La crisis del Estrecho de Ormuz se intensifica: China guarda silencio y el precio del petróleo se dispara

El bloqueo del paso estratégico mantiene paralizado el 20% del suministro mundial de crudo. Los mercados descuentan ya una crisis energética prolongada con consecuencias directas para la gasolina y el gas en España.

El precio del crudo Brent superó este viernes la barrera de los 120 dólares por primera vez en cuatro años, empujado por el bloqueo del Estrecho de Ormuz y la creciente preocupación en los mercados ante la falta de una respuesta internacional coordinada.

La crisis, que se arrastra desde el estallido del conflicto con Irán, ha entrado en una fase particularmente peligrosa. Según el análisis de Oilprice.com, la cumbre celebrada en Pekín entre los presidentes Xi Jinping y Donald Trump a principios de mayo no solo no ha logrado desactivar la tensión, sino que ha subrayado la ausencia de una estrategia de las grandes potencias para reabrir el paso marítimo por el que transita cerca del 20% del tráfico mundial de crudo.

Publicidad

La coreografía diplomática, con apretones de manos y declaraciones triunfales, no pudo ocultar el desacuerdo de fondo. Pekín ha optado por mantener un silencio que resulta ensordecedor para los mercados energéticos. Mientras, los seguros para los buques que aún se aventuran en la zona se han disparado, y las primas de riesgo geopolítico añaden una presión extra a cada barril.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz: un cuello de botella sin salida a la vista

El Estrecho de Ormuz es, junto a Malaca, el paso más sensible para la seguridad energética global. En condiciones normales, por sus aguas cruzan a diario más de 17 millones de barriles de petróleo y productos refinados. Desde que los enfrentamientos armados en la región iraní se intensificaron, el tráfico se ha reducido a mínimos históricos. Buques cisterna, metaneros y cargueros de GNL encuentran cada vez más difícil operar en un área sembrada de minas y con amenazas constantes de ataques con drones.

Lo que diferencia esta crisis de episodios anteriores es la parálisis diplomática. En 2019, tras los sabotajes a buques en el Golfo de Omán, Estados Unidos y sus aliados desplegaron una fuerza naval conjunta que, aunque tensa, mantuvo abierta la vía. Ahora, la dimensión del conflicto regional ha fragmentado cualquier consenso. La OTAN mira hacia el flanco oriental, y la Unión Europea carece de capacidad militar para garantizar la libertad de navegación sin el paraguas estadounidense.

La reacción de los mercados: petróleo a 120 dólares y la gasolina en máximos en España

La cotización del Brent no es un dato abstracto para los consumidores españoles. Según los últimos datos del boletín semanal de la Comisión Europea, el litro de gasolina sin plomo 95 ha tocado los 1,85 euros de media en España, y en algunas estaciones de servicio de la cornisa cantábrica ya se rozan los dos euros. El gasóleo A, combustible mayoritario del transporte profesional, acumula una subida del 28% en lo que va de año.

El encarecimiento no se limita a los surtidores. Los futuros del gas natural TTF en Ámsterdam, referencia para la Península Ibérica, han repuntado un 15% en la última semana por el temor a un contagio al mercado de GNL. Muchas de las plantas de licuefacción de Oriente Medio dependen del tránsito por el Golfo, y cualquier interrupción prolongada estrangula la oferta disponible para Europa.

guerra Irán precio gasolina España

En las mesas de trading, el sentimiento es de pesimismo cauteloso. “No estamos ante una crisis de oferta puntual, sino ante un cambio estructural en la ruta del petróleo”, comentaba un analista de una firma suiza a esta redacción. Los diferenciales de precios entre el crudo del Golfo y el de otras cuencas, como el WTI estadounidense, se han ampliado a niveles no vistos desde la pandemia.

Análisis: por qué el silencio de China es el verdadero termómetro de la crisis energética

Detrás del mutismo chino hay una lógica fría y calculada. Pekín sigue siendo el mayor importador de crudo del mundo, pero ha diversificado sus compras hacia Arabia Saudí y Rusia en los últimos meses. Sus reservas estratégicas, construidas con paciencia durante años, le dan un colchón de varios meses. A corto plazo, la crisis le está saliendo rentable: el aumento de de los precios del crudo encarece las importaciones de sus competidores manufactureros, mientras que China mantiene acuerdos preferentes con Moscú a precios indexados.

Pero hay otra lectura, menos económica y más geopolítica. El silencio chino puede interpretarse como un intento de debilitar la posición negociadora de Estados Unidos en otras áreas comerciales. Si Washington no logra garantizar la seguridad de las rutas marítimas de las que depende el comercio global, su papel como potencia estabilizadora queda en entredicho. Para Europa, la factura es doble: sufre la escalada de precios y, al mismo tiempo, observa cómo dos gigantes reordenan el tablero mientras Bruselas apenas emite comunicados.

Yo creo que la pasividad china tiene un límite. Pekín necesita un suministro estable para alimentar su propia maquinaria industrial y evitar tensiones inflacionarias internas. Si el precio del barril supera la barrera psicológica de los 130 dólares, es probable que Beijing empiece a mover ficha en privado, probablemente presionando a Irán para que negocie una tregua. El problema es que la diplomacia privada tarda semanas en dar frutos, y los mercados viven al minuto.

Entre los analistas existe la sensación de que Occidente ha infravalorado la capacidad de Irán para prolongar el bloqueo. La guerra ha demostrado que las fuerzas iraníes pueden hostigar el tráfico marítimo sin necesidad de una flota convencional. Y la ausencia de una respuesta militar conjunta solo alarga la agonía. La próxima reunión de la OPEP+ del 1 de junio se perfila como la primera oportunidad real para que las grandes potencias productoras envíen una señal. Pero si el cartel opta por mantener los recortes de producción, el golpe para los consumidores será aún más duro.

La lección para España y para Europa es incómoda: mientras la seguridad de los chokepoints energéticos dependa de equilibrios geopolíticos que ya no funcionan, cada repunte de tensión en Oriente Medio se traducirá en un mordisco directo en el bolsillo de los ciudadanos. Y eso, en un contexto de inflación aún elevada, se convierte en un riesgo político de primer orden.


Publicidad