El pasado 2 de junio, Sotheby’s intentó colocar en privado el Number 19, 1951 de Jackson Pollock. La operación no encontró suficientes postores y fue cancelada, dejando sin cerrar una venta que aspiraba a los 50 millones de dólares. El episodio, envuelto en un hermetismo inusual para una casa de subastas de este nivel, es la primera señal clara de que el segmento más alto del arte de posguerra se está enfriando como activo de inversión.
El ‘número 19’ que no encontró postor
Oliver Barker, presidente de Sotheby’s para Europa y su subastador estrella, voló desde Londres expresamente para la ocasión. La segunda planta de la sede de Breuer Building, en Manhattan, se blindó con guardias de seguridad mientras Barker grababa un vídeo para compradores potenciales. En él hablaba de la colección de Arne Glimcher, fundador de Pace Gallery, y de la dificultad emocional de desprenderse de una pieza central de su patrimonio.
La obra, un óleo y esmalte de casi metro y medio de alto por 1,2 de ancho, está dominada por densas cuerdas de pintura negra que se enroscan en abstracciones violentas. Había figurado en la retrospectiva del MoMA de 1999 y en la exposición Blind Spots de la Tate Liverpool. Glimcher la había mantenido junto a un conjunto de Cy Twomblys y Agnes Martins de calidad museística.
Sin embargo, el intento no prosperó. Según fuentes cercanas a la operación, Sotheby’s no logró reunir suficientes pujas para que la subasta despegara. La oferta mínima de 50 millones de dólares resultó demasiado elevada para un mercado que, apenas tres semanas antes, había asistido a la venta de otro Pollock de 11 pies de ancho procedente de la colección de S.I. Newhouse. Aquella obra alcanzó 181,2 millones de dólares en Christie’s, el precio más alto jamás pagado por el artista en subasta pública.
Cuando una casa de subastas del calibre de Sotheby’s no logra cerrar una operación privada por falta de postores, el mercado está enviando una señal de precio que los inversores no deberían ignorar.
Un mercado en dos velocidades: récord y cancelación
La venta del Pollock de Newhouse en Christie’s fue un éxito rotundo, pero su valoración se apoyó en las dimensiones monumentales y una procedencia impecable. El Number 19, 1951, aunque de gran calidad, no contaba con la misma escala ni pedigrí. Uno de los informantes consultados calificó el precio de reserva de 50 millones como “optimista”. La cancelación coincide con un ajuste más amplio: apenas dos días después del intento fallido, Marc Glimcher, hijo de Arne y CEO de Pace, anunció un recorte de plantilla del 20% y la reducción de su cartera de artistas en un tercio, en un intento por desmontar el modelo de megagalería que su propia firma ayudó a crear.
La coincidencia no es casual. El mercado del arte contemporáneo de alta gama se ha sostenido gracias a la inyección de liquidez de compradores ultra-acomodados, pero incluso este segmento muestra signos de fatiga. La subasta privada, un formato que Christie’s ha cultivado desde la pandemia para obras excepcionales que los vendedores prefieren no exponer al escrutinio público, fue el primer intento serio de Sotheby’s en este terreno. El hecho de que no funcionara indica que los compradores están reevaluando sus expectativas de precio.
Lo que la cancelación dice sobre el arte como clase de activo
He analizado decenas de operaciones fallidas en el mercado de subastas y, en mi experiencia, una cancelación discreta como esta es más reveladora que un martillo caído. La falta de pujas a 50 millones sugiere que los niveles de 2025 ya no son sostenibles sin una base más amplia de compradores. El arte de posguerra, y en particular el expresionismo abstracto, ha sido durante la última década un activo refugio para patrimonios que buscaban diversificar más allá de la renta variable. Pero su liquidez es baja: cuando el consenso de precio se rompe, los vendedores se quedan sin comprador.
La operación privada intentaba precisamente evitar la exposición pública de un fracaso, pero el mensaje ha trascendido. Para el inversor que contempla destinar capital a este segmento, el horizonte temporal se alarga. Las correcciones en el arte no son lineales y los índices de subastas suelen tardar dos o tres trimestres en reflejar el ajuste. La Sotheby’s de hoy no es la de hace un año, y el inversor haría bien en seguir de cerca los próximos movimientos.
💎 Veredicto Wealth
El arte de posguerra atraviesa una fase de corrección de precios; este episodio sugiere que las valoraciones de 2025 ya no son sostenibles sin una base amplia de compradores. Para el inversor conservador, la recomendación es esperar a que los índices de subastas públicas confirmen la estabilización antes de asignar capital a piezas de más de 10 millones de dólares.




