Goldman Sachs advierte: nueva amenaza para el petróleo por la escalada en Irán

El banco de inversión da un giro a sus previsiones y apunta a la inestabilidad en el Golfo Pérsico. La producción de Oriente Medio sigue 10,5 millones de barriles diarios por debajo de niveles prebélicos.

La amenaza de una crisis petrolera regresa al radar de los mercados. Goldman Sachs ha dado un giro radical a su previsión, advirtiendo de que la escalada de hostilidades en el Golfo Pérsico, especialmente en Irán, podría desencadenar una interrupción prolongada del suministro mundial de crudo. Hace apenas una semana, el banco de inversión advertía de un inminente exceso de oferta. Ahora, sus analistas de materias primas han cambiado el discurso: el riesgo de disrupción en el Estrecho de Ormuz eclipsa cualquier otro factor.

La nota de Goldman, recogida por Bloomberg, subraya que aunque los productores de Oriente Medio han comenzado a reabrir pozos en el último mes, las perturbaciones en Hormuz —por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial— podrían frenar en seco esa recuperación. La producción de la región sigue 10,5 millones de barriles diarios por debajo de los niveles anteriores a la guerra. Un agujero que, si se cronifica, tensaría los mercados globales como no se veía desde la crisis energética de 2022.

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Los ataques a petroleros en el Golfo Pérsico han reavivado los temores de una interrupción del tránsito, que ya afectó a los precios en 2022. Las milicias respaldadas por Irán han intensificado sus operaciones en las últimas semanas, según fuentes de inteligencia regionales. El temor de Goldman Sachs es que una escalada mayor —con represalias sobre las terminales de carga o los navíos— convierta el estrecho en un cuello de botella insalvable durante meses. La historia reciente demuestra que el mercado no descuenta estos riesgos hasta que es demasiado tarde.

El giro de Goldman Sachs: de exceso de oferta a crisis de suministro

El cambio de tono de Goldman Sachs no es menor. Hace siete días sus economistas proyectaban un superávit de hasta 1,2 millones de barriles diarios para el segundo semestre, gracias a la recuperación de Libia, Angola y la producción de esquisto de Estados Unidos. El banco había pronosticado que el Brent caería a 68 dólares en septiembre. Ese escenario ha saltado por los aires. Ahora, los mismos analistas hablan de “interrupción prolongada” y señalan directamente a la inestabilidad en Irán como el principal detonante.

El temor no es infundado. El Estrecho de Ormuz es el paso marítimo más importante del mundo para el comercio de crudo. Diariamente lo cruzan 17 millones de barriles de petróleo y productos refinados. Un cierre parcial o total, incluso temporal, dispararía los precios de forma inmediata. Goldman recuerda que los ataques de 2019 a petroleros saudíes añadieron 6 dólares de prima de riesgo al Brent en una semana. Esta vez, con la producción global ya tensionada, el impacto podría ser mayor.

La advertencia del banco de inversión subraya una realidad incómoda: la capacidad de reacción de la OPEP+ es limitada. Arabia Saudí y Emiratos mantienen algo de capacidad ociosa, pero el resto de miembros apenas pueden bombear más. La cuota de mercado de productores expuestos a Hormuz —Irak, Kuwait, Catar, Irán— ronda los 12 millones de barriles diarios. Cualquier bloqueo en el estrecho dejaría sin salida a más de la mitad de ese volumen. Goldman lo resume en una frase: “Hormuz disruptions could slow down the production recovery”.

La producción de Oriente Medio, 10,5 millones de barriles diarios por debajo de niveles previos a la guerra

La cifra clave del informe es ese déficit de 10,5 millones de barriles diarios respecto a los volúmenes prebélicos. Parte de esa brecha se debe a las sanciones que mantienen a raya las exportaciones iraníes y, en menor medida, a la lenta recuperación de Irak. Pero también a los destrozos en infraestructuras que aún no se han reparado. La nota de Goldman advierte de que, aunque los productores han empezado a desempolvar pozos cerrados, la escalada de las hostilidades podría detener esa tendencia justo cuando más falta hace el crudo en el mercado.

De hecho, la producción en Oriente Medio sigue 10,5 millones de barriles diarios por debajo de los niveles prebélicos, una cifra que el banco califica de “preocupante”. Si las tensiones en el Golfo interrumpen las operaciones logísticas, algunos campos se verían forzados a cerrar de nuevo. El círculo vicioso es evidente: menos producción, más tensión en precios y más incentivos para ataques que la propia inestabilidad alimenta.

La comunidad inversora ya ha empezado a tomar nota. En las últimas sesiones, el Brent ha añadido cuatro dólares y medio, situándose en 91,3 dólares al cierre de ayer. Los futuros a un mes reflejan una prima de riesgo geopolítico que, según los analistas, no se veía desde el inicio de la guerra en Ucrania. Las opciones de compra sobre crudo se han disparado un 40% en tres días, señal de que los fondos de cobertura están cubriéndose contra un repunte violento.

La amenaza en el Estrecho de Ormuz no es nueva, pero su reaparición en un mercado que ya lucha por recuperar la producción es una combinación explosiva para los precios.

La ironía es que Goldman Sachs no es la única casa que ha patinado con las previsiones. El consenso de analistas había anticipado una guerra de cuotas entre la OPEP y el esquisto estadounidense que mantendría los precios a raya. Nadie contaba con una reactivación del conflicto en el Golfo tan intensa. La línea entre superávit y escasez se ha difuminado en menos de siete días, y con ella la credibilidad de los modelos predictivos convencionales.

Impacto en el precio del crudo y la factura energética española

La escalada geopolítica tiene consecuencias directas para España, el quinto mayor importador de petróleo de la Unión Europea. España importa más del 15% de su crudo de Oriente Medio —principalmente de Arabia Saudí, Irak y Kuwait—, según datos de CORES. Un repunte sostenido del Brent por encima de 100 dólares el barril se traduciría en un aumento de entre 15 y 20 céntimos por litro de gasolina y gasóleo en cuestión de semanas, de acuerdo con estimaciones de la Asociación de Operadores Petrolíferos. Para un hogar medio que llena dos depósitos al mes, el sobrecoste mensual podría superar los 20 euros.

Pero el impacto no se limitaría al surtidor. El gas licuado del petróleo (GLP) y los derivados industriales también se encarecerían, elevando los costes de transporte, agricultura y manufacturas. Repsol, Cepsa y otras refinerías peninsulares verían cómo sus márgenes se tensan, aunque a la vez podrían beneficiarse de una mayor capacidad de exportación a países europeos que pagan prima por el diésel. La última vez que el Brent superó los 100 dólares, en 2022, la tasa de inflación en España escaló hasta el 10,8%. Con el IPC aún en el 3,2%, un nuevo choque energético complicaría el aterrizaje suave que persigue el Banco Central Europeo.

El informe de Goldman Sachs, en definitiva, no solo alerta de un riesgo de oferta inmediato, sino que evidencia una debilidad estructural del sistema petrolero global: la excesiva dependencia de un paso marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho. Mientras los productores de esquisto estadounidense mantengan su ritmo de extracción y la OPEP+ no resuelva sus divisiones internas, el mercado permanecerá a merced de la geopolítica. La crisis de Irán es solo el último recordatorio de que la transición energética no avanza tan rápido como los precios del crudo cuando estalla un conflicto en Oriente Medio.

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