Vandellós II sufre una parada nuclear no programada: el CSN confirma seguridad

La turbina principal se detuvo a las 11:35 horas del viernes sin impacto radiológico. La planta de Tarragona permanece estable en parada caliente mientras se investigan las causas.

La central nuclear de Vandellós II (Tarragona) sufrió una parada no programada en la mañana del viernes 5 de junio. La incidencia en la turbina principal forzó la detención automática del reactor, aunque todos los sistemas de seguridad funcionaron según lo previsto. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) descarta cualquier fuga radiactiva.

La parada se produjo a las 11:35 horas, cuando la planta operaba al 100% de su potencia. El sistema de protección del reactor detectó la anomalía en la turbina y activó el SCRAM, el procedimiento de apagado rápido que inserta las barras de control en el núcleo. En cuestión de segundos, la reacción en cadena se detuvo, llevando la central al Modo 3 (parada caliente), un estado de seguridad en el que el refrigerante mantiene la temperatura pero el reactor está subcrítico.

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Según el comunicado del Consejo de Seguridad Nuclear, «el suceso no ha tenido impacto alguno en la seguridad de los trabajadores, ni en los miembros del público, tampoco ha supuesto ninguna liberación de actividad al medio ambiente». La notificación se realizó siguiendo el protocolo de la Instrucción del Consejo IS-10, que establece los criterios para informar sobre eventos significativos. La planta permanece estable y los técnicos trabajan ya en la inspección de la turbina para esclarecer la causa raíz.

El incidente está pendiente de clasificación en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos (INES). Esta escala, que va del nivel 0 (desviación) al 7 (accidente grave), permite tipificar los eventos. Dado que no hubo liberación radiactiva y los sistemas de seguridad actuaron correctamente, es muy probable que el suceso se califique como nivel 0 o 1 (anomalía sin consecuencias). Aún así, el CSN ha desplegado a sus inspectores residentes para verificar los registros de operación y el estado de la instalación.

Cronología de la parada y primeros indicios

La secuencia, tal y como ha trascendido de los informes preliminares, fue la siguiente: a las 11:34 un fallo en los sistemas hidráulicos de la turbina principal provocó un desequilibrio de carga. El sistema de control automático intentó compensar durante unos segundos, pero al no lograrlo, el reactor se separó de la red y disparó las señales de parada. En menos de un minuto, Vandellós II dejó de generar electricidad. La energía que producía —1.087 MW, que cubren aproximadamente el 3% de la demanda eléctrica de Cataluña— comenzó a ser suplida por otras fuentes, principalmente ciclos combinados y renovables.

El apagado automático, aunque brusco, está diseñado para preservar la integridad del núcleo. La turbina es un componente externo al circuito primario: su fallo no supone un riesgo de fusión ni de fuga de material radiactivo. Sin embargo, obliga a una revisión exhaustiva porque la causa puede estar en los sistemas de aceite, las vibraciones anómalas o una pérdida de vacío en el condensador. Los ingenieros de la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós ya han iniciado la diagnosis.

Dos paradas en un reactor en seis semanas no despiertan una alarma nuclear, pero sí reducen el margen de confianza que la opinión pública concede a una tecnología de alta sensibilidad.

central nuclear Tarragona

Lo que sí está claro es que la central operaba a plena carga y con sus certificaciones en vigor. La planta, propiedad de Endesa (72%) e Iberdrola, había superado en febrero la última revisión periódica del CSN sin hallazgos relevantes y su autorización de explotación está vigente hasta 2030, dentro del calendario de cierre nuclear pactado.

El precedente de abril: dos incidentes en menos de dos meses

La parada no programada del 5 de junio es el segundo evento significativo que comunica Vandellós II al CSN en poco más de un mes. El pasado 22 de abril, la planta declaró una prealerta de emergencia tras detectar un incendio en un edificio de aparellaje eléctrico. El fuego, que duró más de diez minutos, no afectó a la estructura ni a los sistemas de seguridad, y la prealerta se desactivó veinticuatro minutos después. Aquel incidente también fue notificado mediante la Instrucción IS-10 y, como el actual, quedó pendiente de clasificación INES.

Para el CSN, la acumulación de notificaciones en una misma instalación no es necesariamente anómala. El organismo explica que la transparencia extrema y la obligación de reportar incluso anomalías menores llevan a registrar decenas de eventos al año en el parque nuclear español. Sin embargo, la coincidencia temporal de dos episodios —uno eléctrico y otro mecánico— ha despertado cierta inquietud en los colectivos antinucleares y en los municipios cercanos, que reclaman más detalles.

El alcalde de Vandellòs i l’Hospitalet de l’Infant, sin llegar a pedir el cierre, recordó que «la información debe fluir sin demoras y con claridad». La central, por su parte, mantiene que las dos situaciones responden a causas independientes y que la seguridad nunca estuvo comprometida. Yo mismo he consultado los informes públicos del CSN y, hasta donde consta, no hay indicios de problemas sistémicos.

La seguridad nuclear en España: el balance del CSN y la presión del cierre programado

España cuenta con cinco reactores nucleares operativos, todos ellos con más de 30 años de antigüedad. El protocolo de cierre escalonado, acordado entre las eléctricas y el Gobierno, establece el apagado de Almaraz (2027-2028), Ascó (2032-2033), Vandellós II (2030) y Trillo (2035). La viabilidad de este calendario depende, en parte, de la percepción de seguridad que ofrezcan las centrales en sus últimos años de vida. Cada incidente, por menor que sea, añade fichas a la balanza del debate sobre si es prudente alargar o acortar esos plazos.

El CSN defiende que el parque nuclear español tiene un rendimiento de seguridad «muy elevado», comparable al de países como Francia o Finlandia. Los datos lo avalan: en 2025, las centrales nucleares españolas registraron menos de 2 eventos notificables por reactor, una tasa históricamente baja. Pero la percepción ciudadana no entiende de tasas: un incendio y una parada súbita en poco más de 40 días generan titulares y preguntas incómodas. La clave estará en la clasificación INES y en la celeridad con la que se publique el informe.

Desde el punto de vista energético, Vandellós II es un pilar en Cataluña. Produce cerca de 8,5 TWh al año, equivalentes al consumo de más de dos millones de hogares. Si la parada se prolonga por encima de lo esperado, el hueco térmico se cubrirá con gas natural, lo que puede tener un leve impacto en los precios del mercado mayorista. Pero para el operador del sistema, Red Eléctrica, la pérdida puntual de un gigavatio en las horas centrales de un viernes de junio, cuando la demanda es moderada y la generación solar está en máximos, es una circunstancia manejable.

Yo he cubierto incidentes nucleares durante quince años y, en este, lo más relevante no es el fallo en sí —las turbinas fallan en todas las centrales del mundo— sino la capacidad del sector para convencer de que una tecnología con 40 años es más segura ahora que en su juventud. Los sistemas son redundantes, la formación de los operadores es exhaustiva y la supervisión regulatoria es real. Pero el umbral de tolerancia social se ha reducido y, en ese tablero, cada parada es un argumento para quienes llevan años pidiendo un cierre anticipado.

Mientras tanto, en la central se afanan por diagnosticar el problema. Las próximas 72 horas serán claves para determinar si la parada se convierte en una anécdota, como tantas otras, o en un episodio que, por acumulación, empuje a las eléctricas a anticipar inversiones en plantas de gas que sustituyan a las nucleares antes de tiempo. El cronómetro corre y el expediente de Vandellós II, a partir de ahora, tiene un doble signo: el del día a día de una máquina compleja y el de la sombra alargada del calendario de cierre.


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