Imagina que cada dólar digital que circula por el mundo acabara encontrando su sitio en Estados Unidos. Esa es, en esencia, la tesis que acaba de poner sobre la mesa Galaxy Research. La firma de análisis ha publicado un informe en el que defiende que las stablecoins —criptomonedas diseñadas para mantener un valor fijo, por lo general vinculado al dólar— no son una amenaza para el sistema financiero, sino una oportunidad para atraer capital masivo extranjero a EE.UU. Y lo ha hecho, además, en respuesta directa a las advertencias que la gran banca lleva meses repitiendo.
La discusión no es teórica. Detrás está la Ley GENIUS, un proyecto legislativo que lleva meses debatiéndose en el Congreso estadounidense y que busca crear un marco jurídico para las stablecoins reguladas. Galaxy Research sostiene que, lejos de provocar fugas de depósitos o desestabilizar la banca, este tipo de monedas estables, si se emiten bajo reglas claras, pueden convertirse en un imán para la inversión internacional.
El argumento no es nuevo, pero sí lo es el respaldo analítico que lo acompaña. Según los cálculos del informe, un marco regulatorio como el de la Ley GENIUS incentivaría a empresas, fondos e incluso gobiernos extranjeros a utilizar stablecoins denominadas en dólares. ¿Por qué? Porque ofrecerían una forma rápida, barata y programable de mover dinero sin depender de la banca tradicional de cada país.
La defensa de las stablecoins que irrita a los bancos
El informe de Galaxy Research se presenta como una respuesta, casi punto por punto, a los temores que el sector bancario ha expresado en los últimos tiempos. Los grandes bancos, las asociaciones de banqueros y los reguladores más conservadores, han mostrado su escepticismo ante la posibilidad de que las stablecoins compitan con los depósitos tradicionales y reduzcan el control de la Reserva Federal sobre la masa monetaria.
Galaxy replica con un dato clave recogido en su análisis: históricamente, los flujos hacia activos denominados en dólares aumentan cuando hay inestabilidad en otras regiones. Una stablecoin regulada y supervisada podría funcionar, según esta lógica, como un refugio digital que canalice ese dinero hacia EE.UU. en lugar de hacia otros centros financieros.
Dicho de otro modo, lo que la banca ve como un riesgo de desintermediación, Galaxy lo reinterpreta como una oportunidad de atracción de liquidez global. Dos caras de una misma moneda. Literalmente.
El miedo a perder el control del grifo
Para entender por qué la banca tradicional se opone con tanta firmeza conviene recordar cómo funciona su negocio principal: los bancos captan depósitos de sus clientes y utilizan ese dinero para conceder créditos. Si parte de esos depósitos se marcha hacia stablecoins emitidas por empresas tecnológicas, el grifo se estrecha. La preocupación no es solo financiera; es también estratégica. El control de la masa monetaria es una de las herramientas más potentes de la política económica.
Además, la banca ha insistido en que, sin una regulación extremadamente rigurosa, las stablecoins podrían facilitar el blanqueo de capitales o la evasión de sanciones internacionales. La Ley GENIUS intenta abordar precisamente eso: imponer normas de transparencia, requisitos de reservas y supervisión federal a los emisores. Pero el diablo está en los detalles. Y ahí es donde la discusión se vuelve más densa.

Análisis: promesas, riesgos y lo que está realmente en juego
Conviene poner esto en contexto. Desde la crisis de TerraUSD en 2022, cuando una stablecoin algorítmica colapsó borrando miles de millones de dólares en cuestión de días, el sector arrastra una mochila de desconfianza. Aquel episodio demostró que no todas las stablecoins son iguales y que la palabra «estable» puede ser profundamente engañosa si no hay activos reales que la respalden.
La Ley GENIUS surge precisamente para poner orden en ese escenario. La pregunta que plantea Galaxy Research es si ese orden, además de proteger al consumidor, puede transformar a Estados Unidos en el epicentro del dinero digital global. Es una tesis optimista. Pero también lo era la promesa de que los ETFs de bitcoin revolucionarían el mercado al contado, y aunque el efecto ha sido notable, la volatilidad no ha desaparecido.
Mi lectura, con los datos que tenemos sobre la mesa, es que el dólar digital se está expandiendo fuera del sistema bancario tradicional. Y lo hace, además, con el impulso de actores como Circle o Paxos, que ya emiten stablecoins reguladas bajo normativas estatales. Pero de ahí a afirmar que el capital masivo extranjero fluirá hacia EE.UU. de forma automática media un trecho considerable. Nada en los mercados financieros es automático.
El verdadero termómetro será la tramitación final de la Ley GENIUS. Si el Congreso logra un texto que ofrezca seguridad jurídica sin asfixiar la innovación, la tesis de Galaxy podría ponerse a prueba antes de lo que muchos esperan. Si, por el contrario, el proyecto se estanca o se endurece en exceso, las stablecoins seguirán creciendo, pero quizás lo hagan bajo otras jurisdicciones. Y entonces el capital masivo no irá a EE.UU., sino a Singapur, a Suiza o a cualquier otro lugar con reglas más amables.
Eso es lo que está en juego. No es poco.





