Hace 120.000 años, durante el último periodo interglacial, los gamos que pastaban en lo que hoy es Alemania central exhibían una riqueza genética que sus descendientes modernos han perdido casi por completo. El yacimiento de Neumark-Nord, en Sajonia-Anhalt, ha proporcionado la prueba: fósiles de Dama dama que, analizados por un equipo de las universidades de Potsdam y Leiden junto al centro MONREPOS, cuentan una historia de declive oculta hasta ahora.
El estudio, recién publicado en la revista iScience, revela que los gamos actuales conservan solo una fracción de la diversidad genética que caracterizaba a sus ancestros del Pleistoceno. “Es como si de una sinfonía original hubiéramos perdido casi todos los instrumentos y solo nos quedara la melodía principal”, explican los autores.
Lo que revelaron los huesos de Neumark-Nord
Los restos óseos hallados en el yacimiento de Neumark-Nord corresponden a gamos que vivieron durante el interglaciar Eemiense, un período cálido que se extendió entre hace 130.000 y 115.000 años. Los investigadores lograron extraer ADN antiguo de varios especímenes y compararlo con el genoma de las poblaciones modernas de gamo europeo. La diferencia resultó abrumadora: los gamos prehistóricos albergaban variantes genéticas que hoy simplemente no existen.
Esa pérdida de diversidad no es trivial. En términos evolutivos, una población genéticamente pobre tiene menos herramientas para adaptarse a cambios ambientales, enfermedades o nuevas presiones. Los gamos modernos, que hoy se encuentran en parques y reservas de toda Europa, son una sombra de aquella riqueza original.
El gamo europeo no es una especie amenazada, pero este hallazgo pone el foco en un problema más sutil: la erosión genética. No basta con contar cabezas; hace falta mirar dentro de los genomas para evaluar la salud real de una población. Y ahí, los gamos actuales suspenden.
Método y contexto: viaje al Eemiense

Para reconstruir la diversidad perdida, el equipo utilizó técnicas de secuenciación de ADN antiguo sobre fragmentos de hueso y diente. Neumark-Nord es un enclave excepcional: un antiguo lago donde los sedimentos preservaron restos de fauna y flora del Último Interglacial en condiciones casi ideales. El clima templado del Eemiense permitió que los gamos se expandieran por Centroeuropa, pero cuando llegó la glaciación posterior, sus poblaciones se fragmentaron.
El estudio compara los genomas antiguos con los de varias poblaciones actuales, incluidas aquellas introducidas por el ser humano desde hace siglos. “Nos sorprendió comprobar que incluso los gamos que creíamos más diversos contienen apenas un eco de la variabilidad que vemos en los fósiles”, señalan los autores.
Los gamos modernos apenas conservan un eco de la diversidad genética que sus ancestros exhibieron durante el último periodo interglacial.
Clima, humanos y el cuello de botella invisible
Los autores apuntan a dos grandes fuerzas: el cambio climático al final del Eemiense y, más tarde, la presión humana. La caza, la fragmentación del hábitat y la introducción artificial de gamos en distintas regiones —a menudo con unos pocos individuos fundadores— fueron estrangulando la diversidad. Cada traslado, cada cuello de botella, borró variantes genéticas irrecuperables.
El hallazgo tiene implicaciones directas para la conservación. Si queremos preservar lo poco que queda, urge evitar nuevas reducciones poblacionales y favorecer la conectividad entre grupos. Pero, como advierten los investigadores, recuperar la diversidad perdida es imposible; solo podemos administrar la que aún existe.
A mí me fascina la paradoja: el gamo, ese animal tan familiar en nuestros parques, es en realidad un superviviente empobrecido. Nos recuerda que la historia natural está escrita en los genes, y que cada vez que una especie pierde variabilidad, pierde también opciones de futuro.
No obstante, el estudio presenta limitaciones. Se basa en un único yacimiento y en un número limitado de muestras antiguas. Será necesario ampliar el registro fósil a otras localidades europeas para confirmar si el patrón fue generalizado. Además, la calidad del ADN antiguo siempre impone cautela.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Los gamos europeos modernos han perdido gran parte de la diversidad genética que poseían sus ancestros del Pleistoceno.
- Dónde: Yacimiento de Neumark-Nord, Sajonia-Anhalt, Alemania.
- Institución responsable: Universidad de Potsdam, Centro de Investigación MONREPOS (Neuwied) y Universidad de Leiden.
- Cuándo: Fósiles datados en 120.000 años; estudio publicado en 2026 en iScience.
- Impacto a futuro: Orienta las estrategias de conservación hacia la protección de la diversidad genética, más allá del tamaño poblacional.




