Los jóvenes son el sector más castigado por la pobreza energética, debido a una de las grandes paradojas del mercado inmobiliario español, donde los jóvenes a pesar de que suelen acceder (si pueden) a viviendas más baratas, acaban siendo mucho más caras energéticamente, debido a los altos costes de mantenimiento y reacondicionamiento de estas viviendas que están pobremente aisladas. En este sentido el recientemente publicado Atlas de Pobreza energética más allá de los resultados, muestra que la calidad del parque residencial, importa y mucho ya que condiciona la vulnerabilidad a las que están expuestas los hogares españoles.
¿Qué es la pobreza energética?
La pobreza energética consiste en una situación donde un hogar tiene dificultades para mantener una temperatura adecuada en su vivienda o debe dedicar una parte muy elevada de sus ingresos para pagar la energía necesaria para vivir una vida digna. Este fenómeno afecta a todos los grupos poblacionales de España, pero de los peor situados son los jóvenes, debido a su dificultad para emanciparse.
Según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 48,7% de los jóvenes vive de alquiler a precio de mercado, frente a solo un 29% que reside en una vivienda en propiedad. La dificultad para comprar vivienda ha provocado además un desplome histórico del acceso a la propiedad: en 2025 los jóvenes de entre 18 y 30 años apenas representaron el 9,6% de los compradores de vivienda en España, frente al 22,5% que suponían en 2007.

No obstante, el gran problema no solo reside en que el acceso a la vivienda es más complicado, sino el que está al alcance de los jóvenes es justo el que pertenece al parque más antiguo. De hecho, España tiene uno de los parques residenciales más envejecidos de Europa, donde alrededor de la mitad de las viviendas fueron construidas antes de 1980, fecha clave porque marca la llegada de las primeras exigencias obligatorias de aislamiento térmico. Eso significa que millones de viviendas actualmente en alquiler fueron diseñadas cuando la eficiencia energética prácticamente no formaba parte de los criterios constructivos.
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De hecho, los datos históricos del INE muestran que las viviendas en alquiler concentran proporcionalmente una parte mayor del parque más antiguo, ya que cerca del 49% de las viviendas alquiladas fueron construidas antes de 1970, frente a porcentajes menores en otros regímenes de tenencia. Esto resulta especialmente relevante porque el alquiler es precisamente la principal puerta de entrada principal de los jóvenes al mercado residencial.
Por su parte, el atlas subraya que las diferencias energéticas entre secciones censales dependen, entre otros factores, de “las características del parque de viviendas”. Y ahí aparece uno de los grandes problemas generacionales actuales: ante el encarecimiento de la vivienda nueva y rehabilitada, muchos jóvenes solo pueden acceder a pisos antiguos, con peor aislamiento térmico y sistemas de climatización ineficientes.
El problema detrás de que la única vivienda accesible de los jóvenes es la antigua
Datos de IDAE apuntan a que las zonas con vivienda más antigua concentran también mayores riesgos de vulnerabilidad energética. En las áreas climáticas donde cerca del 70% de las viviendas fueron construidas antes de 1970 se observan mayores necesidades de rehabilitación, peor aislamiento y un impacto más fuerte de los costes energéticos sobre los hogares.
Por lo que, esta combinación de elementos da pie a una paradoja cada vez más común entre los jóvenes: logran acceder a viviendas más baratas porque son antiguas, pero después necesitan gastar más energía para habitarlas. En invierno, las pérdidas térmicas obligan a aumentar el uso de calefacción; mientras que en verano, especialmente con el aumento de las olas de calor, muchas de estas viviendas acumulan temperaturas extremas y requieren una refrigeración constante. Es decir, lo que podría suponer un ahorro en un principio por optar por vivienda antigua de alquiler, acaba cayendo en saco roto por unos costes energéticos superiores; por lo que al final acaban cayendo en la pobreza energética.

El problema es todavía más relevante si se observa la distribución geográfica del parque envejecido. Según datos del INE, Andalucía, Cataluña, Castilla y León, Comunidad Valenciana y Madrid concentran alrededor del 64% de las viviendas construidas antes de 1980. Y justo, algunas de estas comunidades autónomas aparecen reflejadas en el Atlas como áreas donde los gastos energéticos domésticos son especialmente elevados, ya sea por necesidades de calefacción, o por el creciente peso de la refrigeración eléctrica durante los meses de calor.
En definitiva, la pobreza energética está claro que es un factor multisectorial, pero que debido a las dificultades de emancipación de los jóvenes, estos acaban forzados a adquirir un contrato de alquiler en una vivienda antigua que merma sus capacidades económicas por los altos costes energéticos. Por lo que, como cualquier factor de pobreza en nuestro país, quien más lo sufre acaba siendo quien menos oportunidades tiene para plantar cara a esta clase de problemas.




