferencia de costes entre el ETS europeo y el sistema internacional Corsia –impulsado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)– es ya “insostenible”.
Qué piden las aerolíneas: la carta de los 15 CEOs
Entre los firmantes destacan nombres como Luis Gallego, CEO de IAG –matriz de Iberia, British Airways y Vueling–, y Carlos Muñoz, de Volotea. Su demanda es triple. En primer lugar, que no se extienda el ETS más allá del ámbito geográfico actual, para no distorsionar la competencia con aerolíneas de terceros países que no soportan costes de emisiones tan elevados. En segundo lugar, que se equiparen los mecanismos al estándar de Corsia, de modo que los incentivos de la UE se canalicen hacia los derechos de emisión del combustible de aviación sostenible (SAF). Y, por último, que los ingresos generados por el ETS se destinen a acuerdos de compra de SAF y a inversiones en tecnología de aeronaves y gestión del tráfico aéreo.
En la misiva, los directivos recuerdan el conflicto de 2011, cuando la inclusión de los vuelos internacionales en el ETS generó fricciones comerciales con países como Estados Unidos, China e India. “El riesgo de represalias y de disputas comerciales más amplias es real”, advierten. De hecho, la propia Destination 2050, una alianza del sector que integra a diversas aerolíneas y fabricantes, ya envió una segunda carta en el mismo sentido, insistiendo en que una extensión del ETS provocaría una “distorsión grave” de la competencia.
La propuesta de las aerolíneas no se limita a rechazar la extensión. Plantean una hoja de ruta pragmática: reforzar el sistema internacional Corsia, destinar los ingresos del ETS a la transición energética y ampliar la emisión de derechos de emisión de SAF más allá de 2030, con el objetivo de cubrir la diferencia de costes entre el queroseno convencional y los combustibles sostenibles, hoy mucho más caros. Todo ello con el horizonte de alcanzar las cero emisiones netas en 2050, un compromiso que los firmantes reiteran.
IAG y el IBEX 35: ¿un lastre para la cotización?
El impacto de esta ofensiva regulatoria tiene un nombre propio en la bolsa española: IAG. La compañía que preside Luis Gallego es el único valor del IBEX 35 con exposición directa al negocio aéreo puro, y cualquier cambio en el marco de costes del combustible y los derechos de emisión se traslada de inmediato a su estructura de gastos. Recientemente el grupo ya ha tenido que lidiar con la volatilidad del precio del CO2 en el mercado europeo, que cerró el viernes en 95 euros por tonelada, un nivel que duplica el registrado hace dos años.

La acción de IAG cotizaba este lunes con una ligera subida del 0,3% alrededor de los 2,45 euros por título, sin movimientos bruscos derivados de la carta. El mercado parece dar por descontados los riesgos regulatorios, pero los analistas advierten de que un endurecimiento del ETS podría restar hasta un 12% al beneficio operativo del grupo en el escenario más agresivo, según cálculos de consenso recopilados por Bloomberg. La acción de IAG cotiza en en los 2,45 euros…
Pese a que el grupo ha conseguido mantener una senda de recuperación del tráfico y de mejora de márgenes, el sector aéreo sigue siendo altamente sensible a los costes externos. La dependencia del precio del carburante y de los derechos de emisión convierte a IAG en un valor con una prima de riesgo regulatoria elevada, algo que el mercado está empezando a descontar en sus múltiplos. No obstante, el consenso de analistas mantiene una recomendación de “comprar” para el valor, con un precio objetivo medio de 3,1 euros, lo que arrojaría un potencial alcista del 26%.
La extensión del ETS a vuelos internacionales pondría en riesgo no solo las cuentas de IAG, sino la posición de Europa como hub global de aviación.
El pulso entre clima y competitividad: a quién le conviene un ETS limitado
El debate sobre el comercio de emisiones en la aviación trasciende lo puramente sectorial. La Comisión Europea se encuentra ante una encrucijada: cumplir con los ambiciosos objetivos climáticos del Pacto Verde –y con un Parlamento cada vez más sensible a la descarbonización– sin sacrificar la conectividad aérea ni la competitividad de sus compañías de bandera. A mi juicio, la carta de los CEOs no es una mera queja corporativa. Es un aviso temprano de que el marco regulatorio actual podría expulsar parte del tráfico aéreo hacia hubs de Oriente Medio o del Sudeste Asiático, donde las exigencias medioambientales son menores.
Corsia, el sistema de compensación de emisiones de la OACI, es la alternativa que defiende el sector. Sin embargo, su historial es modesto: desde su adopción en 2016, sus precios de compensación han sido bajos y su aplicación, voluntaria en muchos casos. Fortalecer Corsia y hacerlo vinculante para todos los Estados es una tarea monumental que requiere consenso internacional, algo difícil en el actual clima geopolítico. La UE, que aspira a liderar la lucha climática, puede verse tentada a adelantarse, pero hacerlo en solitario puede salir caro.
Las aerolíneas, en el fondo, no se oponen a pagar por sus emisiones; se oponen a un sistema que discrimine a las europeas frente a las de bandera de países sin mecanismos similares. De ahí que insistan en dos ideas: que los ingresos del ETS vuelvan al sector en forma de inversión y que el mecanismo internacional se refuerce. En mi lectura, es una postura coherente, pero también una manera de ganar tiempo mientras las tecnologías de combustibles sostenibles escalan su producción y reducen su coste.
En cualquier caso, el calendario no corre a favor de la decisión. La Comisión deberá pronunciarse antes de que acabe el año, y mientras tanto, los inversores de IAG miran con lupa cualquier movimiento. La pregunta no es si se mantendrá el ETS, sino cuánto se extenderá y con qué nivel de exigencias. Para un valor con la volatilidad de IAG, ese desenlace puede marcar la diferencia entre un rally y un nuevo suelo.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: Los títulos de IAG subían un 0,3% en la sesión del lunes, hasta los 2,45 euros, reflejando una reacción tibia a la carta. El mercado ya descuenta, al menos parcialmente, el conflicto regulatorio.
Clave técnica: IAG se mantiene por encima de la zona de soporte de los 2,30 euros, que ha funcionado como suelo en las últimas cuatro sesiones. Una ruptura a la baja de ese nivel con volumen activaría un objetivo correctivo hacia los 2,10 euros.
Apunte macro: El precio del derecho de emisión europeo cerró el viernes en 95 euros por tonelada. Una subida sostenida por encima de los 100 euros añadiría presión a los costes de las aerolíneas y podría desencadenar nuevos profit warnings en el sector.





