Escapa del sofoco de Madrid: las cascadas de Roblelacasa con reserva previa obligatoria

A menos de dos horas de Madrid hay un pueblo de piedra oscura con una cascada doble donde bañarte gratis. La ruta es sencilla y la recompensa, un chapuzón que no olvidarás.

Roblelacasa no sale en las guías turísticas grandes, y quizá por eso sigue intacto. Es una pedanía diminuta de Campillo de Ranas, en el corazón de los Pueblos Negros de Guadalajara, y desde sus calles empedradas de pizarra arranca un sendero que termina en un par de pozas naturales dignas de postal.

El plan es sencillo: aparcar en el pueblo, calzarse unas botas cómodas y caminar entre jaras y robles hasta llegar al agua. No hace falta ser un senderista experto, aunque conviene ir preparado, porque el camino tiene sus desniveles y algún vadeo de río.

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Roblelacasa, la puerta de entrada a la Sierra de Ayllón

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El pueblo se asienta a los pies del pico Ocejón, en la vertiente sur de la sierra de Ayllón, y es uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura negra de toda la provincia. Sus casas de una sola planta, con muros y tejados de pizarra oscura, parecen fundirse literalmente con el paisaje que las rodea.

Pasear por Roblelacasa antes de salir de ruta ya merece la pena. Las calles están pavimentadas con losetas de la misma piedra que forma las fachadas, así que el pueblo entero parece tallado en un único bloque de roca gris-azulada. El aparcamiento de visitantes, una pradera amplia a la entrada, es el punto de partida habitual.

De Roblelacasa a las Cascadas del Aljibe

Roblelacasa forma parte de esa red de pueblos de arquitectura negra que salpican la Sierra Norte de Guadalajara, un patrimonio comparable al de Patones de Arriba, en Madrid, pero mucho menos transitado. La combinación de piedra oscura y naturaleza salvaje es lo que atrae cada verano a más visitantes hasta este rincón.

El recorrido hasta la cascada apenas suma seis kilómetros de ida y vuelta, entre dos y dos horas y media caminando con calma. Se sigue el sendero señalizado como Camino de Matallana, que cruza el pueblo abandonado del mismo nombre antes de llegar al arroyo del Soto.

Un chapuzón entre pizarra negra

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Las Cascadas del Aljibe, también conocidas como Pozas de Matallana, son en realidad un doble salto de agua que suma entre diez y doce metros de caída total. La primera cascada baja entre tres y cuatro metros; la segunda, de siete a ocho.

Lo que las hace especiales no es su tamaño, sino la forma en que el agua ha esculpido dos pozas circulares en la roca oscura, como si fueran aljibes de piedra tallados por la naturaleza. En pleno verano, con temperaturas que en Madrid se disparan, el chapuzón aquí sabe distinto.


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