La OTAN ha activado un plan de 40.000 millones de dólares para desplegar drones y escudos antiaéreos en los próximos cinco años, y el mercado ya ha hecho sus apuestas: Airbus, Thales y Leonardo se perfilan como los grandes beneficiarios de esta nueva inyección de gasto militar. Bautizado como Drone Edge, el programa compromete recursos para sistemas ofensivos y defensivos no tripulados, una decisión que busca acelerar la supremacía aérea aliada tras las lecciones aprendidas en Ucrania e Irán.
Claves de la operación
- La iniciativa Drone Edge movilizará 40.000 millones de dólares en cinco años. El programa incluye desde drones de ataque hasta sistemas de interceptación y guerra electrónica.
- El consenso de analistas sitúa a Leonardo y Rheinmetall con el mayor potencial alcista. Leonardo ofrece un recorrido superior al 30% y Rheinmetall, pese a caer un 40% este año, mantiene la mejor recomendación de compra.
- Las compañías estadounidenses también se benefician, pero con menor recorrido en bolsa. Raytheon, Lockheed Martin y Northrop Grumman tienen contratos relevantes, aunque el mercado ve más valor oculto en las europeas.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, fue taxativo al término de la cumbre de Ankara: se necesitan resultados “tangibles”. La creación de un mercado de soluciones contra drones (counter-drone marketplace) abre la puerta a que compañías con tecnologías probadas y compatibles capturen la primera ola de contratos. Y ahí es donde los gigantes continentales han tomado la delantera.
Drone Edge: 40.000 millones para cerrar la brecha de los cielos aliados
El programa no es solo una partida presupuestaria: es una declaración de intenciones estratégica. La OTAN quiere replicar la velocidad de innovación que han exhibido los drones de bajo coste en los conflictos recientes y, al mismo tiempo, levantar una cúpula antiaérea que integre radares, sistemas de guerra electrónica y misiles de interceptación. El mercado de soluciones contra drones, uno de los pilares de Drone Edge, primará a aquellas firmas cuyas tecnologías ya estén desplegadas y hayan demostrado interoperabilidad con los estándares aliados. Es la ventana de oportunidad que estaban esperando los contratistas europeos.
Las europeas que se disputan el contrato del siglo

La sueca Saab AB ha sido una de las primeras en ser seleccionada para proveer sistemas de alerta temprana y defensa aérea. Su éxito reside en plataformas como el GlobalEye, un avión de vigilancia embarcada que la OTAN considera clave para la defensa integrada. El pasado viernes presentó sus resultados del segundo trimestre con un crecimiento de casi el 30% interanual y un beneficio por acción de 3,96 coronas suecas (0,36 euros), por encima de las 3,42 esperadas por FactSet. Aunque es la que menor potencial bursátil presenta entre las elegidas, su posición es sólida.
Thales, con su doble perfil civil y militar, ha elevado recientemente sus previsiones de cartera de pedidos “gracias a un fuerte crecimiento”, apuntan desde Edmond de Rothschild AM. La compañía acaba de comprar la participación de la familia Gorgé en Exail, especializada en drones marítimos, y colabora con Airbus y Leonardo en el Proyecto Bromo de satélites. El consenso sitúa su potencial por encima del 30%.
Hensoldt, la alemana de sensores de alta tecnología, cotiza con una prima del 40% frente a sus comparables en base a beneficios, pero su precio objetivo de 88,9 euros le otorga un recorrido superior al 20%. Sus radares SPEXER, desplegados en varios países aliados, son una pieza angular en la detección de amenazas asimétricas. Es un actor clave en la detección, aunque no en la destrucción física de amenazas.
El mercado está descontando que la guerra de drones no la ganará quien vuele más alto, sino quien detecte más rápido.
Leonardo, el campeón italiano, ha dedicado los últimos años a la guerra electrónica y a crear cúpulas de defensa dinámica que fusionan sensores, radares y algoritmos predictivos. Su recorrido alcista supera el 30% a precios actuales. En el extremo opuesto del espectro, Rheinmetall es la referencia en ‘hard-kill’: la destrucción física de drones mediante munición programable Ahead más barata que los misiles antiaéreos tradicionales. A pesar del desplome del 40% en lo que va de año, el consenso de FactSet le otorga la mejor recomendación de compra del sector europeo. “Consideramos que la reciente debilidad del precio de las acciones es exagerada y proporciona un punto de entrada atractivo”, señalaba el analista de Deutsche Bank, Christoph Laskawi.
Mientras tanto, las estadounidenses Raytheon, Lockheed Martin, Northrop Grumman y AeroVironment también se beneficiarán del rearme, aunque con menor potencial en bolsa. Solo Raytheon, AeroVironment y Northrop Grumman cuentan con consejo de compra, y el mercado, según FactSet, ve más margen de revalorización en las plazas europeas. AeroVironment, conocida por sus drones Switchblade, tiene un pie en el segmento ofensivo y defensivo, lo que la convierte en la más versátil del cuarteto americano.
Airbus y la paradoja española: Indra, la gran ausente en Drone Edge
Airbus presenta una estructura más diversificada que sus rivales directos: el grueso de sus ingresos procede de la aviación civil. Históricamente, su prestigio en defensa se ha construido sobre plataformas tripuladas como el A400M o el Eurofighter, pero en los últimos años ha acelerado la transición hacia sistemas no tripulados y autónomos a través del FCAS y el Eurodrone. Con un precio objetivo de 213 euros, apenas le queda recorrido al alza, lo que explica que los analistas lo recomienden más como valor de cartera que como caballo ganador de esta iniciativa. Aun así, su músculo financiero, alimentado por los pedidos de aviones comerciales, le permite invertir en I+D sin la presión de depender exclusivamente de los contratos de defensa.
Lo que llama la atención, desde una óptica española, es la ausencia de Indra en este reparto. Nuestra principal empresa de defensa tecnológica no aparece en las quinielas de Drone Edge, lastrada quizá por un tamaño que no le permite competir de tú a tú con los Thales y Leonardo. España, que aspira a elevar su gasto en defensa hasta el 2% del PIB, corre el riesgo de que las grandes contratas de la OTAN se queden en manos ajenas mientras sus propias empresas se limitan a participar como subcontratistas. Es una realidad que añade presión sobre los planes de crecimiento de Indra y sobre el papel que el Gobierno quiera jugar en el rediseño de la seguridad europea.
La incógnita que sobrevuela todo este movimiento es si el mercado ya ha puesto en precio estas expectativas. Con Rheinmetall cayendo un 40%, podría interpretarse que los inversores dudan de la capacidad de ejecución de Drone Edge. O, como sugiere Deutsche Bank, que se ha abierto una ventana de oportunidad. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para 2027, será la prueba de fuego para medir si Drone Edge ha cumplido sus promesas. Lo que está claro es que los próximos dos años definirán qué empresas pasan de ser promesas a contratistas consolidados, y quiénes se quedan en el foso de los buenos deseos.





