El Brent roza los 120 dólares tras ocho sesiones al alza y un bloqueo naval que nadie sabe cuándo termina. El barril europeo cerró ayer en 118,4 dólares, según datos de ICE, después de que Donald Trump confirmara desde la Casa Blanca que la flota estadounidense desplegada en el estrecho de Ormuz mantendrá su posición «hasta que Teherán acepte las condiciones». Es la mayor racha alcista del crudo desde la invasión de Ucrania en 2022.
Y el mercado, por primera vez en años, ha dejado de mirar a la OPEP.
El precio del petróleo Brent acelera con Ormuz cerrado
La subida de las últimas dos semanas ronda el 22%, un movimiento que en términos absolutos suma más de 21 dólares por barril. La referencia europea no tocaba estos niveles desde marzo de 2022, en pleno shock energético tras la invasión rusa. El West Texas Intermediate, su equivalente estadounidense, cotiza en torno a 113 dólares, con un diferencial inusualmente estrecho que refleja la severidad del estrangulamiento logístico en el Golfo Pérsico.
Por Ormuz pasaba hasta marzo cerca del 20% del petróleo mundial transportado por vía marítima, según las estimaciones que maneja la Energy Information Administration de Estados Unidos. El bloqueo no es total —la marina estadounidense permite el tránsito de buques que no enarbolen pabellón iraní ni transporten crudo de origen iraní—, pero la combinación de inspecciones, primas de seguro disparadas y desvíos voluntarios ha reducido el flujo efectivo en torno a un tercio. Las aseguradoras del mercado de Londres han elevado las primas de guerra para tránsitos por la zona hasta el 0,75% del valor del casco, frente al 0,15% de hace seis semanas.
Bloomberg adelantó esta misma semana que las exportaciones de crudo estadounidense alcanzaron un récord histórico al superar los 6 millones de barriles diarios, casi un millón más que el promedio del trimestre anterior. Los compradores asiáticos, particularmente refinerías de Corea del Sur, India y Japón, están redirigiendo pedidos hacia los terminales del Golfo de México para sustituir los barriles de Oriente Medio que ya no llegan en plazo.
Trump endurece el pulso con Teherán y los analistas hablan de prima geopolítica permanente
La declaración de Trump del lunes —«no levantaremos el bloqueo hasta que Irán abandone el programa de enriquecimiento»— ha eliminado lo que quedaba de prima de optimismo en el mercado. Los analistas de Goldman Sachs, citados en notas de cliente que circulan en la City, han revisado al alza su escenario base de fin de año hasta 125 dólares, con un techo táctico en 140 si el bloqueo se prolonga más allá de junio. JP Morgan, más prudente, sitúa el rango en 110-118.
¿Estamos ante un nuevo régimen de precios o ante un pico que se desinflará en cuanto haya un gesto diplomático? Mi lectura es que la respuesta no es tan binaria. La crisis de Ormuz ha puesto sobre la mesa una vulnerabilidad estructural que el mercado había decidido ignorar durante años: el 84% de la capacidad ociosa de la OPEP+ está concentrada en países cuyas exportaciones dependen de ese mismo estrecho. Aunque mañana se firmara un acuerdo, los importadores europeos y asiáticos van a exigir diversificación geográfica con primas asociadas. Esa prima no desaparece con un titular.

Una crisis que reordena el mapa energético global
Conviene recordar lo que ocurrió en los choques anteriores. La crisis del canal de Suez de 1956 aceleró la construcción de superpetroleros capaces de rodear el cabo de Buena Esperanza y reconfiguró el comercio marítimo durante dos décadas. El embargo árabe de 1973 disparó la creación de las reservas estratégicas y nacionalizó buena parte del upstream en países productores. La crisis de Ormuz de 2026, si se prolonga más allá del verano, dejará huellas similares: previsiblemente acelerará la inversión en oleoductos terrestres alternativos como el que conecta Abu Dabi con Fujaira, reforzará la posición de Estados Unidos como exportador marginal de referencia y obligará a Bruselas a replantear el calendario de descarbonización con un realismo que hasta ahora ha rehuido.
Hay un dato que casi nadie está mirando y que a mí me parece revelador. Las posiciones largas netas de los fondos especulativos en futuros del Brent han subido un 38% en abril, según los reportes semanales de la ICE, pero el volumen total de contratos abiertos apenas ha crecido un 6%. Traducción: hay convicción direccional, pero no euforia. El mercado está apostando al alza con cierta cautela, consciente de que un comunicado de la Casa Blanca puede revertir buena parte del movimiento en horas.
El consumidor europeo, que aún no ha visto el impacto pleno en el surtidor por el desfase logístico de tres a cuatro semanas, lo notará a partir de mediados de mayo. Las refinerías de Cartagena, Tarragona y Bilbao están operando con inventarios que se compraron antes del salto. Cuando se agoten, el precio en la gasolinera reflejará el Brent actual, no el de marzo. La pregunta para los próximos meses no es tanto cuánto sube el barril sino qué Gobiernos europeos están preparados para gestionar políticamente una factura energética que volverá a parecerse a la del invierno de 2022. La cumbre energética extraordinaria del Consejo Europeo está convocada para el 18 de mayo. Allí veremos quién llega con propuestas y quién con excusas.




