El ETF de Bitcoin de BlackRock bate récord y entra en Wall Street

El interés abierto en las opciones sobre IBIT marca máximos y confirma que los grandes fondos ya usan bitcoin como herramienta de cobertura macroeconómica. La concentración del mercado en un solo emisor abre, sin embargo, nuevos riesgos.

El fondo cotizado de bitcoin de BlackRock, conocido por su ticker IBIT, acaba de marcar un récord que confirma lo que en el sector se viene comentando desde hace meses: el bitcoin ya no es un activo de nicho. Es un instrumento más en las carteras de los grandes gestores de Wall Street, y los datos de derivados así lo demuestran.

Según una información publicada por CoinDesk este fin de semana, el interés abierto en las opciones sobre IBIT —es decir, el dinero que los inversores tienen comprometido en contratos que les permiten apostar al alza o protegerse de caídas— ha alcanzado un máximo histórico. Dicho de otro modo: cada vez más fondos institucionales están usando este ETF no solo para tener bitcoin, sino para cubrirse frente a sacudidas en sus carteras.

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Qué dice el récord de IBIT y por qué importa

El producto de BlackRock se lanzó a principios de 2024, cuando la SEC autorizó por fin los ETFs de bitcoin al contado en Estados Unidos. Desde entonces, IBIT ha ido batiendo marcas: primero por velocidad de captación de patrimonio, después por volumen diario negociado, y ahora por volumen en su mercado de opciones.

Las opciones son contratos que permiten comprar o vender un activo a un precio fijado y en una fecha futura. Sirven para apostar a una dirección concreta del mercado, sí, pero sobre todo se utilizan para algo más prosaico: cubrir riesgos. Un fondo que tiene bitcoin en cartera puede comprar opciones de venta sobre IBIT y limitar pérdidas si el mercado se desploma. Es la misma lógica que se aplica con el oro, el petróleo o el S&P 500.

Que el interés abierto en estas opciones marque récord significa que los gestores profesionales están integrando bitcoin en sus modelos de gestión de riesgo. No lo tratan como una apuesta marginal, sino como una posición que merece la pena cubrir. Los datos completos del producto pueden consultarse en la ficha oficial de iShares, la división de ETFs de BlackRock.

Cobertura macro: por qué los fondos compran bitcoin

La narrativa que ha empujado este movimiento es conocida pero conviene desgranarla. En un entorno de tipos altos durante más tiempo del previsto, deuda pública estadounidense desbocada y dudas sobre el dólar como refugio, varios gestores institucionales han empezado a tratar el bitcoin como una especie de oro digital: un activo escaso, no controlado por ningún gobierno, que se mueve por su propia lógica.

Eso no significa que sea un refugio seguro al estilo clásico. Bitcoin sigue siendo volátil y puede caer un 20% en una semana mala, algo impensable para el oro. Pero precisamente por su descorrelación parcial con la bolsa y los bonos, encaja en carteras que buscan diversificar.

Por ponerlo en contexto: el patrimonio gestionado por los ETFs de bitcoin al contado en Estados Unidos supera ya los 100.000 millones de dólares según los datos recopilados por SoSoValue, una plataforma que agrega los flujos de estos productos. Es una cifra comparable a la capitalización bursátil de empresas como Repsol o Telefónica.

IBIT récord

Lectura del medio: institucionalización con asteriscos

Conviene poner el récord en perspectiva. La última vez que vivimos un cambio de percepción tan claro hacia bitcoin fue en enero de 2024, cuando la SEC aprobó los primeros ETFs al contado tras una década de rechazos. Aquel hito abrió la puerta a fondos de pensiones, asesores financieros y bancos privados que hasta entonces no podían tocar el activo por restricciones internas. El récord en opciones que conocemos ahora es la continuación lógica de aquella apertura: una vez tienes el ETF en cartera, el siguiente paso es operarlo con derivados.

Eso sí, hay matices que el lector debería tener presentes. El primero es de concentración: BlackRock domina el mercado de ETFs de bitcoin con una cuota muy superior al resto de competidores como Fidelity o ARK. Que un solo emisor concentre tanto flujo y tanto interés en derivados crea una dependencia que, en caso de problemas operativos o regulatorios, podría amplificar la volatilidad en lugar de amortiguarla.

El segundo matiz es regulatorio. La SEC ha autorizado las opciones sobre estos ETFs, pero la fiscalidad y el tratamiento contable de las posiciones en derivados cripto siguen siendo terreno movedizo en muchas jurisdicciones, incluida la europea. Cualquier endurecimiento de la ESMA o de la propia SEC sobre cómo registrar estas exposiciones podría enfriar el apetito.

Y queda la pregunta de fondo: ¿estamos ante una institucionalización sostenible o ante una ola que puede revertir si bitcoin entra en un mercado bajista prolongado? La respuesta dependerá de si los flujos a IBIT se mantienen cuando el precio caiga, no solo cuando sube. El próximo gran test para el sector será la temporada de resultados del segundo semestre de 2026, cuando se vea cuántos fondos mantienen sus posiciones tras un año entero con bitcoin en cartera.


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