La guerra en Irán y el ‘shock estructural’ en el sudeste asiático ponen en jaque la cadena de suministro global

A 100 días del conflicto en Irán, los precios del betún, los plásticos y los fertilizantes se disparan en el Sudeste Asiático. La disrupción del estrecho de Ormuz ya se traduce en presiones inflacionistas para el consumidor europeo.

He estado repasando el análisis que Channel News Asia publica esta semana sobre los primeros 100 días de guerra en Irán —que se cumplen este 8 de junio— y el mosaico de datos que dibuja sobre el Sudeste Asiático es tan revelador como inquietante. Las rutas energéticas del estrecho de Ormuz, ese cuello de botella por el que transita una quinta parte del petróleo mundial, se han convertido en un amplificador de costes que ya golpea mucho más allá del crudo: desde el betún para carreteras en Malasia hasta la botella de agua de 600 mililitros en Indonesia.

El coste de asfaltar una carretera (y llenar una botella de agua)

Los datos recabados por la cadena singapurense entre contratistas, fabricantes de plásticos y agricultores de la región muestran una transmisión de precios que se ha acelerado en abril y que, aunque moderada en junio, sigue lejos de normalizarse. Estas son las cifras que merecen atención:

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  • El betún, clave en la pavimentación, se ha disparado un 70% en Malasia, de 1.700 ringgit (unos 430 dólares) a casi 2.900 ringgit por tonelada, y el diésel para maquinaria supera el 80% de subida. Unas 280 obras viales —un tercio del total— ya acumulan retrasos.
  • En la industria del plástico, el polietileno y el polipropileno, derivados del nafta importado de Oriente Medio, llegaron a costar 1.700 dólares por tonelada en abril, un 90% más que antes del conflicto. Ahora rondan los 1.450 dólares, tras la entrada de suministro alternativo chino.
  • La resina para envases de leche se ha duplicado: de 4 a 8-9 ringgit el kilo. En Indonesia, el agua embotellada podría subir más del 15% de forma gradual, y las medianas envasadoras ya ven plazos de entrega de dos a tres semanas de retraso.
  • Los fertilizantes nitrogenados, como la urea, disparan los costes de producción agrícola entre un 20% y un 30% total, según la Unión de Agricultores de Indonesia. El precio del plástico para envases de donuts ha llevado a un aumento del 14% en el precio final al consumidor.
  • El helio —clave para semiconductores y resonancias magnéticas— sufre un déficit del 20% en Malasia, y en Singapur los precios para globos de fiesta han trepado un 40%.

“La industria se enfrenta más a un problema de volatilidad de precios que a una escasez total de suministro. Los precios pueden cambiar en un período corto de tiempo.” — Sukumar Subrayalu, fundador de Sugu Construction y miembro de la Asociación de Constructores de Malasia

Esa volatilidad es precisamente la que transforma un sobrecoste puntual en un problema de planificación empresarial. Como subrayan los expertos del S. Rajaratnam School of International Studies, el impacto se extenderá más allá de los próximos seis meses incluso si las tensiones se calman. Lo que comenzó en el estrecho de Ormuz ha mutado en un shock estructural para el just-in-time regional.

Un ‘shock estructural’ con repercusiones globales

Lo que veo en estos 100 días es el patrón que ya conocemos de crisis anteriores, pero con una diferencia: la duración del bloqueo de facto en Ormuz no tiene precedentes recientes. Cuando Malasia, Tailandia e Indonesia empiezan a sustituir importaciones de nafta y plásticos con proveedores chinos, la reconfiguración de las cadenas de suministro está en marcha. No es solo un encarecimiento de materias primas: es un reajuste de rutas y de la confianza en los suministros de Oriente Próximo. La pregunta incómoda es si este shock acelerará el reshoring o el China+1 hacia India y Vietnam, o si, por el contrario, Pekín se beneficia como proveedor alternativo de plásticos y fertilizantes, ganando influencia en la ASEAN.

El riesgo no es la falta absoluta de productos —aún hay suministro— sino la incapacidad de fijar costes en contratos a precio cerrado. Eso ya está frenando obra pública en Malasia, obligando a los contratistas a absorber pérdidas o a ralentizar la ejecución. En Tailandia, la asociación de constructores alerta de un posible abandono masivo de proyectos si no se incluyen cláusulas de revisión de precios. Y en Indonesia, la broma en TikTok de envolver productos en hojas de plátano es síntoma de un malestar que la industria del packaging intenta paliar cambiando a papel, vidrio o cartón.

El golpe en los fertilizantes preocupa especialmente: el Sudeste Asiático importa más de 1.100 millones de dólares en fertilizantes de Oriente Medio, alrededor del 11% de sus compras totales. Un agricultor indonesio que ve subir el coste de la urea y el diésel de su tractor sin que el precio del arroz en origen se mueva está ante un jaque mate económico, como lo describe Henry Saragih, presidente de la Unión de Campesinos de Indonesia. La respuesta puede ser cambiar de cultivo o reducir el uso de fertilizante, lo que mermará los rendimientos y presionará al alza los precios de los alimentos básicos.

🌐 El efecto dominó en Occidente

Para Europa y España, esta cascada de precios no es un problema lejano. Las cadenas de suministro globales están tan integradas que un encarecimiento del plástico en Malasia o Indonesia se traslada a los costes de envasado de productos que importamos. El betún más caro encarece la construcción de infraestructuras en la región, pero también la exportación de maquinaria europea que depende de componentes plásticos. Y, sobre todo, la subida de los fertilizantes en Asia anticipa una presión adicional sobre los precios de los alimentos en el mercado internacional, justo cuando el BCE empieza a ver cierta moderación en la inflación subyacente.

  • Los envases de leche y agua que duplican su coste afectan a grupos lácteos malayos como Farm Fresh, pero también a marcas de gran consumo con presencia en España que utilizan resinas importadas. Un alza del 28-48% en el precio de botellas y tapones acaba en el lineal del supermercado.
  • El déficit de helio, aunque por ahora no frena a los grandes semiconductores, encarece los chips de gama alta ya en un mercado tensionado por la guerra comercial. Un incremento prolongado podría retrasar pedidos de maquinaria de resonancia magnética en hospitales europeos.
  • Si el bloqueo de Ormuz persiste, el gas natural licuado qatarí podría encarecerse, con efecto directo en la tarifa regulada de gas en España, que hoy se beneficia de la abundancia de GNL. La inflacion subyacente en la eurozona, que el BCE intenta domar, recibiría un empujón adicional desde la energía.

No estamos, de momento, ante una ruptura total del suministro. Pero sí ante un encarecimiento estructural de los insumos básicos que la industria europea y el consumidor español notarán en los próximos meses, sobre todo si la guerra se cronifica. El próximo dato a vigilar es el índice SCFI de fletes desde Asia: cualquier repunte confirmará que la onda expansiva de Ormuz ya está en los puertos europeos.


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