Iberdrola culmina mejoras en la central de bombeo de Valdecañas: 355 MW y 210 GWh adicionales

La instalación extremeña refuerza la capacidad de almacenamiento del sistema Tajo con una potencia de 355 MW. El proyecto añade 210 GWh gestionables, clave para la integración de renovables y la reducción de la dependencia del gas.

Iberdrola acaba de cerrar una fase clave en su estrategia de almacenamiento. La central de bombeo de Valdecañas, en la provincia de Cáceres, ha completado sus mejoras y ya ha realizado los primeros bombeos con éxito. La instalación alcanza ahora 355 MW de potencia y suma 210 GWh adicionales de capacidad, lo que la convierte en una de las piezas más flexibles del sistema Tajo.

Las obras no aparecieron de la nada. En los últimos meses se ha trabajado en la actualización de los grupos turbina-bomba y en la digitalización de los sistemas de control. Según la información hecha pública por la compañía, estas intervenciones permiten una respuesta más rápida a las oscilaciones de demanda y un mejor aprovechamiento de los momentos de baja retribución en el mercado mayorista. La cifra de 210 GWh añadidos equivale al consumo eléctrico medio de más de 60.000 hogares durante un año entero, un dato que da la medida del refuerzo.

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Y hay otro número que suele pasar desapercibido. El embalse de Valdecañas es uno de los que más horas de bombeo-turbinación acumula en la cuenca del Tajo. Con esta ampliación, la instalación pasa a jugar en la misma liga que complejos como el de La Muela (Cortes de Pallás) o el de Tajo de la Encantada, aunque con una ventaja geográfica notable: está muy cerca de los grandes centros de consumo del centro peninsular. Eso reduce pérdidas por transporte y hace que su aportación al balance de generación sea especialmente valiosa.

Cómo encaja Valdecañas en el plan de almacenamiento de Iberdrola

La central de bombeo Valdecañas Iberdrola no es un proyecto aislado. Forma parte de un plan más amplio que la eléctrica ha ido desplegando con cierta discreción. Mientras los focos se los llevan los grandes anuncios de hidrógeno verde o las compras de redes en el extranjero, la empresa ha ido reforzando sus activos de almacenamiento hidroeléctrico en España. Su capacidad total de bombeo supera ya los 3.000 MW, una cifra que ningún otro operador alcanza en el país.

En declaraciones recogidas en los canales oficiales de Iberdrola, el director de operaciones de la división de generación hidráulica ha señalado que “cada kilovatio hora de almacenamiento que añadimos es independencia frente al ciclo del gas”. La frase apunta directamente al rol de los ciclos combinados como respaldo. A más GWh gestionables con bombeos, menos necesidad de quemar gas natural para cubrir los picos de demanda. Es un argumento que, de rebote, refuerza la posición negociadora de España en Bruselas cuando se discuten los límites de emisiones.

Los primeros bombeos con las nuevas condiciones técnicas han confirmado que los tiempos de arranque son inferiores a los 90 segundos. En un sistema cada vez más penetrado por solar y eólica, esa velocidad tiene un valor económico difícil de exagerar: permite capturar los precios más altos del intradiario justo cuando la generación renovable no programable desaparece.

almacenamiento energético

La cara B: ¿y el impacto en el río Tajo?

Ampliar la capacidad de bombeo de un embalse no es un trámite neutral. La Confederación Hidrográfica del Tajo ya lidia con tensiones crecientes por la disminución de caudales ecológicos y el aumento de la demanda de regadío aguas abajo. Cada metro cúbico de agua que entra y sale del embalse más veces al día afecta de manera más aguda a la dinámica del río. Es cierto que el bombeo no consume agua de forma neta, pero sí acentúa las fluctuaciones de nivel. Los informes preliminares del propio organismo de cuenca, consultados para este artículo, muestran que en los últimos dos años la oscilación diaria del nivel en Valdecañas ha pasado de 35 a 52 centímetros de media. No es un dato catastrófico, pero sí una tendencia que los colectivos ecologistas de la zona empiezan a señalar.

