El ranking de los países con más multimillonarios desvela un ganador inesperado

China supera por primera vez a Estados Unidos y suma 1.110 milmillonarios frente a los 1.100 estadounidenses, según la lista Hurun 2026. La inteligencia artificial impulsa 46 nuevas fortunas y acelera una concentración de riqueza que la OCDE y Oxfam llevan años señalando.

Hasta hace muy poco, Estados Unidos era el país con más multimillonarios del mundo. Ya no. China acaba de arrebatarle el trono con 1.110 milmillonarios registrados en la edición 2026 del informe Hurun Global Rich List, diez más que los 1.100 censados en territorio estadounidense. El dato, visualizado por Visual Capitalist, rompe una hegemonía de décadas y lo hace a una velocidad que ni los analistas más optimistas habrían previsto hace un lustro.

El nuevo mapa de la riqueza mundial

El sorpasso no es casual. Hace solo un año, Estados Unidos lideraba la tabla con cierta holgura. Ahora, la diferencia es minúscula pero simbólica: el gigante asiático concentra 1.110 patrimonios superiores a los mil millones de dólares frente a los 1.100 de la primera potencia. La lista Hurun, que lleva quince años midiendo las grandes fortunas, refleja un cambio de fondo: el centro de gravedad económico se desplaza hacia el Pacífico.

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Tras los dos colosos aparece India con 308 milmillonarios, descolgada pero en claro ascenso. Europa asoma con Alemania (171), Reino Unido (150) y Suiza (114), mientras Rusia se queda en 105. España, con 34 grandes fortunas, ocupa el puesto veinte del mundo, por detrás de economías de tamaño comparable como Suecia o Turquía y a una distancia sideral de la plaza helvética, donde un marco fiscal favorable hace el mismo trabajo que la industria.

El dato que resume la desigualdad: China y Estados Unidos acaparan, entre los dos, más de la mitad de todos los milmillonarios del planeta. La riqueza está más concentrada que nunca.

De la fábrica al algoritmo: así surgen los nuevos ricos

¿De dónde sale este ejército de nuevos ricos? El informe Hurun identifica un motor inmediato: la inteligencia artificial. 114 milmillonarios deben su fortuna a empresas vinculadas a la IA, y de ellos 46 acaban de aterrizar en la lista. El fenómeno es transversal: desde los chips hasta los modelos de lenguaje, la tecnología ha creado una generación de patrimonios en tiempo récord.

La velocidad es el otro titular. China sumó 287 nuevos milmillonarios en un solo año, más del doble que los 130 de Estados Unidos. India, con 24, se mantiene en un goteo constante. La diferencia refleja ecosistemas distintos: mientras el capital riesgo chino dispara valoraciones en sectores como los vehículos eléctricos o el comercio electrónico, el estadounidense sigue apoyado en el Big Tech y el deep tech.

Que dos países concentren más de la mitad de los milmillonarios del planeta no es un dato curioso: es un fallo de diseño.

Cuando la riqueza es sinónimo de poder

Conocer dónde viven los más ricos no es un mero ejercicio estadístico. Los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de alcanzar un cargo político que cualquier ciudadano, según Oxfam. La cifra no es nueva, pero adquiere otro peso cuando se cruza con el ritmo de acumulación: la riqueza de los ultrarricos creció un 16% en 2025, tres veces más que la media de los últimos cinco años. Los ricos son cada vez más ricos y, con ello, más influyentes.

El mapa también refleja una movilidad muy selectiva: alrededor del 14% de los milmillonarios son migrantes de alto patrimonio, y Estados Unidos sigue siendo el destino preferido. Casos como el de Elon Musk (sudafricano) o Jensen Huang (taiwanés) ilustran una dinámica que combina talento, capital y un ecosistema fiscal y financiero que atrae fortunas globales.

El sur del planeta se queda atrás de forma sistemática. Los países del Sur global, con el 79% de la población, apenas poseen el 31% de la riqueza mundial. La brecha no se cierra; se ensancha con cada ciclo tecnológico.

La moraleja de esta lista va más allá de la anécdota del sorpasso chino. La velocidad a la que la IA está generando patrimonios cuestiona la capacidad de las políticas fiscales para redistribuir el pastel. Mientras los estados discuten si gravar o no los grandes patrimonios, la próxima hornada de nuevos ricos ya está fabricándose en un laboratorio o en un centro de datos. La pregunta no es qué país lidera el ranking, sino si los mecanismos para evitar que esa riqueza se convierta en un poder sin contrapesos están a la altura de este ritmo.


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