Navantia propone el LASV75, el buque autónomo de 75 metros para la marina híbrida del Reino Unido

La filial británica ha invertido 157 millones de libras en sus astilleros para fabricar plataformas modulares. El LASV75 busca integrarse en la Royal Navy como escolta sin tripulación en escenarios exigentes.

Navantia UK, la filial británica de Navantia, ha puesto sobre la mesa una propuesta que podría redefinir la escolta naval en el siglo XXI. El LASV75, un buque autónomo de 75 metros y más de 1.000 toneladas, aspira a formar parte de la futura marina híbrida de la Royal Navy como plataforma sin tripulación capaz de acompañar a fragatas y destructores en misiones de alto riesgo.

Claves de la operación

  • Inversión de 157 millones de libras en astilleros británicos. La filial de Navantia despliega el mayor plan industrial de su historia en el Reino Unido para automatizar la construcción naval.
  • Buque modular de 75 metros pensado para operar sin tripulación. El LASV75 se concibe como escolta reconfigurable con cargas útiles intercambiables bajo estándar OTAN.
  • Posicionamiento en el nicho emergente de la marina híbrida. La apuesta por plataformas autónomas de gran tonelaje aspira a capturar contratos de la Royal Navy antes que sus competidores europeos.

La propuesta, presentada recientemente en el Combined Naval Event de Farnborough, añade un eslabón nuevo a la estrategia naval británica. No se trata de un dron pequeño, sino de un escolta de gran porte diseñado desde la quilla para operar de forma autónoma con cargas útiles intercambiables.

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Un casco modular para que cada misión tenga su propio LASV75

Con 75 metros de eslora y un desplazamiento superior a las 1.000 toneladas, el LASV75 se aleja de la imagen del vehículo no tripulado ligero. Navantia UK lo concibe como una plataforma robusta, preparada para aguantar condiciones severas como las del Atlántico Norte y sostener presencia prolongada sin apoyo humano a bordo.

La modularidad es el eje del diseño. En la maqueta mostrada en Farnborough se apreciaba una cubierta preparada para distintas cargas útiles, sensores intercambiables y un mástil configurable. Todo ello bajo interfaces estándar de la OTAN, lo que facilita la interoperabilidad con las fuerzas aliadas.

Simon Jones, responsable de la compañía, lo resumió con un ejemplo: para tener una capacidad persistente y creíble en las aguas heladas del Atlántico Norte, hace falta un buque de este tamaño. La apuesta es clara: no basta con añadir autonomía a plataformas pequeñas; hay que escalar el concepto para misiones reales.

La propuesta no es un barco para una tarea, sino un lienzo sobre el que la Royal Navy podría pintar distintas misiones.

157 millones de libras para que cuatro astilleros fabriquen el futuro

Para que el LASV75 no se quede en un modelo de salón, Navantia UK está invirtiendo 157 millones de libras (unos 181 millones de euros) en sus cuatro centros británicos —Appledore, Arnish, Belfast y Methil— con el objetivo de convertirlos en instalaciones de vanguardia.

La joya del plan es una línea automatizada de paneles de acero en Belfast, pensada para acelerar la construcción de grandes bloques con mayor precisión y menos errores. La compañía aplica aquí el concepto Shipyard 5.0 que ya despliega en su matriz española, y apunta a reducir hasta un 30% los plazos habituales de diseño y construcción de grandes buques.

marina híbrida Reino Unido

¿Está la Royal Navy lista para un escolta de 1.000 toneladas sin tripulación?

El salto de los drones navales pequeños a un buque autónomo de este porte plantea preguntas aún sin respuesta. La más inmediata: ¿confía un mando militar en una plataforma sin marineros para operar en un entorno de amenaza híbrida, con guerra electrónica y riesgo de colisión? Navantia sostiene que la clave está en integrar sistemas de decisión autónoma con supervisión humana desde el buque nodriza, pero el concepto aún debe ser validado por la Royal Navy.

Desde la industria se insiste en que el coste y la velocidad de producción pueden inclinar la balanza. Un buque no tripulado se construye con menos sistemas de soporte vital, menor dotación y plazos más cortos. Si, como promete Navantia, el LASV75 se puede fabricar en un 30% menos de tiempo que un escolta tradicional, el argumento económico puede ser más convincente que el tecnológico.

De la F-100 al LASV75: la carta española en la industria naval británica

Navantia UK juega con dos bazas heredadas de su matriz española. Por un lado, la experiencia acumulada en programas complejos como las fragatas de la serie F-100 —exportadas a Australia y Noruega— o los submarinos S-80, que han requerido dominar sistemas de combate, integración de sensores y construcción modular. Por otro, la capacidad industrial de un grupo público que, bajo el paraguas de la SEPI, ha mantenido astilleros competitivos en un sector dominado por gigantes como BAE Systems.

En el ecosistema español de defensa, Indra —la única cotizada del IBEX 35 con presencia relevante en guerra electrónica y sistemas de misión naval— complementa este tejido industrial. Aunque la competencia directa del LASV75 en Reino Unido vendrá de actores como BAE o Babcock, Navantia apuesta por un nicho aún no copado: los grandes autónomos de superficie.

El recorrido del LASV75 depende de cómo evolucione el programa de buques autónomos de la Royal Navy, que aún está en fase de concepto. Si Londres decide incorporar escoltas no tripulados de gran tonelaje, la propuesta española tendrá una ventana de oportunidad. Pero convertirse en proveedor de referencia requerirá superar una fase de prototipado y pruebas en mar real. El camino no ha hecho más que empezar.


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