Que una economía rica crezca un 13,7% interanual es una rareza estadística que parece reservada a países emergentes. Sin embargo, eso es exactamente lo que ha logrado Taiwán en el primer trimestre de 2026, según analiza Juan Ramón Rallo en su último vídeo. La explicación cabe casi en dos siglas: TSMC e inteligencia artificial.
Una tasa de crecimiento sin precedentes en una economía desarrollada
Rallo arranca su análisis con una premisa contraintuitiva: si alguien escuchase que un país acaba de expandirse un 13,7% en términos interanuales, pensaría inevitablemente en India, Vietnam o cualquier otra economía en vías de desarrollo. Lo habitual en los países ricos, recuerda el economista, son ritmos del 2% o el 3%, y un 4% ya se considera excelente. Cifras como la taiwanesa solían pertenecer al club de las economías que partían de niveles bajos de renta per cápita y se desarrollaban a marchas forzadas.
Y, sin embargo, Taiwán no es un país pobre. Su renta per cápita supera ampliamente la de China continental, lo que hace todavía más sorprendente el dato. Rallo subraya además que no se trata de un trimestre aislado: en el cuarto trimestre de 2025 la economía taiwanesa creció un 12,7%, en el tercero un 8,4% y en el segundo un 7,7%. La aceleración es sostenida y, en sus palabras, posiblemente representa la mayor tasa de crecimiento jamás registrada por una economía desarrollada.
El motor exportador y el valor añadido interno
El canal apunta directamente al sector exterior como detonante. Las exportaciones taiwanesas avanzan a un ritmo superior al 35% interanual, y aunque buena parte de esos flujos requieren importar componentes (que también crecen al 27%), la diferencia se queda dentro del país en forma de valor añadido. Ese diferencial es el que está enriqueciendo a las familias y explicando que el consumo doméstico avance por encima del 5% interanual.
La pregunta lógica es qué producto concreto puede generar semejante valor añadido. Rallo lo resume con una metáfora clara: Taiwán ha encontrado su pozo de petróleo, y ese pozo se llama chips avanzados.
TSMC: el cuasi monopolio que sostiene la cadena global
TSMC fabrica el 70% de todos los chips más avanzados del planeta. Y Rallo insiste en un matiz importante: fabrica, no diseña. Sus clientes son Apple, Nvidia, AMD, Qualcomm y otras 500 compañías que diseñan los chips y le encargan la producción. Su competidor inmediato, Samsung, apenas alcanza el 6 o el 7% de cuota, y en los nodos más punteros, TSMC se acerca al 100%.
¿Por qué nadie consigue replicarlo? Según el analista, porque la compañía ha acumulado durante años un conocimiento técnico tácito, no transferible y casi imposible de copiar. Los competidores lo intentan, los incentivos económicos son enormes, pero el resultado sigue siendo esquivo.
Taiwán está creciendo a tasas espectaculares porque produce algo que nadie más sabe ni va a saber producir a corto y medio plazo en el resto del mundo.
— Juan Ramón Rallo
La inteligencia artificial cambia la escala del negocio
TSMC lleva una década en posición dominante, así que la pregunta es por qué la explosión de crecimiento llega justo ahora. La respuesta, según Rallo, está en el auge de la inteligencia artificial. Hasta hace poco, su principal cliente era Apple y su negocio giraba en torno al iPhone. Desde 2024, el centro de gravedad se ha desplazado hacia Nvidia, cuyas GPU diseñadas son fabricadas materialmente por la taiwanesa.
La cadena causal queda así perfectamente engarzada: Oracle, Meta, Microsoft o Alphabet invierten cantidades extraordinarias en centros de datos; esos centros se nutren de GPU de Nvidia; y esas GPU acaban saliendo de las fábricas de TSMC. El resultado, en cifras, es contundente: en 2023 la compañía facturaba 70.000 millones de dólares anuales, y para 2026 se estiman 158.000 millones, más del doble en apenas tres años.
Geopolítica: ¿por qué China no puede simplemente invadir Taiwán?
El razonamiento intuitivo invitaría a pensar que esta dependencia mundial convierte a Taiwán en un blanco geopolítico irresistible para Pekín. Si controlar TSMC equivale a controlar la economía global de los chips, ¿no es una invasión solo cuestión de tiempo? Rallo desmonta el argumento con varias capas.
Primero, TSMC no es autónoma. Necesita importar las máquinas de litografía de la holandesa ASML, que mantiene un monopolio incluso más blindado que el de la propia TSMC. También depende de productos químicos llegados de Estados Unidos y Japón. Una invasión cortaría inmediatamente esos suministros. Segundo, las máquinas ya instaladas tampoco serían un trofeo aprovechable: ASML ha confirmado que cuenta con un software capaz de inutilizarlas en remoto en caso de invasión.
Y queda el factor humano. Si los ingenieros taiwaneses no cooperan con un eventual gobierno ocupante, ningún experto chino puede sustituirlos a corto plazo, porque el know-how acumulado dentro de TSMC no está documentado de forma trasladable. China lo ha intentado replicar dentro de sus fronteras y solo lo ha conseguido en chips menos avanzados. La conclusión del economista es nítida: una invasión no entregaría TSMC, sino que la destruiría, perjudicando también a la propia China, que sigue siendo importadora neta de chips taiwaneses.
Lectura para el inversor y el lector europeo
Para el inversor, el mensaje implícito del vídeo es doble. La concentración del mercado en torno a TSMC ofrece una oportunidad estructural ligada al ciclo de inversión en centros de datos, pero también un riesgo de concentración geográfica que ningún ETF temático puede diversificar del todo. Rallo menciona vehículos como ETFs sectoriales de semiconductores que combinan exposición a TSMC, ASML, Nvidia, Broadcom, Micron o AMD, con rentabilidades muy elevadas en el último año.
Para el lector europeo, la lectura es geopolítica antes que financiera. La prosperidad récord de Taiwán no es solo un fenómeno asiático: es el reflejo de que la cadena de valor de la inteligencia artificial descansa sobre una isla, una compañía y un puñado de proveedores europeos y estadounidenses. Cualquier perturbación allí se sentirá aquí.
Un crecimiento que es también un seguro
El cierre del análisis ofrece una idea sugerente: ese conocimiento hiperespecializado, irreproducible a corto plazo, no solo enriquece a Taiwán, sino que probablemente actúa como su mejor póliza de seguros frente a una invasión. La paradoja es elegante. Cuanto más imprescindible se vuelve TSMC, más caro resulta destruirla y menos rentable conquistarla.
¿Resistirá ese equilibrio la próxima década, conforme la demanda de cómputo para IA siga multiplicándose? Esa es la pregunta que queda abierta, y de su respuesta dependerá buena parte del crecimiento mundial.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube:





