La fotografía geopolítica que dejan estas últimas semanas tiene un protagonista incómodo para Washington: Vladímir Putin se ha plantado junto a Teherán y, de paso, ha dinamitado la hoja de ruta que la Casa Blanca venía dibujando para Oriente Próximo. Así lo planteó Antonio Alonso en su intervención en Negocios TV, donde sostuvo que el eje Moscú-Pekín-Teherán está consolidándose como un contrapeso real al poder estadounidense. Y lo hace, además, en un momento en el que la diplomacia occidental atraviesa uno de sus tramos más débiles.
Moscú mueve ficha: el respaldo explícito a Teherán
Durante el análisis emitido por Negocios TV, Alonso explicó que la posición rusa frente a Irán ha pasado de la ambigüedad al apoyo inequívoco. No se trata, según el experto, de una alianza coyuntural, sino de una arquitectura más profunda que entronca con los acuerdos estratégicos firmados entre ambos países en los últimos meses. La idea de fondo es sencilla y, a la vez, demoledora: Putin no puede permitirse perder a Irán, igual que Pekín tampoco está dispuesto a quedarse de brazos cruzados si el régimen de los ayatolás entra en barrena.
Alonso recordó que las sanciones, los ataques selectivos y la presión militar sobre Teherán han tenido un efecto que en Washington probablemente no se calculó bien: empujar a Irán todavía más hacia la órbita ruso-china. El error de cálculo, vino a decir, ha sido pensar que la república islámica estaba sola.
El plan de Estados Unidos y por qué se ha torcido
El analista dibujó en Negocios TV un escenario en el que la administración estadounidense aspiraba a cerrar varios frentes a la vez: contener a Irán, reordenar Oriente Próximo en torno a los acuerdos con Israel y los socios del Golfo, y mantener a Rusia desgastada en Ucrania. Pero ese plan, en su lectura, choca con un obstáculo evidente. Putin ha demostrado que puede sostener simultáneamente la guerra en Ucrania y un papel activo como protector de sus aliados estratégicos.
Alonso fue tajante en este punto: la idea de que Rusia estaba al borde del colapso económico o militar se ha revelado como un espejismo. Y mientras Occidente discutía sobre paquetes de ayuda y techos de gasto, Moscú reorganizaba su economía de guerra y tejía una red de alianzas con países que comparten un objetivo común, debilitar la hegemonía del dólar y de las instituciones lideradas por Washington.
Xi Jinping, el socio silencioso que sostiene el tablero
El papel de China aparece, en el relato del experto, como el verdadero pegamento de esta tríada. Xi Jinping no aparece en primera línea, no firma comunicados encendidos ni envía flotas, pero sin Pekín nada de lo que ocurre sería sostenible. Alonso subrayó en Negocios TV que el comercio bilateral entre China y Rusia, así como las compras chinas de crudo iraní, son los oxígenos que mantienen vivo a este bloque alternativo.
Rusia ha demostrado que Irán no está sola. Putin y Xi no van a permitir que caiga, porque si cae Teherán, el siguiente eslabón del tablero euroasiático tambalea.
— Antonio Alonso, en Negocios TV
Esa idea, la de un tablero euroasiático interconectado, atraviesa todo el análisis. Para Alonso, lo que está en juego no es solo el futuro del programa nuclear iraní ni la estabilidad del Golfo, sino la propia arquitectura del orden internacional tal y como se diseñó tras 1945.
Ucrania, Israel y la doctrina del agotamiento
Otro de los hilos que tiró el analista fue el de la conexión entre los frentes abiertos. Ucrania, Gaza, Líbano, el mar Rojo e Irán no son episodios aislados, son piezas de una misma estrategia de desgaste. Según expuso en Negocios TV, mientras Estados Unidos reparte recursos entre demasiados escenarios, Rusia y China practican una doctrina paciente: dejar que el adversario se canse, se divida y se contradiga.
Y aquí, Alonso apuntó algo que conviene retener. La Unión Europea, dijo, llega tarde y mal a casi todas las conversaciones relevantes. No hay una voz común sobre Irán, no la hay sobre Ucrania más allá de declaraciones, y desde luego no la hay sobre el papel que debe jugar el continente en una eventual recomposición del orden mundial.
Lectura editorial: qué significa esto para el lector español
Más allá del análisis estrictamente geopolítico, la conversación en Negocios TV deja varias implicaciones económicas que afectan directamente al bolsillo del lector español. La primera es energética. Si la tensión con Irán escala, el precio del crudo se mueve, y con él el de los carburantes y la electricidad. La segunda es financiera. Un mundo en el que el bloque ruso-chino-iraní gana peso es un mundo en el que el dólar pierde algo de su monopolio, y eso reordena flujos de inversión, divisas y deuda.
La tercera implicación es política. Si la tesis de Alonso es correcta, y todo apunta a que el eje Moscú-Pekín-Teherán llega para quedarse, España y la Unión Europea van a tener que decidir qué tipo de actor quieren ser. La equidistancia cómoda se acaba cuando el tablero se polariza, y los próximos meses, con citas como las cumbres de la OTAN previstas para finales de 2026, serán decisivos.
Queda, eso sí, una pregunta abierta que el propio analista dejó flotando: ¿estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo orden multipolar o, simplemente, al desorden previo a una recomposición todavía imposible de prever? La respuesta, probablemente, no la veremos este año.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





