BCE stablecoins euros: Lagarde las rechaza y defiende infraestructura pública

La presidenta del BCE descarta crear monedas estables en euros y apuesta por la infraestructura pública del piloto Pontes, que empezará a conectar blockchain con los sistemas de liquidación del banco central en septiembre. Mientras, las stablecoins en dólares ya superan los 324.0

Christine Lagarde ha sido tajante: el Banco Central Europeo no impulsará stablecoins en euros. La presidenta del BCE rechazó este jueves en el Foro Económico Latinoamericano del Banco de España, en Roda de Bará, la idea de crear una alternativa europea a las monedas estables que dominan el mercado, casi todas denominadas en dólares. Su argumento de fondo es que ese camino no fortalecería el papel internacional del euro y, además, podría desestabilizar la financiación bancaria en la eurozona.

La declaración no es casual. Llega en un momento en el que las stablecoins ya mueven más de 324.000 millones de dólares en capitalización de mercado. El 98% de ese pastel está denominado en dólares, con gigantes como Tether (USDT) y Circle (USDC) acaparando alrededor del 90% de la emisión. Lagarde citó datos que muestran que los flujos de transacciones con estas monedas alcanzan ya el 7,7% del PIB en América Latina y el 6,7% en África y Oriente Medio. Son cifras que, a su juicio, demuestran que el alcance global del dólar está muy por delante del euro fuera de Europa.

Publicidad

Para entender el giro, conviene saber que una stablecoin es un tipo de criptoactivo diseñado para mantener un valor estable, normalmente vinculado a una moneda fiduciaria como el dólar o el euro. Funciona un poco como un cheque de viajero digital: permite mover valor por internet sin las oscilaciones bruscas del bitcoin, por ejemplo. El problema, según el BCE, es que mezclar su función monetaria con la tecnológica ha distorsionado el debate político en Europa.

El diagnóstico de Lagarde: por qué las stablecoins en euros no son la respuesta

La presidenta del BCE separó dos funciones que, según ella, se están confundiendo. La primera es la monetaria: una stablecoin puede extender el alcance internacional de una divisa, como está haciendo el dólar estadounidense. La segunda es la tecnológica: proporcionar un sistema de liquidación en blockchain para activos tokenizados, es decir, para representar digitalmente bonos, acciones o propiedades. Lagarde sostiene que apostar por stablecoins privadas en euros para competir con el dólar es un error, porque no fortalecerían el euro y sí podrían crear fragilidades en el sistema bancario tradicional.

El discurso fue una respuesta directa a la GENIUS Act de Estados Unidos, una ley firmada en 2025 que establece la supervisión federal de las stablecoins precisamente para preservar la hegemonía del dólar en la era digital. Mientras Washington construye lo que Lagarde llamó “un foso” para su moneda a través de emisores privados, Fráncfort apuesta por lo público.

Críticos como Rand Hindi, fundador de la firma de encriptación Zama, rebatieron el planteamiento desde la experiencia directa. Hindi señaló que las startups europeas ya recaudan fondos, facturan y pagan en dólares, usando el euro solo para las obligaciones fiscales. “Todo el mundo en desarrollo está adoptando el dólar gracias a USDT. Este es el nuevo petrodólar”, afirmó en redes sociales.

La hoja de ruta europea: de Pontes a Appia y la tokenización pública

Frente al modelo estadounidense, el BCE ya tiene en marcha su propia infraestructura. El piloto Pontes, previsto para septiembre de este año, conectará plataformas de registro distribuido (la tecnología que usan las criptomonedas) con el sistema de liquidación mayorista TARGET del banco central. Dicho de otro modo, permitirá que los bancos liquiden grandes operaciones con dinero digital del propio banco central, pero sobre raíles blockchain.

En pruebas realizadas a principios de 2024 se llegaron a liquidar aproximadamente 1.600 millones de euros en 50 transacciones repartidas en nueve jurisdicciones. La hoja de ruta Appia apunta más lejos: un ecosistema europeo completamente interoperable y tokenizado para 2028. Lagarde defendió que un ancla pública así permitiría que las stablecoins que cumplan con el reglamento europeo MiCA —la normativa que regula los criptoactivos en la UE desde 2024— y los depósitos bancarios tokenizados compitan en un entorno más seguro, sin ceder los sistemas de liquidación a emisores de dólares.

Dejémoslo en un “ya veremos”.

La apuesta es ambiciosa. Pero también llega con retraso respecto a la realidad del mercado. La adopción de stablecoins dolarizadas sigue acelerándose, especialmente en economías con monedas débiles o acceso limitado al sistema financiero. Mientras Europa despliega su infraestructura pública, el dólar ya se ha colado en los teléfonos móviles de millones de personas en países como Argentina, Nigeria o Turquía.

Análisis: entre la prudencia de Fráncfort y la urgencia del mercado

Conviene poner el debate en contexto. La Unión Europea aprobó MiCA en 2023 y la norma entró en vigor al año siguiente con la idea de ofrecer seguridad jurídica a emisores y usuarios. Sin embargo, la realidad es que casi todas las stablecoins que circulan en la eurozona siguen denominadas en dólares, una dinámica que recuerda a cómo el billete verde se incrustó en el comercio mundial de materias primas durante décadas.

El BCE está enviando un mensaje claro: prefiere un ecosistema digital controlado y con respaldo público antes que replicar el modelo estadounidense de emisión privada. No es una decisión menor. Significa que, al menos durante los próximos años, no veremos un “euro digital” emitido por grandes empresas tecnológicas o exchanges al estilo de USDC, sino una red de liquidación para bancos y agentes financieros tradicionales. La prudencia es comprensible, sobre todo tras episodios como la caída de Terra en 2022, donde una stablecoin algorítmica colapsó y provocó pérdidas millonarias a inversores de todo el mundo.

Pero el riesgo es perderse otra vez el tren. Mientras el dólar se vuelve programable y viaja por internet sin fricciones, el euro se mantiene en los raíles de la banca convencional. La pregunta es si la infraestructura pública será suficiente para competir cuando los usuarios ya han elegido de facto una moneda global. Las próximas pruebas de Pontes en septiembre y el calendario de Appia serán, por tanto, dos hitos a seguir de cerca.

El desenlace no está escrito. Estados Unidos ha elegido el pragmatismo de los emisores privados. Europa apuesta por la solidez institucional. En el mundo cripto, como en casi todo, el tiempo suele poner a cada uno en su sitio.


Publicidad