El mercado del vino de inversión ha entregado rentabilidades anualizadas superiores al 10 % en la última década, según índices como el Liv-ex 100. Sin embargo, los focos han iluminado casi exclusivamente a Borgoña y al champán de añada. Rioja, con una diversidad estilística que pocas denominaciones igualan, permanece infravalorada como clase de activo. El reciente encuentro «Rioja en las grandes mesas», liderado por Silvia García Guijarro, head sommelier del Mandarin Oriental Ritz Madrid, apunta a un cambio de percepción que los inversores no deberían pasar por alto.
La visión de una sumiller de élite: ocho estilos que definen el Rioja de colección
La elección de García Guijarro no se limitó a un listado de etiquetas consagradas. En la cata, la sumiller destacó blancos de guarda capaces de competir con los grandes borgoñas, espumosos elaborados con tempranillo blanco, tintos de viñedo singular y —quizás lo más rompedor— un «supurao», un vino de postre tradicional que apenas ha salido de la región. “He servido blancos de Rioja a clientes convencidos de estar bebiendo un gran Borgoña”, explicó. Esa capacidad de equiparación organoléptica, unida a precios que apenas alcanzan una fracción de los grands crus franceses, es el eje de una oportunidad de inversión.
Para el coleccionista, la selección de quien gestiona la bodega del hotel más emblemático de Madrid funciona como un sello de calidad curatorial. Las referencias mencionadas —aunque no detalladas públicamente— abarcan desde reservas clásicos que explican la historia de la DOCa hasta proyectos contemporáneos de pequeños productores. Esta amplitud permite construir una cartera diversificada dentro de un solo activo tangible, con correlación baja frente a la renta variable y una volatilidad inferior a la de los grandes iconos de la subasta.
Diversidad, infravaloración y el respaldo de la alta gastronomía: la tesis de inversión en Rioja
Uno de los riesgos habituales del vino como activo es la concentración en denominaciones o productores de moda. Rioja, por el contrario, ofrece más de 600 bodegas, múltiples microclimas y estilos que van desde el blanco joven y fresco hasta el gran reserva con décadas de guarda. La liquidación reciente de colecciones privadas ha mostrado que los reservas de Rioja de añadas excelentes se revalorizan a un ritmo del 6-8 % anual en la última década, con una dispersión de precios mucho menor que en Borgoña, lo que sugiere una formación de precio más racional.
El evento en el Mandarin Oriental no es un hecho aislado. La tendencia de los sumilleres de alta gastronomía a incorporar vinos de Rioja en cartas de prestigio internacional —Mugaritz, Kabuki, el propio Ritz— añade un componente de validación que los mercados de coleccionismo suelen premiar. Cuando un vino aparece por prescripción de prescriptores de élite, su trayectoria de precios tiende a acelerarse. Y el hecho de que García Guijarro ponga el foco en blancos de guarda y espumosos sugiere que las categorías menos exploradas podrían experimentar el mayor recorrido al alza.
Rioja es probablemente la denominación con mejor relación calidad‑precio‑reconocimiento entre los grandes vinos del mundo.
Análisis: ¿es Rioja un activo para preservar capital o para buscar revalorización agresiva?
En mi lectura, Rioja ocupa un espacio intermedio dentro del espectro de inversión en vino. No es el activo especulativo que fue Borgoña durante la pandemia, ni el refugio de alta liquidez que representan los primeros crus de Burdeos. Es, más bien, un candidato ideal para la preservación de capital con un horizonte de medio a largo plazo. Su diversidad interna permite adaptar la exposición al perfil de riesgo: un gran reserva de una casa histórica ofrece estabilidad y un rendimiento compuesto modesto, mientras que un blanco de viñedo singular o un espumoso de nueva hornada puede aspirar a una revalorización más agresiva en el mercado secundario si gana tracción entre los críticos.
El riesgo principal es la liquidez. Aunque la demanda institucional y de coleccionistas asiáticos ha crecido, el mercado secundario de Rioja aún no cuenta con la profundidad de los índices Liv-ex para Burdeos o Borgoña. La salida puede requerir paciencia y el acceso a canales especializados, como subastas de vinos finos en Londres o plataformas de trading entre coleccionistas. Sin embargo, esa misma falta de liquidez masiva actúa como barrera de entrada: los precios no están inflados por el flujo de capital especulativo, lo que otorga un margen de seguridad atractivo.
La próxima cita para el inversor será la consolidación de un índice sectorial que mida el comportamiento de una cesta de Riojas de colección. Mientras tanto, la selección de la sumiller del Ritz ofrece una hoja de ruta no oficial pero informada. Quienes construyan posiciones hoy, probablemente estarán bien situados cuando la denominación reciba la atención que su calidad merece.
💎 Veredicto Wealth
Rioja es un activo de diversificación con sesgo conservador, idóneo para carteras de vino que busquen estabilidad y potencial de apreciación moderada a largo plazo. El riesgo a vigilar es la menor liquidez del mercado secundario, que exige horizontes de inversión superiores a cinco años y preferencia por lotes con procedencia impecable.





