La AIE calcula que la crisis del petróleo en Ormuz ya ha eliminado 14 millones de barriles al día

La Agencia Internacional de la Energía advierte que la crisis supera todas las anteriores y urge a Europa a actuar. El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la guerra en Irán están reconfigurando el mercado global de crudo.

Catorce millones de barriles diarios. Esa es la cantidad de crudo que el mercado pierde cada día, según los cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), a causa del conflicto en Irán y el estrangulamiento del Estrecho de Ormuz. Una cifra que, en palabras del director ejecutivo Fatih Birol, convierte esta crisis en la mayor disrupción de suministro jamás registrada.

El dato, adelantado por El Periódico de la Energía y confirmado por la AIE en Viena, supone que el 13,5% del consumo global de petróleo ha desaparecido de la ecuación. 14 millones de barriles diarios es un agujero que supera las crisis de 1973, la revolución iraní de 1979 o la guerra del Golfo. Birol no tuvo reparos en calificarlo como «la mayor pérdida en la historia de la energía».

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Un suministro que se desvanece: el dato que hiela a los mercados

La AIE, que lleva décadas monitorizando la estabilidad de los flujos energéticos, estima que el consumo mundial para 2026 rondará los 104 millones de barriles por día. Perder casi 14 de cada 100 barriles significa retirar de golpe toda la producción de Estados Unidos o de Arabia Saudí. Para un contexto más gráfico: el déficit equivale a ocho veces las exportaciones de Rusia antes de la guerra de Ucrania.

La guerra en Irán no solo ha paralizado sus propias ventas (unos 3 millones de b/d), sino que el bloqueo de facto del Estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del tráfico marítimo de crudo del planeta— ha reducido drásticamente los envíos de Irak, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y parte de Arabia Saudí. El resultado es un déficit de oferta que la AIE califica de «sin precedentes» y que ya está disparando las tarifas de los fletes de los petroleros que aún logran sortear la zona.

Birol explicó que la agencia está haciendo «esfuerzos diplomáticos» para que otros productores —Nigeria, Brasil o Canadá— aumenten su bombeo y compensen al menos una parte de lo perdido. Pero las cifras son tozudas: incluso en el mejor de los escenarios, la respuesta de estos países tardará meses en materializarse y no bastará para llenar un vacío de esta magnitud.

Asia ya actúa, Europa sigue sin reaccionar

Durante la rueda de prensa en Viena, Birol elogió las medidas que ya están tomando varios países asiáticos para moderar la demanda, pero lanzó un dardo directo a los gobiernos europeos. «En mi opinión, lo que los asiáticos están haciendo ahora, tomar algunas medidas para reducir el consumo, también debería estar en la lista de los políticos europeos», afirmó.

La urgencia es distinta: Asia recibe el 70% del petróleo que sale del Golfo Pérsico, mientras que Europa apenas un 10%. Sin embargo, Birol recordó que el mercado es uno solo y que la presión sobre los precios acabará llegando a todos los rincones del planeta. El Brent, de hecho, ya cotiza por encima de los 101 dólares por barril, un 1,23% más en la sesión, según los datos que manejan las mesas de trading esta mañana.

Entre las medidas propuestas por la AIE figuran impulsar el transporte público, reducir los límites de velocidad en las autopistas, facilitar el teletrabajo y promover campañas de ahorro energético en los hogares. «Es importante dar estos pasos cuanto antes, porque si esperamos, las medidas van a tener que ser más drásticas», advirtió Birol. Una frase que suena a aviso en toda regla para una Europa que, tras la crisis del gas, parecía haber aprendido la lección.

AIE 14 millones barriles

Análisis: Esto no es una crisis cualquiera, es un punto de no retorno

La AIE, fundada en 1974 tras el primer embargo árabe, nació precisamente para coordinar respuestas en momentos como este. Pero el panorama actual es distinto a cualquier otro anterior. En 1973, el shock duró unos meses y la oferta se recuperó. En 2020, la pandemia hundió la demanda y se ajustó sola. Ahora, la combinación de un conflicto armado en un productor clave y el bloqueo de una vía logística insustituible dibuja un escenario más tenebroso.

Lo que está en juego no es solo el precio de la gasolina. La seguridad energética de Europa, que aún colea de la crisis del gas ruso de 2022, vuelve a estar en el alero. Aunque la dependencia directa del crudo del Golfo es baja, los precios en los mercados spot se contagian por el miedo y la especulación. Un Brent por encima de los 100 dólares durante meses erosiona márgenes industriales, encarece los fertilizantes y alimenta una inflación que los bancos centrales no consiguen domar.

Creo que la AIE hace bien en poner el foco en la reducción de la demanda, porque confiar solo en que otros productores —Brasil, Canadá, Nigeria— llenen el agujero es una apuesta arriesgada. La historia demuestra que los aumentos de producción llevan tiempo y que las infraestructuras no se improvisan. Mientras tanto, cada barril que no navega por Ormuz es un barril que añade presión alcista a los mercados globales y que obliga a vaciar las reservas estratégicas de varios países consumidores.

Hay un detalle que pasa desapercibido: el efecto contradictorio en la transición energética. Con el petróleo tan caro, muchos gobiernos acelerarán la búsqueda de alternativas renovables y movilidad eléctrica, pero al mismo tiempo se reactivan inversiones en proyectos de combustibles fósiles que se creían moribundos, como la explotación de arenas bituminosas o el fracking en zonas sensibles. Es la paradoja de las crisis: impulsan lo limpio y lo sucio a la vez.

La pregunta incómoda es cuánto durará este bloqueo. Si el conflicto iraní se enquista y Ormuz sigue cerrado, las reservas estratégicas —que algunos países ya han empezado a liberar— no darán para siempre. Y entonces, las medidas drásticas a las que alude Birol dejarán de ser un debate teórico para convertirse en una realidad cotidiana. Dejémoslo en un «ya veremos».


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