Marc Vidal alerta: Palantir tomará el control del Estado en 2026

El analista Marc Vidal sostiene que la compañía fundada por Peter Thiel y Alex Karp ha dejado de ser un contratista opaco para convertirse en infraestructura operativa de los Estados occidentales, con contratos en sanidad, inmigración y alimentación.

Hay una empresa que casi nadie sabe pronunciar correctamente y que, según el último análisis publicado en el canal de Marc Vidal, está dejando de ser un contratista tecnológico opaco para convertirse en algo mucho más ambicioso: la columna vertebral operativa de los Estados occidentales. Su nombre es Palantir y, en palabras del propio analista, 2026 marca el año en que su penetración institucional deja de ser una sospecha para convertirse en una arquitectura asumida.

Por qué el caso Palantir no encaja en el viejo capitalismo de vigilancia

Marc Vidal abre su exposición rompiendo un marco mental muy extendido. Cuando pensamos en una tecnológica peligrosa para la privacidad, solemos visualizar el modelo Facebook: una plataforma que captura nuestros datos, los empaqueta y los vende a anunciantes. Ese esquema, recuerda Vidal, lo bautizó Shoshana Zuboff en 2019 como capitalismo de vigilancia. Y, sin embargo, sostiene que ese marco se ha quedado anticuado para entender lo que está ocurriendo ahora.

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Palantir, explica el divulgador, no funciona así. No vende publicidad, no necesita monetizar al usuario individual y, en muchos contratos, ni siquiera almacena los datos personales. Es la frase exacta que la compañía repite en sede parlamentaria cuando se le acusa de amenazar derechos: nosotros no nos quedamos los datos. Técnicamente es cierto. El truco, advierte Vidal, está en otro sitio.

La ontología: el verdadero modelo de negocio

El concepto clave que Marc Vidal pide retener es el de ontología. En informática, la ontología es la capa que define qué significan los datos, cómo se relacionan y qué decisiones se desprenden de ellos. No es dónde se almacena la información, sino cómo se interpreta. Cuando un hospital o un ministerio firma con Palantir, según el análisis del canal, no contrata almacenamiento ni analítica: cede que su forma de pensar y sus procesos pasen a estar mediados por software propietario.

Vidal lo ilustra con una imagen muy gráfica: un ayuntamiento que durante cuarenta años gestionó expedientes en carpetas físicas y que acepta digitalizarlo todo, gratis, con un proveedor externo. A los cinco años, el personal nuevo ya no conoce el sistema antiguo. A los diez, los procesos se han rediseñado en torno al software. A los quince, salir significa paralizar la administración durante meses. Nadie robó nada: simplemente, la empresa se convirtió en el lugar desde el que esos expedientes podían existir.

Tres frentes abiertos: sanidad, inmigración y alimentación

Para sostener su tesis, Marc Vidal repasa tres contratos activos que, asegura, definen la escala real del fenómeno. El primero es la sanidad pública británica. El NHS firmó un contrato de 330 millones de libras con Palantir para gestionar la Federated Data Platform, la plataforma centralizada de datos clínicos de Inglaterra. Vidal recuerda que el debate parlamentario del 16 de abril dejó al descubierto un detalle crítico: la propiedad intelectual del software escrito específicamente para el NHS pertenece a Palantir, no al servicio público. Aplicaciones como Cancer 360 u Optica son productos de la empresa, y migrarlas a otro proveedor sería, en la práctica, imposible.

El analista subraya además que Palantir entró en el NHS en 2020 con un contrato simbólico de una libra durante la pandemia. Lo demás vino después, sin licitación competitiva.

El contrato no entrega ni una sola línea de software. Solo una suscripción permanente. Un lock-in. Un único punto de fallo.

— Marc Vidal, citando al diputado Martin Wrigley en el Parlamento británico

El segundo frente es estadounidense. En 2025, la agencia de inmigración adjudicó a Palantir un contrato de 30 millones de dólares para construir Immigration OS, un sistema operativo del ciclo migratorio que integra biometría, registros telefónicos, escaneos del carnet de conducir, datos de vuelos e incluso información sanitaria. Vidal cita documentos filtrados a 404 Media según los cuales, en operaciones especiales, los agentes pueden desactivar filtros y ver todos los objetivos sin restricciones. Por encima, el Departamento de Seguridad Nacional firmó un acuerdo marco que permite contratar hasta 1.000 millones de dólares en servicios de la compañía durante cinco años.

El tercer frente, recién abierto, es la cadena alimentaria. Vidal apunta a un contrato de 300 millones de dólares del Departamento de Agricultura estadounidense con Palantir, articulado mediante la plataforma Landmark. Cuando el USAID lanzó un programa de ayudas de 11.000 millones, Landmark procesó las inscripciones en 62 minutos y distribuyó 4.400 millones en cinco días. La eficiencia, admite el analista, es real. La pregunta que él plantea es otra: tras sanidad, defensa, inmigración, inteligencia financiera, policía y ahora alimentación, ¿qué queda fuera?

El manifiesto de Alex Karp y la red política detrás

Marc Vidal dedica una parte importante del vídeo a un libro publicado en febrero por Alex Karp, cofundador y consejero delegado de Palantir: The Technological Republic. Lo describe como una rareza en Silicon Valley: una empresa que abandona el discurso libertario clásico y reclama abiertamente un Estado fuerte, financiado e integrado con las grandes plataformas de software. No menos Estado, matiza Vidal, sino más Estado moldeado a la medida de la propia compañía.

Detrás de Karp, recuerda el analista, está Peter Thiel, presidente y cofundador de Palantir, mecenas político con agenda explícita y financiador histórico de JD Vance, hoy vicepresidente de Estados Unidos. En el Reino Unido, el Parlamento ha solicitado formalmente los detalles de una visita del primer ministro y de Peter Mandelson a la sede de la compañía. Vidal lo resume así: contratos millonarios firmados sin licitación competitiva con consultoras vinculadas a la propia adjudicataria, y un silencio gubernamental llamativo.

Implicaciones: del Estado al inquilino del software

La lectura editorial que propone Marc Vidal es incómoda para cualquier lector. Aplica al ámbito estatal el esquema del tecnofeudalismo que ya describe el consumo individual: cebo de la conveniencia, erradicación del activo propio, feudos amurallados con coste de salida prohibitivo y extracción infinita. La sanidad británica entró por una libra y paga 330 millones por permanecer; la inmigración estadounidense pasó de 30 millones a un marco de 1.000 millones; la agricultura acaba de sumar 300. Cada euro firmado encarece la salida y reduce la capacidad institucional de imaginar una alternativa.

Para el lector español la advertencia es directa: aunque estos contratos se firman hoy en Washington y Londres, la arquitectura que describen no respeta fronteras. Y la pregunta que lanza Vidal, casi con resignación, es quién decidió que las decisiones sobre nuestra sanidad, nuestras fronteras o nuestras ayudas públicas pasaran por la ontología propietaria de una empresa con sede en Denver y agenda política propia. Su respuesta es tajante: nadie.

Una metáfora que la propia empresa eligió

El cierre del análisis recupera el origen del nombre. Los palantíri de Tolkien no eran solo herramientas para mirar: quien los usaba quedaba expuesto a quien controlaba la piedra principal. Saruman creyó vigilar a sus enemigos y descubrió tarde que era él el vigilado. Marc Vidal no inventa la metáfora, recuerda que la eligió la propia compañía. Y deja la pregunta abierta: ¿estamos a tiempo de mirar sin ser mirados, o ya hemos cedido la torre?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.


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