La IA destruye 6.700 empleos en España en su primera oleada

La cifra recogida por El Economista marca el primer recuento concreto de bajas atribuidas a la automatización en banca, telecos y consultoría. España afronta la transición sin marco legal específico y con una tasa de paro juvenil del 26,4%.

Los despidos por IA en España suman ya 6.700 trabajadores en la primera oleada documentada de sustituciones masivas. La cifra, recogida por El Economista, marca un punto de inflexión que el mercado laboral español no había contabilizado hasta ahora con un origen tan concreto: la automatización vinculada a modelos de inteligencia artificial generativa desplegados dentro de las empresas.

Claves de la operación

  • 6.700 empleos perdidos en menos de dos años. El cómputo abarca despidos colectivos y bajas individuales atribuidas directamente a la implantación de herramientas de IA en banca, telecos, consultoría y atención al cliente.
  • El sector servicios concentra el grueso del impacto. Los puestos administrativos, de back office y de atención telefónica son los primeros en caer, replicando el patrón ya observado en IBM, BT o Vodafone a escala internacional.
  • España carece de marco regulatorio específico para reconversiones por IA. El Estatuto de los Trabajadores no contempla la causa tecnológica de forma explícita, lo que abre un frente jurídico para los próximos ERE vinculados a algoritmos.

El primer recuento serio del coste laboral de la IA en España

Hasta ahora, el debate sobre el impacto de la IA en el empleo se movía en proyecciones. Goldman Sachs hablaba de 300 millones de puestos en riesgo a nivel global, la OCDE situaba en torno al 27% el porcentaje de empleos altamente expuestos en sus países miembro, y el FMI apuntaba a una afectación del 60% en economías avanzadas. Cifras grandes, plazos largos, contornos difusos.

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El dato de 6.700 trabajadores cambia el registro. Es pequeño en términos macro -el mercado laboral español roza los 21,8 millones de afiliados a la Seguridad Social-, pero es el primer recuento concreto de una cohorte despedida con la IA como causa identificada. No es proyección, es contabilidad de bajas reales.

La distribución sectorial que recoge El Economista refleja lo que ya analizamos hace meses al cubrir los planes de reestructuración de la banca europea: las primeras víctimas no son los perfiles creativos ni los técnicos, sino los empleos administrativos repetitivos. Tareas de procesamiento documental, atención al cliente de primer nivel, gestión de incidencias rutinarias y traducción interna de contenidos. Todo lo que un modelo entrenado puede ejecutar con una tasa de error aceptable.

Y ahí está el matiz.

Las empresas no comunican los despidos como sustituciones por IA. Los presentan como reorganizaciones, mejoras de eficiencia o adaptaciones del modelo operativo. La razón es doble: evita el coste reputacional de aparecer como compañía que prescinde de personas para pagar licencias de software, y evita además abrir una causa de despido que los tribunales españoles aún no han tipificado con claridad.

¿Pueden los sindicatos frenar la oleada que viene?

El segundo frente es jurídico y político. CCOO y UGT llevan meses pidiendo que la negociación colectiva incluya cláusulas específicas sobre el uso de IA en los puestos de trabajo. La patronal CEOE prefiere mantener el debate dentro del marco actual de causas técnicas y organizativas. El Ministerio de Trabajo, con la reforma laboral de 2022 todavía digiriéndose, no ha movido ficha legislativa.

El antecedente más cercano es el de la banca. CaixaBank, Santander y BBVA recortaron más de 19.000 empleos entre 2020 y 2023 bajo el paraguas de la digitalización, sin que ningún ERE mencionara explícitamente la IA. La diferencia con la oleada actual es que los nuevos despidos ya se justifican internamente con métricas de productividad por agente que incluyen herramientas tipo Copilot, ChatGPT Enterprise o asistentes propietarios.

inteligencia artificial empleo

Los datos del INE sobre empleo del primer trimestre todavía no permiten aislar el efecto IA del resto de dinámicas del mercado laboral, pero el tirón del paro registrado en servicios financieros y telecomunicaciones empieza a alinearse con lo que las propias compañías reconocen en sus presentaciones de resultados.

Lo que España se juega frente a sus socios europeos

Aquí entra el ángulo de fondo. España afronta esta transición con dos debilidades estructurales que la diferencian de Alemania o Francia: una tasa de paro juvenil del 26,4% según los últimos datos de Eurostat y un tejido empresarial dominado por pymes con escasa capacidad de recolocación interna. Cuando IBM despide en su sede europea, parte de la plantilla se reconvierte en perfiles de implementación de IA. Cuando una consultora española de 200 empleados aplica el mismo recorte, el trabajador despedido va al SEPE.

Observamos además una contradicción que conviene señalar. El Gobierno presenta la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial como motor de creación de empleo cualificado, con un objetivo de 90.000 puestos especializados a 2030. La aritmética puede cuadrar a largo plazo. A corto, el saldo es negativo: cada ingeniero de IA contratado convive con varias decenas de administrativos en transición. La comparativa con Indra, que ha duplicado su plantilla técnica especializada en cíber e IA mientras reduce áreas tradicionales, ilustra el patrón que veremos replicarse en el IBEX 35 en los próximos trimestres.

La cifra de 6.700 despidos no es el final de una transición, es el dato de partida que las empresas usarán para justificar las próximas oleadas sin coste reputacional adicional.

El termómetro real llegará con la próxima Encuesta de Población Activa y, sobre todo, con la temporada de juntas de accionistas de mayo y junio, donde varias cotizadas españolas presentarán planes de eficiencia con la palabra IA escrita por primera vez en negro sobre blanco. Para entonces, la cifra de hoy parecerá pequeña.

El mercado no se lo ha creído del todo. Pero los números no mienten.


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