Interviú, 50 años después: sexo y política en la España de la Transición

Hubo un tiempo en que una portada de Interviuú podía cambiar la conversación de un país entero. Una foto semidesnuda, una exclusiva política o un crimen contado sin filtros bastaban para disparar las ventas y colocar a millones de españoles frente al kiosco.

Hace ahora 50 años nacía una revista que mezcló destape, investigación y denuncia social hasta convertirse en uno de los fenómenos periodísticos más influyentes —y polémicos— de la Transición y de las décadas posteriores.

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El periodista Luis Miguel Montero, que trabajó durante 26 años en la publicación y acaba de publicar el libro De Lola Flores a los papeles de ETA: los secretos mejor guardados de la revista Interviú, resume así el espíritu de aquella fórmula según el editor Antonio Asensio: «España necesitaba sexo y política. Vamos a darle sexo y política y a ver qué pasa». Y pasó. El primer número agotó una tirada de 400.000 ejemplares.

Poco después, algunas portadas superarían el medio millón. Aunque la leyenda ha colocado durante décadas a Antonio Asensio como el gran cerebro de la revista, Montero matiza el mito. «En realidad, el proyecto no nace solo de Antonio Asensio. Había otros dos socios y venían de intentar hacer revistas antes».

El germen de Interviú fue casi artesanal: una imprenta heredada, breve experiencia editorial y varios intentos previos chocando contra la censura de los últimos años del franquismo. La familia Asensio procedía de Zaragoza, aunque desarrolló el negocio en Barcelona. La imprenta familiar trabajaba incluso para cabeceras como La Vanguardia y el joven Antonio repartía pruebas en moto antes de convertirse en empresario editorial. «

Los primeros números de Interviú ni siquiera tenían director», recuerda Montero. Después llegaría el fichaje del periodista Antonio Álvarez Solís y una identidad editorial mucho más definida.

El origen de la revista también tiene algo de improvisación. Uno de los nombres que los socios guardaban para futuros proyectos era ‘Interview’. Acabó derivando en Interviú. Para la primera portada consiguieron a una modelo sueca que era amiga de la mujer de un socio de Asensio, José Hilario. «Dentro ni siquiera había fotos», explica Montero. «Fue un poco una prueba». Y la prueba funcionó.

La revista construyó rápidamente una fórmula reconocible basada en «cuatro patas»: mujeres desnudas o semidesnudas, escándalos políticos, sucesos y denuncia social. En las mismas páginas convivían asesinatos, huelgas obreras, corrupción, terrorismo y estrellas del espectáculo. «Era un cóctel de contenidos», resume Montero.

Aquella mezcla conectó de lleno con una España que salía del franquismo y consumía libertad con ansiedad. La gran explosión llegaría en 1977 con la portada de Marisol. Las fotografías tomadas por César Lucas ni siquiera habían sido pensadas inicialmente para la revista: estaban destinadas al mercado estadounidense. Pero acabaron convirtiéndose en uno de los grandes símbolos del destape. «Marisol agotó medio millón de ejemplares», recuerda Montero. «Era una mujer con la que había soñado toda España».

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Con el tiempo, Interviú se transformó en una maquinaria gigantesca. Por la revista pasaron firmas como Francisco Umbral, Camilo José Cela, Manuel Vázquez Montalbán o Joaquín Sabina. «En la misma revista podían convivir Umbral y Emilio Romero, o la Pasionaria y Fuerza Nueva», recuerda Montero. «Y funcionaba perfectamente».

La publicación fue acusada muchas veces de amarillismo. Montero lo discute. «Nunca se publicó nada que no estuviera probado», sostiene. Y reivindica la capacidad de la revista para darle «la vuelta» a la actualidad mezclando investigación y espectáculo. En sus páginas aparecieron desde los ‘papeles de ETA, Sokoa, hasta escándalos políticos, pasando por los llamados «falsos robados», exclusivas sobre corrupción o desnudos históricos como el de Marta Sánchez, considerado uno de los números más vendidos de toda su historia.

La Interviú de los 2000: llega Gran Hermano

Interviú también entendió antes que nadie el cambio hacia la televisión-espectáculo. La irrupción de Gran Hermano alteró el ecosistema mediático y la revista se adaptó rápidamente a los nuevos famosos televisivos y a «la cara B» de los personajes. Pero el tiempo acabó pasando factura. La crisis económica de 2008, el desplome publicitario y la llegada de internet golpearon un modelo basado en el impacto visual y la exclusiva semanal. «Interviú no se adaptó al periodismo online», admite Montero. «Antes una portada desnuda paralizaba el país; ahora circulalaría por redes sociales en segundos».

La revista cerró en 2018 tras varios años en crisis. Montero cree que Antonio Asensio padre probablemente habría intentado transformarla antes de bajarle la persiana definitivamente. «Quizá mensual, quizá digital. Pero el hijo tenía otros intereses más audiovisuales».

Cinco décadas después del primer número, el eco de Interviú sigue vivo porque fue mucho más que una revista de destape. Fue el espejo exagerado, incómodo y contradictorio de una España que aprendía a convivir con la libertad y el escándalo casi al mismo tiempo.


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