La Comisión Europea ha asestado el mayor golpe regulatorio a Google desde la multa récord por Android en 2018. Dos decisiones vinculantes adoptadas bajo la Ley de Mercados Digitales (DMA) obligan a Alphabet a abrir su sistema operativo móvil a asistentes de inteligencia artificial competidores y a compartir los datos de su buscador con terceros. Los plazos son ineludibles: la apertura de Android deberá completarse antes de julio de 2027, y la cesión de datos de búsqueda comenzará en enero del mismo año, sin que un recurso judicial detenga su ejecución.
Claves de la operación
- Android se abre a ChatGPT, Claude y cualquier rival. A partir de la próxima versión mayor, los asistentes podrán activarse por palabra clave, leer la pantalla y ejecutar tareas con los mismos privilegios que hoy solo tiene Gemini.
- Los datos de búsqueda pasan a ser compartidos. Desde enero de 2027, Google debe ofrecer una versión anonimizada de consultas, clics y resultados en condiciones justas y no discriminatorias a competidores como OpenAI.
- La estrategia de Google arroja mejor resultado que la de Apple. Lanzar Gemini sin pedir permiso y negociar después le ha dado más margen que a la firma de Cupertino, cuyo sistema de permisos fue rechazado en bloque por Bruselas.
Las medidas golpean dos pilares del negocio de Google: la integración vertical de su asistente y el enorme volumen de datos que alimentan sus modelos de lenguaje. Lo que sigue es un intento de Bruselas por reequilibrar un mercado que, bajo la DMA, se rediseña por completo.
El fin del privilegio de Gemini en Android
La orden europea enumera once puntos que eliminan las ventajas de serie que Gemini disfruta en los terminales con el sistema operativo de Google. A partir de la próxima versión de Android, cualquier asistente rival podrá activarse por palabra clave a nivel de sistema, acceder al botón de inicio o al gesto de navegación para lanzar su interfaz, leer el contenido en pantalla para contextualizar las respuestas y ejecutar tareas dentro de otras aplicaciones —como enviar un correo o compartir una imagen— sin restricciones. También tendrá prioridad de acceso al hardware y a los modelos de IA integrados en el dispositivo que antes eran exclusivos de Gemini.
Google completó hace meses la migración de Google Assistant a Gemini como asistente por defecto de Android, justo antes de que Bruselas abriera el expediente. El movimiento, lejos de ser casual, le permitió posicionar a Gemini como pieza del sistema operativo en lugar de como una app más. La Comisión interpreta que esa integración blindaba una ventaja competitiva que ahora debe desmontarse.
Los datos de búsqueda, el verdadero tesoro estratégico
La segunda medida es la que más inquieta a los analistas, porque no se limita a la capa de interfaz sino que accede al motor que entrena los grandes modelos de lenguaje de Alphabet. Desde enero de 2027, Google tendrá que compartir una versión anonimizada de los datos de búsqueda —consultas, clics y resultados— en condiciones que Bruselas exige que sean justas, razonables y no discriminatorias. Ese flujo, que alimenta hoy a Gemini y a las funciones de IA del Buscador, podría acabar en manos de OpenAI, Anthropic o cualquier competidor europeo que lo solicite.
El matiz de «anonimizada» resulta clave: no hay detalles sobre qué metadatos se conservarán ni sobre el precio que podrá fijar Google. El precedente creado con la apertura del sistema de wake words y datos móviles sugiere que Bruselas supervisará de cerca que las tarifas no anulen el acceso. Algunos expertos consultados por esta redacción señalan que el acceso a patrones de intención de búsqueda —incluso sin datos personales— puede acelerar el desarrollo de agentes de IA autónomos en manos de rivales como ChatGPT.

Los más de 3.000 millones de búsquedas diarias que registra Google se convierten en el activo que la DMA quiere redistribuir. Las preguntas que los usuarios plantean y las páginas que visitan reflejan una inteligencia de mercado que ningún laboratorio de IA puede replicar fácilmente.
El verdadero terremoto no está en el móvil: está en los datos de búsqueda que hoy entrenan a Gemini y que, desde enero, estarán en manos de sus rivales.
Lo que la DMA le cuesta a Alphabet y lo que anticipa para otros reguladores
El historial de la compañía con Bruselas pesa. En 2018, la Comisión impuso una multa de 4.340 millones de euros por abuso de posición dominante en Android —la mayor sanción antimonopolio de la historia europea—, y ahora la DMA actúa de forma preventiva para desactivar ventajas similares en el mercado de la IA. Google recurrirá la decisión, pero el criterio fijado con Apple en casos anteriores obliga a cumplir mientras se sustancia el litigio. El reloj ya corre.
La diferencia con Apple es instructiva. El fabricante del iPhone presentó un sistema de permisos vigilado para Siri AI que Bruselas rechazó, dejando a la funcionalidad fuera del mercado europeo. Google optó por lanzar Gemini sin esperar autorización previa y discutir las condiciones después, una estrategia que le ha permitido mantener valiosos meses de de ventaja competitiva. La DMA, sin embargo, está diseñada para evitar que las grandes tecnológicas ganen tiempo. El objetivo es construir mercados disputables desde el primer día, no después de años de litigios.
La mayoría de los analistas coinciden en que la cesión de datos de búsqueda es la parte más disruptiva. Si rivales como OpenAI logran acceder a la corriente de consultas en tiempo real, podrían ajustar sus modelos para anticipar mejor la intención del usuario, erosionando la precisión —y la monetización— del propio Google. En paralelo, la apertura completa de Android al hardware y a la pantalla abre la puerta a que asistentes como Claude se ejecuten como servicios casi nativos, difuminando la diferencia entre lo que es un producto de Google y lo que no.
Reino Unido y Japón, que preparan sus propias versiones de la Ley de Mercados Digitales, probablemente seguirán muy de cerca cómo se ejecutan estas obligaciones. Lo que Bruselas establezca sobre precios de acceso a datos de búsqueda o condiciones de interoperabilidad de asistentes se convertirá en un estándar de facto para otros reguladores. Mientras tanto, la cotización de Alphabet no ha reaccionado de forma drástica, pero los títulos cayeron un 2,4% en las horas posteriores a la publicación de la orden, reflejando la incertidumbre sobre el impacto en el negocio principal.





