Xavier Pirla, experto en comunicación: “El carisma es una habilidad de hacer que la gente se sienta mejor cuando está cerca de ti”

Xavier Pirla sostiene que el carisma no consiste en impresionar, sino en hacer sentir bien a los demás. En una reflexión sobre autoestima, comparación y miedo escénico, explica por qué la seguridad real pesa más que cualquier técnica de comunicación.

Hay una pregunta que Xavier Pirla escucha con frecuencia y que siempre le genera el mismo dilema: ¿cuál es la forma más rápida de mejorar la autoestima? La respuesta, dice, depende de quién la haga. Pero lo que sí tiene claro este experto en comunicación y carisma es el punto de partida: antes de aprender a hablar en público, conviene entender por qué uno se compara con los demás desde que tiene uso de razón.

La autoestima, explica Pirla, no es una cualidad que se construye en soledad. «No somos seres aislados; la autoestima no está absolutamente desvinculada del resto, somos seres sociales», afirma. Y desde ese principio, traza un camino que va de la conciencia propia al carisma como habilidad social, pasando por una distinción que considera fundamental y que muy pocos formadores se molestan en establecer.

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Autoestima, comparación y el origen del problema

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Para Pirla, el concepto de autoestima lleva implícita una trampa semántica. Estimar, recuerda, es también evaluar, comparar, poner en relación con algo externo. «Si hubieras nacido en una isla desierta, tu autoestima seguramente no estaría ni baja ni alta ni nada», señala. Sin referentes sociales, la autoestima carece de objeto. El problema aparece cuando esos referentes llegan demasiado pronto y con demasiada carga emocional: un hermano mayor alabado por los padres, un compañero de clase que parece hacerlo todo mejor, un entorno que evalúa antes de que uno aprenda a evaluarse a sí mismo.

Esa es la primera pista que propone: identificar con quién se ha comparado uno desde pequeño. No para culpar a nadie, sino para entender de dónde viene la medida con la que uno se mide. Y a partir de ahí, distinguir entre dos conceptos que suenan parecidos pero funcionan de manera distinta: aptitudes, con p, y actitudes, con c. Las aptitudes son habilidades técnicas. Las actitudes son la manera en que uno interpreta lo que le ocurre. «Uno de los elementos que está muy demostrado que afecta la confianza son los resultados», apunta Pirla, pero advierte que lanzarse a actuar sin trabajar antes ambas dimensiones es una estrategia que suele salir mal.

Del miedo escénico al carisma: una cuestión de actitud

Del miedo escénico al carisma: una cuestión de actitud
Fuente: agencias

Pirla recuerda un episodio que le ocurrió en Torreón, México, tras una conferencia. Un joven se le acercó para decirle que quería ser como él, que admiraba su forma de comunicar, pero que el miedo le paralizaba. Empezó a listar sus inseguridades y Pirla le interrumpió con una frase que al chico le dejó sin palabras: «Tu problema es que eres un egoísta». La explicación llegó enseguida. Desde el inicio de la conversación, el joven solo había hablado de sí mismo, de su miedo, de sus dudas, de lo que podría pasarle a él. Y «hablar en público es todo sobre los demás, yo soy el vehículo», dice Pirla.

Esa reorientación de la atención, del yo hacia el otro, es la base de lo que él entiende por carisma. No se trata de técnicas de imagen ni de trucos de comunicación no verbal. El carisma es una habilidad de hacer que la gente se sienta mejor cuando está cerca de ti que cuando está lejos de ti», define. Da igual si lo consigues haciéndola reír, transmitiéndole seguridad o haciéndola sentir escuchada. El efecto es el mismo: la persona quiere volver.

Pero hay una condición previa que Pirla subraya con insistencia: esa seguridad no se puede fingir. El sistema nervioso humano detecta el estrés ajeno con una precisión que no engaña. Una persona excesivamente activada, nerviosa o a la defensiva genera en los demás exactamente lo contrario del carisma. Por eso, insiste, las técnicas son accesorias. Primero hay que sentirse seguro de verdad. Después, todo lo demás funciona. «El hacer sin el sentir y el pensar no tiene sentido; vas a ser un castillo de naipes», concluye.


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