Costes de energías renovables: IRENA revela que son un 90 % más baratas que los fósiles en 2025

La agencia publica su informe anual de costes de generación eléctrica, que sitúa a las renovables como la fuente más económica en la mayoría de mercados mundiales. España, con su peso renovable, es uno de los países mejor posicionados para absorber la volatilidad de los combustib

Más del 90% de la nueva potencia renovable instalada a escala comercial en 2025 presentó costes de generación inferiores a los de las centrales de gas y carbón. El dato procede del informe ‘Renewable Power Generation Costs in 2025’, que la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) ha publicado este 9 de julio de 2026 y que consolida un vuelco histórico en la competitividad de las fuentes limpias.

Un hito para la competitividad renovable mundial

El documento de IRENA no se limita a confirmar una tendencia: certifica que las renovables son la fuente más barata de nueva electricidad en la mayoría de los mercados. Por primera vez, la fotovoltaica y la eólica terrestre dominan el ranking de costes nivelados de la energía (LCOE) frente al carbón, el gas natural y la nuclear. El trabajo cruza datos de 2025 con las curvas de aprendizaje de las tecnologías y las condiciones de financiación globales, y el resultado es inequívoco: la energía más limpia ya es, además, la más barata.

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El umbral superado por más de nueve de cada diez nuevos megavatios renovables no es una anécdota. Hace solo una década, la eólica terrestre aún necesitaba apoyo público para competir con el carbón en la mayoría de los países. En 2025, el coste medio ponderado global de la solar fotovoltaica a escala de parque se sitúa por debajo de los 40 dólares por MWh en buena parte de las regiones analizadas, un nivel que ninguna tecnología fósil puede igualar sin subsidios.

La lectura que hace IRENA es tan clara como contundente: la competitividad renovable ya no depende de la ubicación o de las condiciones meteorológicas excepcionales; es sistémica. Incluso en mercados con recursos eólicos o solares moderados, la combinación de tecnologías y los contratos de compraventa de energía (PPA) permiten precios estables por debajo del coste evitado de las centrales de gas.

España, un ejemplo de cómo los bajos costes refuerzan la seguridad energética

España figura entre los países que mejor ilustran el efecto amortiguador de los bajos costes renovables. Con más del 50% de la generación eléctrica procedente de fuentes limpias en 2025, la Península Ibérica ha sido capaz de contener la factura eléctrica en episodios de tensión geopolítica que dispararon el precio del gas TTF. Mientras que en Alemania o Italia el impacto de la volatilidad del gas siguió reflejándose en el pool mayorista con picos de más de 200 €/MWh, el sistema español se benefició de una base renovable que mantuvo los precios medios intradía por debajo de los 80 €/MWh durante los trimestres más críticos.

El informe de IRENA subraya precisamente esa conexión entre costes y resiliencia. Las renovables no solo reducen la factura, sino que blindan al sistema eléctrico frente a crisis de suministro de combustibles importados. La dependencia del gas ruso o del gas natural licuado (GNL) sujeto a tensiones en el Mar Rojo se convierte en un factor de riesgo decreciente cuando la generación eólica y solar cubre más de la mitad de la demanda.

Las renovables han dejado de ser la opción verde para convertirse en la apuesta por la seguridad energética y la estabilidad de precios.

Este blindaje, sin embargo, tiene un reverso. La rápida penetración de tecnologías con coste marginal cercano a cero reduce los precios mayoristas en horas de alta producción renovable, lo que presiona la rentabilidad de las propias plantas si no se complementan con sistemas de almacenamiento o contratos de cobertura. El sector ya anticipa que la próxima frontera no será el coste de generación, sino el de almacenamiento y flexibilidad.

IRENA y el nuevo paradigma de la transición energética

El informe de IRENA de 2025 pone punto final a un debate que parecía eterno: la transición energética no es un sacrificio económico. Es, desde hace al menos dos años, una oportunidad de ahorro estructural. La cuestión ya no es si compensa instalar renovables, sino cómo integrarlas con inteligencia para que los precios bajos de generación se trasladen de verdad al consumidor final y no se diluyan en costes de ajuste o en los peajes de las redes insuficientemente malladas.

El riesgo evidente es que la euforia por los costes de generación impida ver los cuellos de botella aguas abajo. Sin inversiones masivas en redes de transporte, interconexiones y almacenamiento a gran escala, los vertidos de energía renovable en horas valle seguirán creciendo y el valor capturado por el sistema se erosionará. España ya ha sufrido este fenómeno: en 2025 se batieron récords de vertidos solares en fines de semana de primavera, con precios que llegaron a cero o incluso negativos en el mercado diario.

La agencia internacional no solo documenta la caída de costes; también advierte de que la próxima década será clave para que los marcos regulatorios acompañen la realidad tecnológica. La receta pasa por contratos por diferencias bien diseñados, mecanismos de capacidad que remuneren la firmeza sin favorecer a los fósiles y una planificación de la red que deje de ir a remolque de los proyectos de generación.

En el fondo, el mensaje de IRENA es claro: los costes de generación han dejado de ser un obstáculo para la descarbonización. El verdadero reto está en convertir esos megavatios baratos en un suministro firme, competitivo y resistente a las crisis. Y ese reto exige un esfuerzo de inversión que aún no está sobre la mesa en la mayoría de los países.

La pregunta que deja abierta el informe no es si las renovables pueden abastecer al mundo —los datos dicen que sí—, sino si los gobiernos estarán a la altura de la parte menos glamurosa de la transición: la que discurre bajo tierra, en forma de cables y baterías, y que apenas da titulares.


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