IA y bioterrorismo: The Economist alerta que los modelos de IA ya crean virus más peligrosos que virólogos

Los modelos de IA más avanzados ya superan a virólogos en tareas de bioinformática compleja. The Economist explora cómo esa inteligencia podría facilitar el bioterrorismo en manos equivocadas y qué opciones de regulación tenemos sobre la mesa.

Este 21 de mayo de 2026, mientras la inteligencia artificial sigue redefiniendo la productividad y la medicina, The Economist lanza una advertencia que corta la respiración: los modelos de lenguaje más avanzados ya superan a virólogos expertos en tareas de bioinformática abstrusa, y esa capacidad, lejos de quedarse en el laboratorio académico, podría ponerse al servicio del bioterrorismo. He visto el vídeo y lo confieso: el mensaje me ha dejado profundamente inquieto. No hablamos de ciencia ficción; hablamos de un riesgo que los gobiernos siguen de cerca desde hace años, y que ahora, con la aceleración de la IA, se vuelve más tangible.

El ‘impulso’ de la IA que preocupa a los gobiernos

Durante años, los Estados han temido que la biología sintética abarate el desarrollo de armas biológicas hasta convertir un laboratorio de sótano en una potencial fábrica de pandemias. Ahora, The Economist añade una pieza aún más inquietante: la inteligencia artificial está acelerando ese proceso hasta cotas inéditas. Los grandes modelos de lenguaje han alcanzado una destreza tal que, en preguntas complejas de bioinformática y solución de experimentos, dejan atrás a los virólogos humanos con décadas de experiencia. La clave, según el análisis, es el concepto de ‘uplift’: la IA no iguala al experto, sino que da un empujón a quien carece de formación para saltar barreras que antes eran infranqueables.

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El reportaje cita un estudio del año pasado en el que un investigador utilizó un modelo de IA para guiarse a través de los pasos más delicados del ensamblaje de un virus. La descripción que hace del asistente digital es demoledora: un tutor infinitamente paciente que ha leído cada artículo científico jamás publicado, capaz de corregir errores, proponer atajos y, en definitiva, de sustituir el lento aprendizaje de laboratorio por una consulta casi mágica. La implicación es clara: alguien que jamás haya pipeteado podría, en teoría, recibir instrucciones paso a paso y, con suficiente ensayo y error guiado, acabar construyendo algo peligroso.

Entre novatos y expertos: el perfil del posible bioterrorista

Sin embargo, el propio medio matiza el alcance de esa ayuda. The Economist detalla como los novatos absolutos no obtienen gran ventaja de la IA cuando se enfrentan a un laboratorio real; la destreza manual, la intuición sobre cultivos y la resolución de imprevistos siguen necesitando horas de práctica. De hecho, los estudios recientes muestran que el verdadero salto de eficacia se produce en manos de quienes ya poseen una base sólida en biología molecular: un licenciado, un técnico de laboratorio o un investigador con algunos años de oficio.

Esa es la figura que realmente inquieta a los analistas. Disponer de una herramienta que ha digerido cada paper científico, argumentan en el vídeo, es como tener acceso a un número infinito de expertos doctorales que abordan el problema desde distintos ángulos. De repente, puedes hacer tormentas de ideas, solucionar problemas complejos y simular el efecto de contar con equipos inmensos de especialistas; justo el cuello de botella que tradicionalmente ha frenado cualquier programa de armas biológicas clandestino. La IA, por tanto, no sustituye al científico, pero sí puede multiplicar exponencialmente la capacidad de uno solo.

«Como un tutor infinitamente paciente que ha leído cada artículo científico jamás publicado».

— Un experto citado por The Economist

¿Un nuevo virus respiratorio en un avión? La frontera actual

Puestos a concretar, la pregunta inevitable es cuándo podría materializarse un virus letal con ayuda de la IA. The Economist recuerda que un gran estudio del año pasado concluyó que para crear un patógeno completamente nuevo, sin características que sepamos combatir, haría falta acceder a conjuntos de datos que hoy no existen. Pero lo que ya está al alcance de manos expertas —y aquí la IA actúa como catalizador— es modificar virus ya conocidos para dotarlos de capacidades que antes les eran ajenas, como una mayor transmisibilidad aérea o la resistencia a vacunas.

El relato adquiere tintes cinematográficos cuando el vídeo describe la posibilidad de que alguien desarrolle un virus respiratorio, se infecte a sí mismo, suba a un avión y estornude en espacios públicos. Una sola persona, con la mala suerte de acertar con la cepa adecuada, podría desencadenar una nueva pandemia global. Aunque nadie lo ha intentado —y ojalá nunca suceda—, la mera plausibilidad de ese escenario ya resulta escalofriante. La combinación de síntesis viral y movilidad global dibuja una amenaza que ningún servicio de inteligencia quiere ver cumplida.

La regulación que corre contra la evolución de los modelos

Frente a este paisaje, ¿qué se puede hacer? El reportaje tiende un puente hacia la tecnología misma. La primera barrera pasa por que los modelos se nieguen a responder solicitudes peligrosas; pero los mecanismos de rechazo, admite The Economist, se saltan con relativa facilidad por parte de un actor motivado. Basta con reformular la pregunta o dividir el proceso en pasos aparentemente inocentes para que el filtro colapse. Por eso, la siguiente línea de defensa es eliminar de los conjuntos de entrenamiento la información más sensible para que el modelo ni siquiera la conozca: una suerte de lobotomía selectiva que, sin embargo, puede limitar también aplicaciones legítimas de investigación.

Otra vía más sencilla consiste en restringir el acceso a los modelos más potentes. Y aquí el papel de los gobiernos resulta clave. El vídeo apunta que los reguladores podrían evaluar las capacidades de un modelo antes de su lanzamiento público y, sobre esa base, establecer barreras de seguridad: límites sobre quién puede usarlo, cómo y dónde. La idea, que empieza a abrirse paso en foros como el G7 o la OMS, es que la evaluación previa de riesgo biológico se convierta en un requisito tan natural como la certificación de un medicamento.

Mientras veía el vídeo, no podía dejar de pensar en que la biología sigue siendo, por suerte, mucho más difícil que otras formas de sembrar el pánico. Pero la velocidad a la que la IA derriba barreras nos obliga a actuar ya. La pregunta incómoda flota en el aire: ¿estamos yendo tan rápido que ya no hay quien pise el freno?

Puedes ver el reportaje completo de The Economist aquí:


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