La eléctrica ha incluido en el proyecto un sistema de monitorización en tiempo real de parámetros biológicos (temperatura del agua, oxígeno disuelto y migración de especies piscícolas) que se enviará directamente al centro de control de la Confederación. Es una medida inteligente: convierte un potencial foco de conflicto en un flujo de datos que puede anticipar episodios de estrés hídrico. Pero la eficacia real de este tipo de sistemas se mide en plazos largos, no en meses, y hasta ahora la experiencia en otras cuencas (como la del Duero) enseña que la transparencia sola no basta si no hay una reducción efectiva del número de ciclos en períodos de sequía.

El puzzle del almacenamiento en España: más allá de las baterías

Conviene poner los 210 GWh de Valdecañas en contexto. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) contempla alcanzar 22 GW de almacenamiento para 2030, de los cuales apenas un tercio corresponde a bombeo hidroeléctrico y el resto a baterías. Las cuentas no cuadran del todo. A finales de 2025, según los últimos informes de supervisión de la CNMC, la capacidad de almacenamiento operativa en todas las tecnologías no llegaba a los 8 GW. Los 355 MW de Valdecañas, sumados a sus 210 GWh, representan un porcentaje modesto del objetivo pero desproporcionado en términos de gestionabilidad, porque las horas que puede turbinar de forma continua son mucho mayores que las de una instalación de iones de litio típica.

Esa asimetría explica por qué Iberdrola y otros grandes productores llevan años pidiendo un marco retributivo específico para los activos de almacenamiento de larga duración. Sin un suelo de ingresos predecible, ampliar una central de bombeo es una decisión que requiere más fe en los precios del mercado diario que cálculo actuarial. Lo que ha hecho la compañía en Valdecañas, con una inversión no revelada pero que según estimaciones de mercado ronda los 80-100 millones de euros, es una apuesta por la volatilidad futura del pool. Un movimiento que en el sector se lee como un voto de confianza en que la curva de pato se va a acentuar en los próximos cinco años.

Hay un dato que lo respalda. Durante el primer trimestre de 2026, el número de horas con precios negativos en el mercado mayorista ha sido un 23% superior al mismo período del año anterior, tal y como confirman los registros públicos de OMIE. En ese entorno, la capacidad de absorber energía a coste cero o incluso cobrando por ello, y luego devolverla cuando el precio se dispara, convierte a los bombeos en algo muy parecido a una opción financiera sobre el spread horario. Y Valdecañas es ahora uno de los emisores de esas opciones más baratos operativamente hablando.

La jugada tiene, eso sí, un talón de Aquiles. Los 355 MW de potencia instalada dependen de la cantidad de agua embalsada y del estado de los dos saltos que la central conecta (Valdecañas superior e inferior). Si un año hidrológico es seco, los ciclos se reducen y la rentabilidad se resiente. No hay un seguro climático para el bombeo. Por eso, la dirección de Iberdrola ha vinculado esta ampliación al compromiso de mantener índices de rendimiento hídrico mediante acuerdos de gestión adaptativa con la Confederación. Un guante que el organismo público parece dispuesto a recoger, a juzgar por las mesas de trabajo que ya se han constituido.

Lo cierto es que Valdecañas se convierte en un laboratorio a escala real. Demostrar que un bombeo puede operar con alta frecuencia de ciclos diarios sin deteriorar el ecosistema fluvial es la condición que muchas otras centrales necesitan cumplir para recibir el visto bueno a su modernización. Si sale bien, se abrirá la puerta a proyectos de repotenciación en la cuenca del Duero y del Ebro. Si no, la presión social y regulatoria pondrá freno a un segmento que, pese a ser el más antiguo de todos, es hoy el más necesario.

Dejémoslo en un ‘ya veremos’.


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