Los despidos en la operativa de IA de Meta en Irlanda alcanzarían a más de 700 personas, según documentos internos revelados por Wired. La cifra apunta a Covalen, contratista que entrena modelos para la matriz de Facebook desde Dublín, y abre un frente delicado en el ecosistema laboral tecnológico europeo.
Claves de la operación
- Meta retira carga de trabajo a su contratista irlandés. El recorte afectaría a más de 700 empleados de Covalen dedicados al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, según la documentación interna a la que ha tenido acceso Wired.
- Dublín pierde músculo como hub europeo de IA. La capital irlandesa concentra la mayor parte del empleo tecnológico extranjero del país y un golpe de esta magnitud erosiona su posición frente a Madrid, Lisboa o Varsovia.
- El modelo de subcontratación de etiquetadores entra en cuestión. La operación reabre el debate sobre la fragilidad laboral de quienes alimentan a las grandes IA, un colectivo que crece sin marco regulatorio europeo claro.
El espejismo del empleo tecnológico en Dublín
Covalen, filial del grupo CPL, lleva años siendo uno de los partners preferidos de Meta para tareas de moderación y entrenamiento de modelos. Trabajar para Covalen significaba, en la práctica, trabajar para Meta sin tener su contrato. Un matiz importante: cuando Menlo Park decide cerrar el grifo, el ajuste lo absorbe el contratista, no la matriz.
La documentación filtrada apunta a más de 700 puestos comprometidos. La cifra equivale, según las estimaciones públicas del grupo CPL, a una porción muy relevante de su plantilla dedicada a clientes big tech. No hay confirmación oficial por parte de Covalen ni de Meta sobre el alcance final del recorte ni sobre el calendario.
Y ahí está el matiz. El empleo que durante una década se vendió como sólido —oficinas en los Docklands de Dublín, sueldos por encima de la media irlandesa, beneficios sociales— era en buena parte empleo subcontratado, vinculado a un único cliente y a una línea de negocio concreta: etiquetar datos, evaluar respuestas, moderar resultados de modelos generativos.
Cuando ese cliente cambia de proveedor, traslada la carga a otro país o sustituye personas por sistemas automáticos, el empleo se evapora. Sin red.
¿Quién paga el coste de entrenar a la IA?
Analizamos esta operación como un síntoma. La industria del entrenamiento de modelos —desde OpenAI hasta Google pasando por Meta— se sostiene sobre una capa intermedia de proveedores que contratan a miles de personas en Irlanda, Kenia, Filipinas o Colombia para refinar las respuestas de los modelos. Es trabajo invisible, mal pagado en términos relativos al valor que genera, y muy expuesto a decisiones unilaterales del cliente final.
Meta no es la primera. En los últimos dieciocho meses se han producido ajustes similares en proveedores de Google y de OpenAI, con menor visibilidad mediática. La diferencia es que Irlanda, por su estatus fiscal y por ser sede europea de Meta, había escapado hasta ahora del epicentro del recorte.
El grupo CPL, matriz de Covalen, cotiza en mercados pequeños y depende fuertemente de contratos corporativos de gran volumen. Una salida desordenada del contrato con Meta tendría impacto directo en su flujo de caja, aunque la compañía ha diversificado en los últimos ejercicios hacia clientes financieros y farmacéuticos.
El consumidor europeo, mientras tanto, ve cómo los modelos a los que recurre cada día se entrenan con prácticas laborales que la propia regulación europea sobre IA empieza a mirar con lupa. La Comisión ha pedido transparencia sobre las condiciones del entrenamiento, pero no ha legislado todavía sobre los etiquetadores.
Cada vez que una gran tecnológica recorta a su contratista, descubrimos que el empleo del que presumía nunca fue del todo suyo, y que el riesgo siempre lo asumió otro.
Lo que España puede aprender del aviso irlandés
Hemos detectado un patrón que conviene mirar de cerca desde Madrid. España compite con Irlanda, Portugal y Polonia por atraer centros de operaciones de las grandes plataformas. Madrid ha sumado anuncios relevantes —el centro de datos de Meta en Talavera, las inversiones de Microsoft y AWS en Aragón— que se presentan habitualmente como hitos de creación de empleo cualificado.
Conviene relativizar. Una parte de ese empleo no se contrata directamente: pasa por proveedores como Accenture, Webhelp, Teleperformance o Majorel, ahora integrada en Concentrix. La trazabilidad real del puesto y su estabilidad dependen de un contrato comercial que el cliente puede revisar cada doce o dieciocho meses.
El antecedente irlandés no es una rareza. Es un anticipo. El movimiento de Meta sobre Covalen recuerda lo ocurrido en 2023 con los moderadores de contenido externalizados, cuando la propia compañía rompió relación con CCC, otra subcontrata en Dublín, dejando a más de 2.000 personas en el aire. La historia se repite, con la IA generativa como nueva variable.
El mercado no se lo ha creído del todo. Las acciones de Meta apenas han reaccionado al filtración, lo que sugiere que el recorte se interpreta como ajuste operativo menor dentro de un balance que sigue marcado por la inversión brutal en infraestructura de IA. La compañía publicará resultados trimestrales en las próximas semanas, y será entonces cuando podamos calibrar si este movimiento responde a una reorganización geográfica del entrenamiento de modelos —con desplazamiento hacia Asia o hacia automatización— o a un recorte estructural de gasto.
Mientras tanto, los 700 trabajadores de Dublín esperan. Y el modelo europeo de empleo tecnológico subcontratado vuelve a quedar en evidencia.




