El BCE aparta a Visa y Mastercard del euro digital

El Banco Central Europeo firma con ECPC, nexo y Berlin Group para que la futura moneda digital del eurosistema funcione sobre infraestructura europea. La decisión deja fuera a las dos grandes redes de tarjetas estadounidenses de la capa fundacional del proyecto.

El Banco Central Europeo ha decidido construir el euro digital sin Visa ni Mastercard. La institución que preside Christine Lagarde acaba de firmar acuerdos con tres organismos europeos para que la futura moneda digital de la zona euro funcione sobre estándares abiertos del continente, una decisión que aparta del proyecto a las dos grandes redes estadounidenses que hoy dominan los pagos con tarjeta.

El movimiento llega después de años de debate sobre quién tendría las llaves técnicas del euro digital, y supone un giro claro hacia la soberanía tecnológica. Para el ciudadano de a pie, la decisión no cambia nada en su día a día inmediato, pero sí define cómo será dentro de unos años el dinero público que conviva con los billetes y las tarjetas.

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Qué ha firmado el BCE y por qué deja fuera a Visa y Mastercard

Los acuerdos se han cerrado con tres entidades muy específicas: el European Payments Council (ECPC), que coordina los esquemas de pagos en euros entre bancos; nexo, la asociación que define estándares para pagos en comercios; y Berlin Group, una alianza técnica que fija reglas comunes para la interoperabilidad entre entidades financieras europeas. Tres siglas que suenan a despacho, pero que entre las tres cubren prácticamente toda la fontanería de los pagos europeos.

La idea de fondo es que el euro digital, cuando llegue, hable el mismo idioma técnico en cualquier país de la zona euro y lo haga sobre protocolos abiertos, no sobre redes propietarias. Visa y Mastercard, las dos compañías que hoy procesan la mayoría de pagos con tarjeta en Europa, quedan fuera de esa capa fundacional. Según ha publicado el medio especializado BeInCrypto, el BCE quiere evitar que la infraestructura crítica del dinero público dependa de proveedores no europeos.

No es un detalle menor. Cada vez que pagamos con tarjeta en un comercio europeo, una parte de la comisión termina en cuentas de empresas estadounidenses. El euro digital está diseñado precisamente para ofrecer una alternativa pública, gratuita para el usuario final y bajo control del eurosistema.

Qué es exactamente el euro digital y a quién afecta

Conviene explicarlo sin tecnicismos. El euro digital sería una CBDC (Central Bank Digital Currency, una moneda digital emitida directamente por un banco central), es decir, dinero del BCE pero en formato electrónico, equivalente a tener un billete pero en el móvil. No es una criptomoneda al uso: ni es descentralizada ni fluctúa de precio. Un euro digital valdría exactamente un euro, igual que un billete.

Por ponerlo en contexto, China lleva años probando el yuan digital, y otros bancos centrales como el de Brasil o el de Reino Unido tienen proyectos similares en marcha. Europa va con calma, pero quiere ir bien. La fase preparatoria del proyecto está en curso desde noviembre de 2023, y la decisión final sobre su lanzamiento depende del Consejo de Gobierno del BCE y del aval de las instituciones europeas.

Para el ciudadano, el euro digital se traduciría en una cartera digital oficial, probablemente integrada con la app del banco de cada uno, que permitiría pagar online y en comercios sin pasar por Visa o Mastercard. También funcionaría sin conexión, en pequeñas cantidades, algo que el BCE considera esencial para que sea un sustituto real del efectivo.

Una apuesta por la soberanía que llega tarde y con riesgos

La lectura de fondo es claramente geopolítica. Europa lleva más de una década intentando construir alternativas propias en pagos —el proyecto European Payments Initiative, lanzado en 2020 con apoyo de la banca, terminó reduciéndose mucho respecto a su ambición original— y ha visto cómo Visa, Mastercard y, más recientemente, soluciones como Apple Pay o Google Pay se han comido el terreno. Que el BCE plante bandera ahora con el euro digital y opte por estándares abiertos europeos es coherente con esa estrategia, pero también llega con varios años de retraso respecto a lo que está pasando en otros bloques.

Hay riesgos visibles. El primero es de adopción: un sistema de pagos solo funciona si lo usa mucha gente, y los europeos ya están cómodos con sus tarjetas y sus apps. El segundo es técnico: los estándares abiertos suenan bien sobre el papel, pero coordinar a bancos, comercios, reguladores y veintenas de proveedores tecnológicos para que todo encaje no es trivial. Y el tercero es político, porque parte del sector bancario europeo teme que un euro digital muy generoso en límites pueda restarles depósitos.

El siguiente hito relevante será la decisión formal del Consejo de Gobierno del BCE sobre si pasar a la fase de construcción real, prevista para los próximos meses. Si la respuesta es afirmativa, el euro digital podría empezar a desplegarse de forma escalonada antes del final de la década. Si no, el proyecto seguirá en pruebas y el dominio de las redes americanas en los pagos europeos cotidianos continuará intacto un tiempo más.


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