Son 7.600 millones de euros. Esa es la cantidad que los pequeños ahorradores españoles han destinado a las Letras del Tesoro en apenas unas semanas, coincidiendo con el recrudecimiento de la guerra en Irán. La cifra equivale a una quinta parte de todo lo que el Tesoro emitió en Letras durante 2025, y revela una fuga masiva de capital hacia la seguridad del Estado.
Según los datos recogidos por Expansión a partir de los registros del Tesoro Público, la demanda de los inversores minoristas se ha disparado precisamente desde el inicio del conflicto, a mediados de abril. El dinero de los minoristas ha entrado en en las subastas con una velocidad que no se recuerda. Como era de esperar la banca no ha tardado en reaccionar.
El rendimiento de la referencia a 12 meses ha escalado hasta el 2,651%, un nivel que no se veía desde 2014. Para un inversor que coloca 10.000 euros, eso supone 265 euros de intereses al año, libre de riesgo. El miedo vende. Y vaya si vende.
El refugio de la deuda pública: 7.600 millones en Letras desde el inicio del conflicto
El mecanismo es sencillo. Cualquier persona puede comprar Letras del Tesoro a través de la web del organismo, en las oficinas del Banco de España o mediante su banco. Las últimas subastas han batido récords de participación minorista. Según los informes internos de la Dirección General del Tesoro, las peticiones no competitivas —las que presentan los pequeños inversores sin especificar precio— han representado más del 40% del total adjudicado en la subasta de mayo.
En términos absolutos, las solicitudes de minoristas en la última subasta de letras a 12 meses alcanzaron los 3.200 millones de euros, casi el triple que en la subasta de marzo. No se veía un apetito similar desde la crisis de deuda soberana de 2012.
La guerra en Irán ha actuado como un catalizador perfecto. La incertidumbre geopolítica empuja a los ahorradores hacia activos percibidos como seguros. Y pocas cosas hay más seguras, en teoría, que el papel del Estado. Aunque la inflación en España ronda el 3,5%, la seguridad se ha convertido en el principal motor de las decisiones.
El perfil del inversor que acude a las subastas ha cambiado. Ya no son solo los jubilados y ahorradores conservadores. También han entrado jóvenes que buscan aparcar sus ahorros mientras esperan a que escampe. Es un fenómeno generacional.
Rentabilidad y miedo: la guerra en Irán dispara el atractivo de las Letras
El fuerte apetito ha permitido al Tesoro colocar deuda a tipos más bajos de los que exigiría un entorno de tipos altos. Pero la guerra ha invertido esa dinámica. La escasez de alternativas rentables y seguras ha llevado a los inversores a aceptar rendimientos que, aunque modestos, superan con creces a los depósitos bancarios. Un vistazo rápido a los comparadores muestra que el mejor depósito a un año apenas llega al 1,5% TAE. La diferencia, para un capital de 50.000 euros, son más de 500 euros netos al año.
Eso sí, la inflación sigue comiéndose buena parte de esa ganancia. Pero en un contexto en el que el principal temor es perder el capital, no erosionarlo, las Letras brillan. Sobre todo si se compran con la intención de mantener hasta vencimiento.
La prima de riesgo de España se ha mantenido contenida pese al conflicto, lo que demuestra que los mercados confían en la deuda española. De hecho, el bono a 10 años cotiza en el 3,80%, con una demanda sólida.
Más allá del pánico: lo que dice esta fuga sobre el ahorro español
La estampida hacia las Letras del Tesoro no es solo un síntoma de prudencia. Es también un reflejo de la escasa confianza que inspiran otros activos. La renta variable española, en plena corrección desde enero, ha perdido un 8% en lo que va de año. Los fondos de inversión han registrado reembolsos netos en abril por primera vez en doce meses. Y los depósitos bancarios, pese a la subida de tipos, apenas ofrecen un 1% TAE en la mayoría de entidades. La mayoría de los inversores ha optado por la tranquilidad, pero a largo plazo puede que se lleven una sorpresa.
Desde esta redacción consideramos que la fuga hacia la deuda pública es, en buena parte, una respuesta racional. Sin embargo, también esconde un riesgo: si la demanda sigue creciendo, el Tesoro podría verse forzado a reducir aún más los tipos de interés en las próximas subastas, dejando a los inversores con una rentabilidad menguante justo cuando más la necesitan.
A largo plazo, la cuestión es si esta burbuja de ahorro público volverá a fluir hacia la economía productiva cuando el conflicto remita. O si, por el contrario, se enquistará en un círculo vicioso de aversión al riesgo. La respuesta podría estar en la próxima subasta del 18 de junio, fecha clave para calibrar si el apetito sigue intacto o empieza a flaquear.
Pero si el conflicto escala y afecta al suministro energético, la inflación podría repuntar hasta el 4% o más, con lo que la rentabilidad real de las Letras se volvería aún más negativa. Es el peaje de la seguridad. Incluso los grandes fondos de pensiones han empezado a incrementar su exposición a deuda pública española.
Dejémoslo en un ‘ya veremos’.





