Pablo Gil (60), economista: “Tener el dinero en el banco es perderlo poco a poco; si no inviertes, pierdes seguro”

Pablo Gil advierte que dejar el dinero inmóvil en el banco implica perder poder adquisitivo frente a la inflación. El economista defiende la inversión temprana, la automatización del ahorro y una mayor educación financiera para proteger el patrimonio familiar.

El mito de que mantener el dinero bajo llave o en una cuenta corriente es la opción más segura se desmorona ante la realidad del coste de la vida. En un entorno donde la inflación muerde el poder adquisitivo, la pasividad financiera se paga cara, transformando el concepto tradicional de seguridad en una pérdida garantizada a largo plazo.

El analista de mercados Pablo Gil sostiene que la inacción es el verdadero peligro para el patrimonio familiar. Según su perspectiva, la falta de educación financiera nos empuja a tomar decisiones erróneas, dejando desprotegidos los ingresos que tanto cuesta ganar.

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El problema no es el dinero, sino la educación financiera

He encontrado cuentas que pagan hasta un 2,85% TAE: así es como protejo mi dinero de la inflación sin complicaciones
Fuente: agencias

Gil apunta a un fallo estructural antes de hablar de productos concretos. «El sistema es muy pernicioso porque te enseñan a trabajar, pero no te enseñan a invertir». España arrastra una incultura financiera profunda que, según el economista, no tiene excusa técnica: hablar de dinero, de rentabilidad y de riesgo puede hacerse de forma atractiva, con casos reales, del mismo modo que un buen profesor de física consigue enganchar a sus alumnos sin recurrir a fórmulas áridas.

El ejemplo que usa Gil para ilustrar el poder del tiempo es difícil de olvidar. Una persona joven que aparte 500 euros al año —menos de 50 euros al mes— e invierta a un rendimiento del 6% anual llegará a la jubilación con 88.000 euros. Si ese mismo ejercicio empieza diez años más tarde, el resultado cae a la mitad: 43.000. Misma cantidad mensual, misma rentabilidad, diferente momento de arranque. La conclusión es directa: «Importa mucho más el momento de empezar que la cantidad con la que empiezas».

El método que propone para quien no sabe por dónde comenzar es sencillo. El mismo día que entra la nómina, una transferencia automática separa una fracción hacia una cuenta de inversión. «Tú vas a consumir todo el dinero que percibas; saca una parte el mismo día que estás cobrando», insiste. Quien cobra 1.000 euros empieza a pensar que cobra 980 o 950. Lo que queda en la cuenta de siempre es lo que gasta. Lo que va a la cuenta de inversión deja de existir en el presupuesto cotidiano, y con el tiempo se convierte en patrimonio.

Un menú de opciones para cada apetito de riesgo

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Una vez separado ese dinero, Gil despliega una gama de alternativas ordenadas de menor a mayor riesgo. En el extremo más conservador están las letras del tesoro y la renta fija, con rendimientos de entre el 2,5% y el 3,5% según el momento del mercado. No baten con holgura a la inflación, pero tampoco dejan que el dinero pierda capacidad de compra, y el riesgo es prácticamente nulo a plazos de tres o seis meses.

Un escalón más arriba aparecen los bonos corporativos, préstamos a empresas que pagan algo más precisamente porque asumen algo más de incertidumbre. Después, el sector inmobiliario en distintos formatos: desde la compra de un activo completo para ponerlo en alquiler hasta la tokenización, que permite adquirir fracciones de inmuebles desde poco más de 100 euros con rentabilidades de entre el 10% y el 12%.

Gil defiende el ladrillo con matices. A su juicio, tiene una ventaja psicológica que la bolsa no ofrece: nadie mira a diario cuánto vale su piso. Ese distanciamiento evita el error más común entre inversores en renta variable. Mucha gente invierte en bolsa y, cuando baja un diez por ciento, se mueren del susto y salen escopetados en el peor momento posible. Venden en el valle y pierden la recuperación.

El oro ocupa un lugar particular en su análisis. No genera rendimientos ni paga dividendos, y almacenarlo tiene un coste. Sin embargo, en perspectiva histórica ha mantenido la capacidad de compra durante siglos con una consistencia que pocos activos pueden igualar.

Las criptomonedas cierran el recorrido. Gil distingue con claridad entre Bitcoin —que describe como dinero real de transferencia entre pares, con una capitalización superior a la de todas las demás criptomonedas juntas— y las altcoins, que compara con aplicaciones móviles: algunas triunfan, muchas desaparecen.


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