Cuando los bancos centrales de China, Turquía y otros países compraron cerca de mil toneladas de oro en un solo año, muchos inversores particulares empezaron a hacerse la misma pregunta: ¿llego tarde? Jesús García, especialista en oro y plata de inversión, tiene una respuesta clara, aunque no es la que todos esperan.
Para García, el oro no es una inversión al uso. «Todas las empresas, todos los países y todas las monedas acaban desapareciendo; el oro sigue ahí», resume. Desde esa premisa, su visión del metal precioso como herramienta de preservación patrimonial cobra una lógica distinta a la de los mercados financieros convencionales.
Por qué los bancos centrales compran oro y qué nos dice eso

Durante décadas, las reservas de los grandes estados se concentraron en dólares y bonos del tesoro estadounidense. El cambio de los últimos años tiene una explicación concreta: lo que le ocurrió a Rusia cuando sus activos fueron congelados tras la invasión de Ucrania, o los bloqueos aplicados a Venezuela, dejaron una lección muy clara para cualquier gobierno que observe desde fuera. Si tus reservas están en moneda extranjera, dependes de quien emite esa moneda.
Esa es precisamente la lógica que García traslada al inversor particular. «Quizá hay que tener algo que no dependa de los que mandan en el mundo para poder mandar nosotros sobre nosotros mismos», señala. El razonamiento que hoy aplican los bancos centrales más conservadores del planeta no es tan diferente al que puede mover a una familia con ahorros modestos.
El precio del oro subió alrededor de un 65% en 2025, impulsado por esa demanda institucional y por los flujos de los grandes fondos cotizados. Sin embargo, García hace una distinción que considera esencial: comprar oro a través de un ETF y comprar oro físico no son la misma cosa. «La manera más rentable y más líquida de comprar oro es a través de un ETF, pero no lo posees», advierte. Quien quiere el metal como protección real frente a escenarios extremos necesita tenerlo en su poder, no en un papel que acredita que alguien lo custodia en su nombre.
Los errores más comunes al comprar oro y cómo evitarlos
Uno de los malentendidos más extendidos entre quienes se acercan por primera vez al sector es confundir la joyería con el oro de inversión. En España, las joyas suelen ser de 18 quilates, lo que las convierte en un producto sujeto a IVA y con márgenes comerciales que pueden ir del 60% al 300% sobre el valor del metal. El oro de inversión, de 24 quilates, está exento de ese impuesto y sus márgenes son radicalmente distintos: entre el 1% en piezas grandes y el 10 o 15% en las más pequeñas.
Otro error frecuente es comprar en refinerías desconocidas atraído por un precio ligeramente inferior al de mercado. García lo explica sin rodeos: el día que se quiera vender ese lingote, el comprador exigirá más pruebas de autenticidad, el mercado será más pequeño y el precio de venta será notablemente peor. La liquidez, que es precisamente lo que diferencia al oro de otros activos tangibles, queda comprometida. Un lingote de una refinería certificada por la LBMA —la Asociación del Mercado del Oro de Londres— es reconocido en cualquier país del mundo. Un lingote sin esa acreditación, no.
La cuestión del almacenamiento también genera dudas. García no ve mal guardar este metal en casa para cantidades pequeñas, siempre con discreción. Para quienes acumulan volumen con el tiempo, las cajas de seguridad privadas o las custodias en el extranjero son opciones razonables, con costes que parten de unos 45 o 50 euros al mes para una caja de tamaño básico.
Por último, García establece un paralelismo entre el oro y Bitcoin que sorprende a quien espera encontrar rivalidad entre ambos activos. Comparten el mismo fundamento: escasez, independencia del sistema y valor que no depende de ningún emisor centralizado. La diferencia principal es práctica. «Tú no puedes cruzar una frontera con 20 kilos de oro, pero sí con 20 bitcoins», apunta.
Cada formato tiene sus ventajas según el contexto, y él no los enfrenta sino que los ve como herramientas complementarias para quien quiere construir un patrimonio fuera del circuito bancario tradicional.





