Dea Capital: el elevado precio del suelo hace casi imposible la vivienda asequible

El gestor Dea Capital señala que el metro cuadrado listo para construir en Madrid, Barcelona y Málaga hace inviable cualquier promoción por debajo de los 250.000 euros. La escasez de planeamiento y la inseguridad jurídica sobre el alquiler cronifican la crisis de acceso a la vivi

Dea Capital, el gestor de patrimonios y desarrollos residenciales con una cartera bajo gestión que roza los 2.000 millones de euros, ha lanzado una advertencia que resuena con fuerza en los despachos de las grandes promotoras españolas. El elevado precio del suelo, sostienen desde la firma, bloquea de facto cualquier intento de construir vivienda asequible en las grandes ciudades. No es una queja menor. Es la constatación, desde uno de los agentes que mejor conoce la estructura de costes, de que el cuello de botella no está en la financiación ni en la demanda, sino en el metro cuadrado en bruto sobre el que se edifica.

En una reciente intervención recogida por fuentes del sector y publicada por el portal Idealista, la gestora ha puesto números a lo que hasta ahora era una sospecha compartida en la industria. El precio finalista (aquel que ya cuenta con todos los permisos para construir) ha escalado hasta tal punto en ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga o Palma que el margen para desarrollar promociones con un ticket inferior a los 250.000 euros simplemente desaparece. La ecuación es sencilla y demoledora: suelo caro más costes de construcción al alza igual a vivienda inaccesible para las rentas medias.

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Analizamos esta declaración como un síntoma de madurez del actual ciclo del ladrillo. Desde 2022, el sector ha vivido una tormenta perfecta de costes que la demanda, sorprendentemente resiliente, ha ido absorbiendo a base de precios al alza. Pero ese colchón se agota. Y toca un hueso especialmente doloroso en zonas donde el planeamiento urbanístico no da más de sí.

Por qué el suelo finalista se ha convertido en un lujo al alcance de muy pocos

El concepto de suelo finalista es clave para entender el diagnóstico de Dea Capital. A diferencia del suelo urbanizable (que aún requiere años de trámites y desarrollo antes de poder edificar), el finalista ya ha superado todas las fases burocráticas y está listo para recibir la licencia de obras. Es, por tanto, el activo más cotizado por las promotoras.

El problema es que la oferta de este tipo de suelo en los centros urbanos y sus áreas metropolitanas es raquítica. La mayoría de los grandes paquetes de suelo disponibles se concentran en municipios de la periferia o en ciudades medias con una presión demográfica mucho menor. En las capitales, la competencia entre los grandes operadores y los fondos institucionales por cada parcela disponible dispara los precios. 60 millones de euros por un solar en el sureste de Madrid ya no es una excepción.

Dea Capital señala un segundo motor oculto tras esta inflación del suelo: la inseguridad jurídica en las autonomías que han comenzado a aplicar los topes al alquiler de la Ley de Vivienda. La posibilidad de que una promoción vea limitada su rentabilidad futura en el mercado del arrendamiento desincentiva la compra de suelo por parte de los inversores patrimonialistas. Menos compradores compitiendo por el mismo recurso escaso debería, en teoría, enfriar los precios. Pero no ha sucedido. La escasez es tan severa que el pequeño propietario vendedor y los grandes tenedores mantienen sus posiciones.

El suelo finalista urbano no se rige por la lógica del alquiler, sino por la de la escasez absoluta y la pugna entre los grandes operadores por cada metro cuadrado disponible.

El espejismo de la vivienda asequible y la batalla industrial por el Build to Rent

La consecuencia directa de este escenario es que el producto más demandado en España —la vivienda plurifamiliar de entre 70 y 90 metros cuadrados a un precio inferior a los 200.000 euros— es un espejismo en los municipios que generan empleo. O se construye en ubicaciones muy alejadas de los centros de trabajo, o se construye con calidades y tamaños a la baja.

El sector se está partiendo en dos. Por un lado, la vivienda premium, donde los márgenes permiten asumir casi cualquier coste del suelo. Por otro, el Build to Rent (construir promociones enteras para alquilar), que ha capturado ya el 18% de la inversión residencial española, según los últimos datos de la consultora JLL. En medio, un páramo: la vivienda asequible de obra nueva para compra, la que vertebraba el negocio promotor hasta 2008, está en riesgo de extinción.

Lo que observamos es que grandes promotoras como Aedas o Neinor han pivotado parcialmente hacia el Build to Rent y la vivienda de mayor ticket, mientras que las cooperativas y los gestores más pequeños luchan por encontrar bolsas de suelo en municipios secundarios. El discurso de Dea Capital pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿es el suelo español tan caro que la vivienda asequible ya solo puede salir de los balances del Estado?

La Ficha del Inversor

La advertencia de Dea Capital no es solo una diagnosis técnica sobre el precio del suelo. Es un aviso al regulador y al inversor. La métrica clave que manejan las gestoras patrimonialistas es el yield sobre coste total del proyecto (el conocido como cap rate). Con suelos que representan ya entre el 30% y el 40% del coste total de una promoción (frente al 20-25% de hace una década), el yield bruto de una promoción en alquiler cae por debajo del 4% en muchas capitales. Una rentabilidad demasiado baja para atraer capital institucional sin ayudas públicas.

En el medio plazo, la tendencia a seis meses apunta a un repunte adicional del suelo finalista en las zonas prime de Madrid y Barcelona, coincidiendo con la tramitación de los nuevos PGOU y la reactivación de algunas operaciones emblemáticas. El inversor que busque rentabilidad tendrá que mirar hacia municipios de la segunda corona o hacia formatos alternativos como las residencias de estudiantes o el senior living, donde la base de suelo es más flexible.

El perfil recomendado para este entorno es el del inversor patrimonialista paciente que pueda soportar la fase de desarrollo del suelo (de tres a cinco años) y esté dispuesto a competir con los grandes fondos. El pequeño ahorrador que busca una vivienda habitual de obra nueva a buen precio tiene, hoy por hoy, un dilema de difícil solución en las grandes urbes, salvo que se acoja a los nuevos planes de vivienda autonómicos o que opte por cooperativas de vivienda protegida en parcelas cedidas por la administración.

El pulso entre operadores es evidente. Mientras un gestor con el pedigrí de Dea Capital (participada por el banco italiano Intesa Sanpaolo) clama contra el precio del suelo, las consultoras internacionales como Knight Frank o Savills siguen viendo en el residencial español un activo refugio. La contradicción es solo aparente: el capital global puede pagar los suelos prime; el promotor medio español, no. La lectura a 5-10 años apunta a una polarización cada vez mayor entre las viviendas que construye el mercado y las que, cada vez que el INE publica los datos, seguimos necesitando.

Este diagnóstico nos deja un riesgo evidente: que la crisis de vivienda asequible se cronifique y fuerze a las administraciones a tomar medidas de intervención más drástica, como la ya emprendida por el Ayuntamiento de Barcelona. El precedente histórico que viene a la mente es el de la burbuja de 2007: entonces el suelo se encareció por el crédito; ahora lo hace por la escasez regulada. Las consecuencias para el acceso a la vivienda pueden ser igual de severas. Cosas que pasan en 2026.


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