Guerra Israel Líbano: el impacto económico del corte eléctrico que amenaza la región

El avance militar más allá del río Litani y los ataques a infraestructuras hidroeléctricas amenazan con disparar los costes del comercio marítimo en el Mediterráneo oriental. El Gobierno israelí estudia cortar el suministro eléctrico a Líbano, una medida que podría encarecer el t

La amenaza de un apagón forzoso en Líbano ya no es retórica. El Gobierno israelí ha puesto sobre la mesa cortar el suministro eléctrico al país vecino mientras sus tropas cruzan el río Litani, la línea roja que Benjamín Netanyahu había marcado como límite de la ofensiva. Lo que empezó como una operación limitada contra Hezbolá se ha convertido en una guerra total contra las infraestructuras libanesas, y los economistas empiezan a calcular cuánto le costará a la región.

Las tropas israelíes avanzaron el pasado viernes más allá del Litani por primera vez desde el inicio de la escalada. Netanyahu confirmó que sus fuerzas habían cruzado el río y se dirigían a “las tierras altas”. El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, prometió “intensificar el daño causado a Hezbolá” y alejar la amenaza terrorista de las comunidades del norte. Ese mismo día, el Ejecutivo ya había publicado un mapa que dividía el sur del país con una línea amarilla, similar a la empleada en Gaza, creando una zona de seguridad de hasta diez kilómetros.

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Israel ya controla militarmente 47 municipios del sur del Líbano, muchos de ellos completamente destruidos. Según Naciones Unidas, más de un millón de personas han sido desplazadas; el 80% carece de acceso a refugio. La orden de evacuación total y la imposibilidad de regresar están configurando una crisis humanitaria que, sin embargo, no ha frenado los planes de ampliar la ofensiva.

El salto cualitativo llegó esta misma semana, cuando la aviación bombardeó las inmediaciones de la presa de Qaraoun, el mayor embalse de agua del país y pilar de la seguridad hídrica y energética libanesa. La Autoridad del río Litani denunció “ataques reiterados” contra las carreteras e instalaciones asociadas, y advirtió de “riesgos catastróficos” en caso de un impacto directo. Pero la amenaza más disruptiva para la economía regional la lanzó el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, al pedir “cortar el suministro eléctrico al Líbano” y avanzar hasta el río Zahrani, donde se ubican centrales críticas.

El apagón eléctrico no solo sumiría a Líbano en una oscuridad total —el país ya sufre cortes diarios de hasta 20 horas—, sino que golpearía las cadenas de suministro del Mediterráneo oriental. Las dos principales plantas eléctricas, Zahrani y Deir Ammar, dependen de un frágil sistema de distribución que cualquier ataque puede colapsar. Los puertos de Beirut y Trípoli, nodos logísticos para mercancías con destino al canal de Suez, verían comprometida su operativa y aumentarían los costes de los fletes.

Cortar la luz en Líbano no solo agrava una emergencia humanitaria: inyecta un nuevo factor de incertidumbre en una de las rutas marítimas más transitadas del planeta.

Consecuencias económicas: del apagón libanés al sobrecoste en los fletes mediterráneos

La electricidad es el talón de Aquiles de la economía libanesa. El sector industrial, que representa menos del 15% del PIB, depende casi por completo de generadores diésel para suplir los cortes de red. Un apagón total provocaría la parálisis de fábricas, el cierre de comercios y un encarecimiento adicional de productos básicos en un país que arrastra una inflación de tres dígitos desde 2020.

Pero el impacto no se queda en la frontera. El Mediterráneo oriental es un corredor clave para el tránsito de mercancías entre Asia y Europa, y la inestabilidad en Líbano —sumada a las tensiones en el mar Rojo— está elevando las primas de seguro y los costes de combustible para las navieras. “Cualquier incidente que deteriore la seguridad energética en la zona se traduce en recargos por riesgo de guerra que acaban pagando los consumidores europeos”, explican fuentes del sector logístico.

Además, la destrucción de infraestructuras como la presa de Qaraoun afecta al riego agrícola y al suministro de agua potable, lo que puede disparar los precios de los alimentos en un país que importa más del 80% de sus cereales. La combinación de caída de la producción local y encarecimiento de las importaciones recuerda los peores meses de la crisis económica libanesa de 2021-2023, pero esta vez con el añadido de un conflicto armado activo.

escalada militar Líbano

Análisis: un contagio económico de difícil contención

La estrategia de tierra quemada que Israel está aplicando en el sur del Líbano reproduce el patrón de Gaza: destrucción masiva de viviendas e infraestructuras civiles para presionar a Hezbolá. Pero las consecuencias económicas de tumbar la red eléctrica libanesa pueden ser mucho más expansivas que las del bloqueo a la Franja. Líbano es un país de tránsito y su colapso afecta a las rutas comerciales que conectan tres continentes.

Los analistas advierten de que un corte eléctrico prolongado no solo multiplicaría los costes de los fletes, sino que podría desatar una nueva ola migratoria hacia Europa y tensionar aún más los mercados energéticos. Aunque el precio del petróleo se ha mantenido relativamente estable, un incidente en las terminales de almacenamiento del Mediterráneo oriental podría alterar esa calma. “El mercado está descontando un conflicto contenido, pero la realidad sobre el terreno apunta justo en la dirección contraria”, señala un informe de una consultora energética que prefiere no ser citada.

La respuesta de la comunidad internacional ha sido, hasta ahora, tibia. Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán no han logrado frenar la ofensiva, y la Unión Europea observa con preocupación cómo un socio comercial estratégico —Israel— degrada la estabilidad de una ruta marítima fundamental para sus intereses. La pregunta que sobrevuela las cancillerías es si el coste económico de esta escalada empezará a notarse en los bolsillos de los consumidores europeos antes de que la diplomacia consiga imponerse.

Lo que ocurra en las próximas semanas con la amenaza eléctrica definirá si el Mediterráneo oriental se convierte en un nuevo foco de riesgo sistémico para el comercio global. Y, como hemos aprendido en crisis anteriores, las guerras a menudo golpean la economía mucho antes de lo que los mapas de riesgo calculan.


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