Contra todo pronóstico de las encuestas, Iván Cepeda, el heredero político de Gustavo Petro, quedó segundo en la primera vuelta presidencial colombiana. Convencido de arrasar, rechazó participar en los debates y vaticinaba una victoria con más del 50% de los votos. Al final no solo no ganó sino que perdió el liderazgo frente a Belardo de la Espriella, que capitalizó el descontento con un discurso de firmeza. Como analiza Juan Ramón Rallo en su último vídeo, estos comicios fueron un referéndum sobre la gestión petrista, y el veredicto fue un suspenso rotundo.
El estancamiento económico que ahogó al país
Rallo desgrana los datos: la renta per cápita de Colombia apenas creció un 1,8% entre 2022 y 2025. Tres años de gobierno para un avance residual, impropio de un país en vías de desarrollo. La inversión privada, motor del crecimiento sostenido, se desplomó como porcentaje del PIB hasta niveles históricamente bajos. Las políticas intervencionistas y antiempresariales espantaron a los empresarios, que dejaron de inmovilizar capital en el país. El clima de negocios, según el economista, se volvió arbitrario y asfixiante.
Y para disimular esta parálisis, Petro infló el déficit público. Recibió un deficit del 3% del PIB y lo multiplicó por más de dos, llevándolo a cifras propias de la pandemia. Sin ese estímulo artificial, la economía habría entrado en decrecimiento.
De hecho, según Rallo, si se descuenta el impulso fiscal, la economía colombiana habría mostrado una contracción neta. La caída de la inversión ha sido tan severa que compromete el crecimiento a largo plazo.
La ‘paz total’ que solo benefició a los violentos
La gran apuesta de Petro en seguridad fue la paz total, una estrategia que, según recuerda Rallo, buscaba la connivencia e incluso la rendición ante los grupos terroristas con los que el propio mandatario estuvo vinculado en su juventud. Los resultados no acompañaron: la tasa de homicidios, lejos de mejorar, se mantuvo estancada en torno a los 25 por cada 100.000 habitantes, según datos citados por Rallo. Colombia, que había reducido los secuestros de forma continua desde 2012, vio cómo la tendencia se quebró nada más llegar Petro a la presidencia.
En 2025 se contabilizaron 700 secuestros, casi cuatro veces más que antes de su mandato y más del doble que en los años 2010-2012. Rallo denuncia que la impunidad para los violentos se convirtió en la marca de la casa. De ahí que Belardo de la Espriella, el candidato que promete mano dura contra guerrilleros y terroristas, haya captado tanto voto en esta primera vuelta.
El contraste con la política de mano dura que abandera de la Espriella ha sido determinante para movilizar a un electorado harto de la inseguridad.
‘De ahí que alrededor del 60% de colombianos le hayan dado la espalda a su heredero en esta primera vuelta’
— Juan Ramón Rallo
Los escándalos de corrupción que derrumbaron su imagen
Rallo enumera hasta cuatro grandes casos que salpicaron al Gobierno. Primero, los sobrecostos en la compra de carro-tanques de la UNGRD, que llevaron a prisión preventiva a los exministros de Hacienda y del Interior y a los presidentes del Congreso. Segundo, la presunta financiación irregular de la campaña de 2022, con superación de topes electorales. Tercero, las investigaciones contra Nicolás Petro por lavado de activos y enriquecimiento ilícito. Y cuarto, la red de corrupción dentro del Ministerio de Justicia dedicada a la venta de certificados ilegales.
El índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional, que hasta 2022 mostraba una cierta mejoría, se desplomó a partir de 2023 hasta mínimos históricos, borrando cualquier atisbo de imagen de político honesto que Petro pudiera haber cultivado.
El deterioro institucional fue tan grave que incluso los sectores que confiaban en la bandera ética del petrismo se sintieron traicionados.
El veredicto de las urnas: un ‘no’ contundente al petrismo
Rallo explica que Petro llegó al poder en 2022 gracias a la nefasta gestión de Iván Duque y a una oposición desunida que presentó como rival a un outsider octogenario, Rodolfo Hernández. Quienes entonces votaron contra Duque han castigado ahora a su sucesor. Con el 60% del electorado en contra y los votos pendientes mayoritariamente de centro-derecha y derecha, las casas de apuestas otorgan a de la Espriella más de un 90% de probabilidades de ganar la segunda vuelta.
Así, la continuidad del proyecto petrista parece sentenciada. El próximo presidente heredará un país estancado, con la inversión privada hundida, un déficit público disparado y una corrupción sistémica. El reto de enderezarlo es monumental.
La segunda vuelta, salvo un giro inesperado, se presenta como un trámite que confirmará el cambio de ciclo político en Colombia.
El suspenso de los colombianos a la presidencia de Petro ha sido rotundo. Su heredero no solo perdió la primera vuelta, sino que se dejó por el camino la Casa de Nariño. La pregunta que flota en el ambiente es si el próximo mandatario tendrá la capacidad de revertir un legado que, según el análisis de Rallo, ha sido un fracaso en toda regla. Colombia necesita recuperar la confianza perdida, y el camino no será sencillo.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo de Juan Ramón Rallo. En él, Rallo profundiza en cada uno de estos datos.





