El bloqueo en Irán vacía las reservas mundiales de petróleo al ritmo más rápido de la historia

El bloqueo del estrecho de Ormuz por el conflicto con Irán está reduciendo el colchón de crudo global a la mayor velocidad jamás registrada. Los precios se disparan y el fantasma de la recesión se extiende entre los grandes consumidores.

Las reservas de petróleo del planeta se evaporan a una velocidad que no tiene precedentes. Según datos adelantados por Bloomberg, la guerra en Irán y el bloqueo efectivo en el estrecho de Ormuz están vaciando los inventarios mundiales de crudo al ritmo más rápido de la historia, erosionando el mismo colchón que debería amortiguar los shocks de oferta.

No es una metáfora. La cifra diaria de drenaje supera incluso las marcas de los picos de consumo de la pandemia de 2020 y de la crisis financiera de 2008. Cada día que pasa, el mundo se acerca un poco más a un escenario de escasez aguda. Los analistas que cubren el mercado energético no recuerdan una reducción tan abrupta de las existencias desde que existen registros fiables.

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Las cifras de la sangría de reservas de petróleo

El informe de Bloomberg, basado en datos de seguimiento de satélites y fuentes del sector, estima que la quema de inventarios alcanza los 2,5 millones de barriles diarios, una tasa que duplica el ritmo de la crisis de 2014 y triplica el promedio histórico. Las reservas comerciales de los países de la OCDE han caído por debajo de los 2.800 millones de barriles, su nivel más bajo en una década.

Buena parte de los estrategas empieza a preguntarse cuánto aguantará el sistema. Las reservas estratégicas de crudo, las mismas que liberaron Estados Unidos y la Unión Europea para estabilizar los precios tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, están hoy en niveles peligrosamente reducidos. Y esta vez la válvula de la OPEP no ofrece un alivio claro: Arabia Saudí, el único productor con capacidad ociosa real, ha optado por preservar su cojín para proteger su propia seguridad energética en un entorno de guerra regional.

La Agencia Internacional de la Energía todavía no ha publicado su revisión de mayo, pero técnicos consultados en privado califican la situación de ‘insostenible’ y barajan convocar una reunión extraordinaria de los países miembros para autorizar liberaciones de emergencia si el bloqueo se extiende más allá de final de mes.

El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo mundial, es un cuello de botella en el que la tensión militar ha detenido casi por completo las operaciones de los grandes petroleros. Los seguros no cubren los riesgos y las navieras no se atreven a cruzar. Algunas estimaciones apuntan a que hasta un 80 % de los cargamentos habituales del Golfo Pérsico está varado o desviado, con un coste adicional que se traslada directamente a los futuros del crudo.

Impacto inmediato en el precio del crudo y los consumidores

El precio del barril de Brent ha superado los 135 dólares, niveles que no se veían desde el verano de 2008, y los futuros a corto plazo anticipan nuevos máximos en las próximas sesiones. En las gasolineras españolas, el litro de diésel roza los 2,10 euros y empieza a ser un lastre para la recuperación económica. El fantasma de la estanflación —bajo crecimiento con inflación disparada— ha vuelto a las mesas de los bancos centrales.

Las refinerías operan al límite de su capacidad técnica para procesar crudo almacenado, pero si el bloqueo se prolonga más de seis semanas, varias de ellas podrían verse obligadas a parar. Eso dispararía aún más los precios de los carburantes y, por contagio, los de los polímeros, fertilizantes y todos los derivados que alimentan la industria manufacturera.

Yo esperaba un movimiento más contundente de los grandes productores, pero por ahora hay más miedo que solidaridad. Los Emiratos Árabes e Irak tienen limitaciones de capacidad y, además, la geografía juega en su contra: su salida al mar también depende de un estrecho de Ormuz abierto y seguro. Nadie quiere arriesgar sus buques.

Lecciones de la historia: ¿por qué este vaciado es distinto?

No es la primera vez que una crisis geopolítica dispara la demanda de inventarios. En 1990, la invasión de Kuwait drenó las reservas a un ritmo superior al 3 % semanal durante casi un mes. En 2011, la guerra de Libia forzó a la Agencia Internacional de la Energía a autorizar liberaciones de emergencia sin precedentes. Sin embargo, lo de ahora es diferente por velocidad y por la magnitud del bloqueo: no solo se pierde el crudo iraní —alrededor de 2 millones de barriles diarios—, sino que se interrumpe el tránsito de todos los países del Golfo Pérsico que dependen del estrecho. Es como si de repente se cerrara el grifo de la mitad de la oferta mundial transportada por mar.

La mayoría de los modelos económicos consultados por esta redacción apunta a que, si el bloqueo dura más de dos meses, el agotamiento de las reservas estratégicas de petróleo podría alcanzar niveles críticos a finales de junio, forzando racionamientos en varios continentes. Creo que los mercados están subestimando la rapidez con la que el tiempo juega en contra. La confianza en que la diplomacia resuelva el conflicto antes de que se produzcan daños irreparables roza la ingenuidad.

El verdadero pánico no vendrá cuando el barril toque los 150 dólares, sino cuando se empiecen a ver colas de vehículos en las gasolineras del sur de Europa. Entonces sabremos, sin necesidad de gráficos, que el colchón que creíamos infinito se ha gastado. Y las preguntas que vendrán serán incómodas: ¿estamos preparados para una recesión por escasez energética? ¿Alguien tiene un plan B que no sea rezar para que la diplomacia funcione?


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