La Generalitat de Cataluña ha dado un golpe de timón en la política de atracción de inversiones digitales al declarar los centros de datos infraestructura estratégica. Una decisión que, según ha podido saber Merca2.es, agilizará la tramitación urbanística y administrativa de los nuevos proyectos en la comunidad. La medida llega en un momento en que la demanda de capacidad se dispara por la expansión de la inteligencia artificial y los servicios en la nube.
Claves de la operación
- Simplificación administrativa para acelerar proyectos. Los promotores ya no enfrentarán trabas urbanísticas desproporcionadas, lo que reduce plazos y costes de implantación.
- Cataluña compite por un mercado de 35.000 millones de euros. La región se alinea con otras autonomías que ya han adoptado figuras similares, en una pugna por atraer a los grandes hiperescalares.
- El sector digital español gana un nuevo motor. La decisión del Govern llega tras meses de presión de asociaciones como DigitalES y puede desencadenar un efecto contagio en otras comunidades.
La clasificación de los centros de datos como infraestructura crítica equipara su régimen al de la energía o las telecomunicaciones. En la práctica permitirá a los inversores sortear licencias municipales complejas y reducir los tiempos de respuesta de la administración a menos de seis meses, un plazo que hasta ahora duplicaba cualquier proyecto. La Generalitat ha hecho suya una reivindicación que el sector llevaba años planteando no solo en Cataluña, sino en el conjunto de España.
La decisión no es casual. La comunidad compite directamente con Madrid y Aragón, que han atraído en los últimos tres años inversiones por valor de 4.200 millones de euros en nuevos campus de datos. Cataluña, con una posición geográfica privilegiada para el tráfico submarino de cables y una fuerte demanda de conectividad desde Barcelona, espera ahora recuperar el terreno perdido. Según datos de la patronal Spain DC, la capacidad instalada en la región supera ya los 250 megavatios, pero estaba estancada por la parálisis burocrática.
Sin embargo, el anuncio no disipa todos los nubarrones. El déficit de potencia eléctrica en puntos clave como la Zona Franca sigue siendo el principal cuello de botella. Varios operadores consultados por esta redacción señalan que, sin una inversión firme en nuevas subestaciones, la declaración estratégica corre el riesgo de convertirse en papel mojado. «Es un paso adelante muy relevante, pero si la red no acompaña, servirá de poco», explica una fuente del sector que prefiere mantener el anonimato.
A ello se suma la competencia creciente de otras autonomías que han afinado su legislación. Aragón, gracias a su disponibilidad de suelo y energía renovable, ha logrado atraer a Amazon Web Services y Microsoft para sus campus europeos. Madrid, por su parte, concentra más del 60% de la capacidad nacional y acaba de aprobar un plan de agilización de licencias que promete tramitar cualquier proyecto en menos de nueve meses. Cataluña llega tarde a esta carrera, pero con una baza: su ecosistema tecnológico y su conectividad intercontinental.
La carrera por los centros de datos en España se decidirá más en los despachos de Red Eléctrica que en los del Govern.
La pugna silenciosa por convertirse en el ‘hub’ de datos del sur de Europa
El mercado español de centros de datos movió más de 2.100 millones de euros en 2025, según el informe anual de la consultora Colliers, y las previsiones apuntan a superar los 3.000 millones en 2027. Madrid acapara el 65% de esa inversión, mientras que Cataluña apenas alcanza el 18%. La diferencia no es solo de volumen, sino de perfil: mientras Madrid se especializa en hiperescalares, Barcelona ha mantenido un ecosistema de centros interconectados de tamaño medio, muy dependientes del low latency para el sector financiero y digital.
Con la nueva normativa, el Govern espera atraer no solo a los titanes cloud, sino también a fondos de infraestructuras que buscan activos seguros. El régimen de infraestructura estratégica reduce la incertidumbre regulatoria, un factor que los inversores institucionales valoran por encima de cualquier otro. No obstante, la experiencia en otros países muestra que la declaración política no garantiza nada: las inversiones van donde hay electricidad barata y seguridad jurídica, no solo donde se aprueban decretos.
Los cuellos de botella que la declaración no resuelve por sí sola
Fuentes del sector consultadas por Merca2.es advierten de que el gran desafío sigue siendo la energía. Un centro de datos típico consume entre 30 y 100 megavatios, y en Cataluña no hay capacidad de evacuación suficiente en muchos de los polígonos designados. Red Eléctrica ya ha advertido de que las conexiones para nuevos grandes consumidores se demorarán al menos dos años si no se aceleran las inversiones en la red de transporte.
Además, la presión social sobre el consumo de agua en un contexto de sequía recurrente añade un punto de fricción extra. Aunque los nuevos diseños de refrigeración reducen drásticamente el uso de agua, la imagen de los centros de datos como devoradores de recursos sigue pesando en la opinión pública. El Govern deberá conciliar su apuesta por esta infraestructura con su discurso de sostenibilidad, un equilibrio que ya ha generado tensiones en otras comunidades como Aragón.

Telefónica y los gigantes del IBEX 35 ante un nuevo escenario fiscal y normativo
La medida puede reconfigurar la posición de los operadores locales. Telefónica, que mantiene centros de datos en Cerdanyola y el Prat, podría ser uno de los grandes beneficiados si la simplificación administrativa le permite ampliar capacidad sin los sobrecostes que arrastra desde 2023. La operadora, que en su último plan estratégico apostó por los servicios de edge computing, necesita nodos de procesamiento distribuidos cerca de las grandes ciudades; Barcelona es clave en ese esquema.
Sin embargo, la nueva figura también abre la puerta a que competidores internacionales con mayor músculo financiero, como Equinix o Digital Realty, refuercen su presencia en la región sin los obstáculos que hasta ahora los habían disuadido. El escenario, por tanto, es de oportunidad y de riesgo para los actores nacionales: el pastel crece, pero la competencia puede dejarles una porción menor. En esta redacción observamos que la Generalitat ha optado por un modelo de competencia abierta, sin medidas proteccionistas, lo que podría acelerar la llegada de capital extranjero pero diluir el peso de las empresas locales.
Históricamente, Cataluña ha tratado de emular el modelo de Dublín o Fráncfort, donde la estabilidad regulatoria y la fiscalidad atractiva convirtieron antiguas zonas industriales en valles de servidores. Pero la experiencia irlandesa también enseñó que un crecimiento desordenado de los centros de datos dispara la tensión sobre la red eléctrica y obliga a revisar los planes urbanísticos a posteriori. La diferencia es que Dublín supo combinarlo con una oferta masiva de energías renovables, algo que Cataluña aún está lejos de garantizar.
La prueba de fuego llegará con el primer gran proyecto que intente acogerse a la nueva figura. Si se topa con los mismos bloqueos energéticos y administrativos que han frenado iniciativas anteriores, la declaración estratégica habrá sido un gesto sin consecuencias. El tiempo corre en contra del Govern: cada mes de retraso son decenas de millones que toman el AVE hacia Madrid o Zaragoza.





