Trampa de oro en Palermo: la impactante exposición de la española Lucía Vallejo que expone el vacío del poder

- La artista española Lucía Vallejo desafía el simbolismo del éxito en Palermo con Power and Emptiness.
- Una impactante instalación donde la Capella dell’Incoronata se llena de oro, vidrio de Murano y cenizas para cuestionar el lado más oscuro y solitario del poder.

La escultora bilbaína Lucía Vallejo desembarca en el histórico espacio siciliano donde eran coronados los reyes normandos. Bajo el comisariado de Hervé Mikaeloff (asesor de LVMH), la artista utiliza el oro, el vidrio de Murano y el textil para trenzar una poderosa alegoría sobre la opulencia, la pérdida personal y las trampas invisibles que esconde el éxito.

El oro no siempre ilumina; a veces, aplasta. Bajo esa premisa formal y filosófica, la artista Lucía Vallejo Garay (Bilbao, 1975) ha inaugurado en Palermo su proyecto más ambicioso hasta la fecha: Power and Emptiness (Poder y vacío). El escenario elegido no es casual. La Capella dell’Incoronata, el lugar exacto donde se ungía a los monarcas normandos de Sicilia, sirve de lienzo tridimensional para una creadora que lleva años expandiendo los límites de la escultura contemporánea a través del diálogo con el patrimonio histórico.

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El proyecto, que abrió sus puertas el pasado 15 de mayo en este espacio dependiente del Palazzo Riso-Museo Regionale d’Arte Moderna e Contemporanea, nace de la fascinación de Vallejo por la sofisticación y la convivencia cultural del reino normando. Sin embargo, la exposición huye de la hagiografía o la nostalgia histórica. Se percibe, en cambio, una deconstrucción implacable de la iconografía del poder, mostrando el vacío existencial que suele habitar detrás de las máscaras del triunfo material.

El falso techo de la gloria

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La columna vertebral de la muestra es The Golden Ceiling, una pieza suspendida que reinterpreta las legendarias bóvedas doradas de la Capilla Palatina. Al colocarse bajo ella, el espectador no experimenta el misticismo del brillo celestial, sino la opresión de una carga. Resulta obvio que la dualidad del oro —como divinidad y como dinero— es el eje sobre el que bascula la instalación, invitando a reflexionar sobre la delgada línea que separa la admiración de la condena voluntaria.

La tensión dramática de la exposición alcanza su cénit en la obra inspirada en La madre dell’ucciso, la célebre escultura del italiano Francesco Ciusa. Vallejo traduce el dolor de una madre que pierde a su hijo en las guerras intestinas del poder en una metáfora sobre el peaje personal del éxito. Está claro que la complicidad con el estatus a menudo exige sacrificar lo que de verdad nos pertenece, un recordatorio sutil de las heridas invisibles de la ambición.

Alquimia entre el vidrio y el textil

La propuesta destaca por un contraste material que ya es marca de la casa en la trayectoria de la escultora. Elementos humildes y terrenales como la madera, el yute y el cáñamo se enfrentan cara a cara con las texturas metalizadas. Es evidente que el uso del vidrio de Murano fundido con tejido, cuyas piezas circulares en forma de corona habitan la terraza del templo, ejerce como un epílogo poético donde la ceniza y la transparencia nos recuerdan que todo imperio termina por desvanecerse.

“Trabajo con telas y vidrios, pero ahora estoy centrada en este último porque tiene un componente mágico y difícil; no hace lo que yo quiero, tengo con él una relación de amor-odio”, confiesa la propia Vallejo sobre su proceso creativo.

Esta resistencia de la materia es lo que fascinó al comisario de la muestra, Hervé Mikaeloff, conocido por su labor como asesor independiente y curador del gigante del lujo LVMH. Tras colaborar con ella en Venecia y Menorca, Mikaeloff define a la bilbaína como una «alquimista» capaz de superponer capas de lectura contemporánea sobre la arquitectura del pasado, provocando un verdadero cortocircuito estético en el espectador.

Consolidación en el circuito internacional

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Con Power and Emptiness, Lucía Vallejo apuntala un lustro de intensa proyección internacional. Tras su paso por la Bienal de Venecia con Sinfonia Barocca y su participación en citas clave en Milán, Malta y Pekín (dentro de la prestigiosa muestra L’Or de Dior), la artista consolida su estatus como una de las voces más sólidas del panorama nacional para intervenir espacios patrimoniales y museísticos de gran formato.

Se nota que la creadora, que dio sus primeros pasos de la mano de la Galería Maior y ha recorrido ferias como ARCO o ZONAMACO, ha encontrado su madurez conceptual lejos de los cubos blancos tradicionales de las galerías. Lo cierto es que su arte necesita de la historia para completarse; busca la fricción con los muros que ya han visto pasar la gloria y el olvido para recordarnos, precisamente, de qué estamos hechos cuando el brillo se apaga.


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