La Fed afronta la última reunión de Powell con Warsh al acecho

El FOMC mantendrá tipos sin cambios en la última reunión bajo Jerome Powell. Mientras tanto, Kevin Warsh sortea el examen del Senado y se perfila como sucesor en un relevo cargado de presión política.

La Fed celebra esta semana la última reunión de política monetaria con Jerome Powell al frente, y el guion ya está escrito: tipos sin cambios. Lo interesante ocurre fuera de la sala. En el Senado, Kevin Warsh sortea sin grandes sobresaltos el examen del comité bancario, en lo que parece el preludio de un relevo más político que técnico al frente del banco central más influyente del mundo.

El contraste es llamativo. Powell se despide gestionando la inercia de una economía que aún no termina de domar la inflación subyacente, mientras Warsh, exgobernador de la Fed entre 2006 y 2011 y candidato preferido de Donald Trump, desfila por Capitol Hill prometiendo independencia y, a la vez, una hoja de ruta más amable con los recortes de tipos que reclama la Casa Blanca. Esa contradicción, que Warsh nunca admitirá en estos términos, marcará los próximos meses.

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La Fed mantiene tipos en la reunión de despedida de Powell

Según adelantaron Financial Times y Reuters, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) dejará el rango objetivo de los fed funds sin variaciones en esta reunión, la última que preside Powell antes de que expire su mandato. La decisión se da por descontada en los mercados de futuros, donde la probabilidad implícita de una pausa supera el 90% según la herramienta CME FedWatch.

El argumento del consenso interno es conocido: la inflación general ha cedido, pero el componente subyacente de servicios sigue por encima del objetivo del 2% que la Reserva Federal mantiene como ancla. Recortar ahora supondría comprometer la credibilidad antiinflacionista que Powell ha defendido, a veces con coste político alto, durante los últimos años.

Powell se va, además, con una economía que crece por encima del potencial estimado y un mercado laboral que, sin estar tan tensionado como en 2023, tampoco da señales claras de enfriamiento. Es un mandato cerrado en falso. Ni recesión, ni aterrizaje suave del todo. Una zona gris.

Warsh supera el examen del Senado y se acerca al sillón de Powell

En paralelo, Kevin Warsh ha comparecido ante el comité bancario del Senado en la audiencia preceptiva para su confirmación. Según las crónicas de la sesión, no hubo grandes fricciones. Los senadores republicanos arroparon su candidatura y los demócratas, aun mostrando reservas sobre su cercanía a Trump, no lograron escenificar un rechazo frontal.

Warsh defendió tres ideas que conviene anotar. Primera: la independencia operativa de la Fed es innegociable. Segunda: el banco central debe recuperar la humildad analítica tras los errores de previsión de 2021 y 2022. Tercera: hay margen para revisar el actual nivel de tipos si los datos de inflación lo permiten. Esta última frase, en boca del candidato del presidente que lleva un año reclamando recortes, no es trivial.

Cabe recordar que Warsh fue el gobernador más joven de la historia de la Fed cuando lo nombró George W. Bush. Dimitió en 2011 tras discrepar con Ben Bernanke sobre la segunda ronda de quantitative easing. Su perfil combina experiencia institucional con un sesgo crítico hacia la expansión monetaria, algo que en el papel debería tranquilizar a los halcones del FOMC. En la práctica, su llegada coincide con una presión política sin precedentes.

Reserva Federal tipos

Independencia, presión política y el coste reputacional de la transición

Aquí es donde el análisis se complica. La independencia de la Fed no es un atributo legal estático: es un equilibrio reputacional que se sostiene en la percepción de los mercados, los inversores extranjeros que financian la deuda estadounidense y los socios comerciales del dólar. Si esa percepción se erosiona, el coste se paga en primas de riesgo y en la curva de tipos largos, no en titulares.

Trump ha sido explícito en su deseo de tipos más bajos. Warsh, lo quiera o no, llega marcado por esa expectativa. Y aquí está mi reserva: por mucho que repita la palabra independencia en sus comparecencias, los primeros movimientos de su mandato serán leídos en clave política. Si recorta pronto, se interpretará como cesión a la Casa Blanca. Si no recorta, se entenderá como gesto deliberado de distancia. No hay terreno neutro.

El precedente histórico no invita al optimismo. Arthur Burns, presidente de la Fed entre 1970 y 1978, cedió a las presiones de Nixon en los años setenta y dejó una inflación de dos dígitos que costó casi una década corregir. Paul Volcker hizo lo contrario y pagó el precio de una recesión brutal. Powell, con todos sus errores de comunicación, ha intentado situarse en el segundo bloque. Veremos en qué bloque acaba Warsh.

La cita relevante en el calendario es la primera reunión del FOMC bajo nueva presidencia y la rueda de prensa que la siga. Ahí se medirá no lo que diga, sino cómo lo diga, y si el mercado de bonos a 10 años le concede el beneficio de la duda. Un repunte súbito del rendimiento del Treasury sería la señal más elocuente, mucho más que cualquier comparecencia en el Senado.


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