La era de la electricidad ha comenzado: BNEF revela que el 66% de la nueva demanda energética hasta 2050 será eléctrica

Los vehículos eléctricos y los centros de datos impulsan una demanda eléctrica que absorberá dos tercios del nuevo consumo global hasta 2050, según BNEF. El informe advierte, sin embargo, de que el objetivo climático de 1,5 °C ya no es alcanzable con la senda actual.

El mundo acaba de cruzar un umbral silencioso. A partir de ahora, dos de cada tres nuevos kilovatios-hora que demande el planeta serán eléctricos. El informe New Energy Outlook 2026, elaborado por BloombergNEF, marca el inicio oficial de la era de la electricidad: el 66% de la nueva demanda energética mundial hasta 2050 será cubierta por este vector, dejando al gas natural con apenas un 25% del crecimiento restante.

La transformación es profunda. Las crisis energéticas de la década —pandemia, guerra en Ucrania y las tensiones entre Irán e Israel— han dejado al descubierto la enorme vulnerabilidad de un sistema global anclado en combustibles fósiles importados. BNEF subraya una relación directa entre electrificación, despliegue renovable y reducción de la dependencia exterior. Las economías más expuestas, como Vietnam, Japón o India, vieron cómo las importaciones energéticas se llevaban entre el 3% y el 6% de su PIB en 2025. La factura es tan insostenible que la carrera hacia la electricidad ya no es solo climática: es geopolítica y macroeconómica.

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La electricidad, vector dominante del crecimiento energético mundial

El gran motor de esta sacudida tiene tres cilindros perfectamente reconocibles: vehículos eléctricos, electrificación industrial y, sobre todo, la irrupción de los centros de datos. En 2025, los data centers acumulaban 84 GW de capacidad instalada y consumían 500 TWh, el 1,9% de la demanda mundial de electricidad. Una cifra que ya crecía al 20% anual. Las proyecciones de BNEF elevan ese consumo hasta los 1.100 TWh en 2050, el 3,6% del total eléctrico global. La inteligencia artificial y la computación intensiva se han convertido en uno de los nuevos motores estructurales del sistema.

No obstante, la velocidad del cambio no es uniforme. China ya tiene la electricidad como principal vector energético final desde 2023. En India, la electricidad superará al petróleo y al carbón hacia 2041, mientras que Europa lo hará en 2043 y Estados Unidos alrededor de 2047. El carbón, pese a ciertos intentos de resucitarlo por motivos de seguridad energética, pierde competitividad a largo plazo: su peso en la generación eléctrica mundial se reduce a la mitad en el escenario central del informe.

Para las grandes economías deficitarias en energía, la electrificación acelerada no es una opción idealista; es la única vía para dejar de transferir renta al exterior cada día. BNEF estima que la UE y China destinan hoy alrededor del 2,3% y el 2,7% de su PIB a importaciones energéticas, una sangría que se reducirá notablemente en la próxima década conforme avancen las renovables y la electrificación.

Solar y almacenamiento: los pilares de un nuevo sistema eléctrico

El informe no se limita a señalar qué tecnología ganará. Concreta cuándo y con qué intensidad. La energía solar fotovoltaica se convertirá en la principal fuente mundial de generación eléctrica en 2032, impulsada por la sobrecapacidad productiva, las economías de escala y una caída de precios que parece no tener fondo. En paralelo, la capacidad global de almacenamiento en baterías pasará de 223 GW en 2025 a 3,8 TW en 2035. Se multiplica por diecisiete en una década. Es un salto sin precedentes que obliga a redibujar por completo la arquitectura de las redes eléctricas.

Un sistema cada vez más renovable necesita flexibilidad. Tanta, que en 2035 alrededor del 11% de toda la electricidad generada deberá desplazarse temporalmente mediante almacenamiento, gestión de demanda o recursos flexibles. Hoy apenas es el 3%. El reto ya no consiste solo en instalar paneles y aerogeneradores; consiste en integrarlos en redes capaces de digerir una generación intermitente y distribuida, con inversiones masivas en transporte, distribución y digitalización.

BNEF 2026

Análisis: La brecha entre la electrificación y la descarbonización real

Ahí es donde, a mi juicio, el informe de BNEF revela una incomodidad deliberada. Porque la electrificación avanza al ritmo que marcan la economía y la innovación tecnológica, pero la descarbonización va por detrás. El objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 °C se da ya por perdido. El nuevo escenario Net Zero (NZS) sitúa el pico de calentamiento en 1,81 °C, una décima más que en la edición de 2024. Las emisiones acumuladas y la inercia de los activos intensivos en carbono han estrechado el margen hasta hacerlo inalcanzable.

Las cifras de inversión ilustran el desfase. En 2025, el mundo destinó 2,3 billones de dólares a la transición energética, un récord. Pero alcanzar la senda NZS exigiría 235 billones de dólares acumulados hasta 2050, un 24% más que en el escenario base, y concentrar el 84% de ese capital en tecnologías bajas en carbono. Dicho de otro modo: no basta con electrificar; hay que electrificar con fuentes limpias a una velocidad que hoy no se alcanza.

China seguirá siendo el principal contribuyente individual a la reducción de emisiones. Sus emisiones caerán un 17% respecto al pico de 2023 antes de 2030 y cerca de un 50% en 2050, aunque todavía permanecerán por encima de los niveles actuales de Europa o Estados Unidos. Pero un mundo que dependa exclusivamente del esfuerzo chino para compensar la lentitud de otras regiones es un mundo frágil.

Desde esta redacción, creo que España y la Unión Europea tienen una ventana estratégica. La Península Ibérica parte con una penetración renovable superior a la media y una industria de electrificación que, bien canalizada, podría exportar conocimiento y tecnología. Sin embargo, el análisis, en en profundidad, revela un riesgo que trasciende lo tecnológico: la falta de inversión en redes y almacenamiento genera frustración. De nada sirve producir electricidad limpia si no se puede transportar hasta los centros de consumo en el momento preciso.

Las cuentas, claras: inversiones masivas o factura climática creciente.

La era de la electricidad ha comenzado, pero eso no garantiza que sea una era descarbonizada. La próxima década será la que decida si la electrificación se convierte en un atajo hacia un sistema más seguro y menos contaminante, o simplemente en un espejismo tecnológico que nos deja con las mismas emisiones y nuevos cuellos de botella.


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